Leyenda
Música ambiente
El comentario de Maeve sobre Diana me hizo mucha gracia, no voy a ocultarlo. Me incorporé despacio, bastante más animada. - Sí, seguro que está todo delicioso - solté una risita, puesto que se me había ocurrido una idea. Acaricié al pequeño felino, jugando brevemente con él. - ¿Más? - me burlé de mi amiga tras su último comentario. Era obvio que estaba bromeando. Maeve estaba realmente delgada, posiblemente demasiado incluso. A decir verdad, era la mujer más atractiva que había visto, o que recordaba. Objetivamente hablando, claro. Como era de esperar, el comentario no le hizo mucha gracia, pero esa era la idea. Por momentos comprendía lo mucho que esta disfrutaba metiéndose conmigo. - In-ten-ta-lo - le provoqué, anticipándome a su amenaza, utilizando el tono más sensual que se me ocurrió, con la única intención de picarle más todavía. - Si quieres luego puedo ayudarte a quemar todo eso que te sobra - Le guiñé el ojo. Antes de que esta decidiera utilizar cualquier cubierto que tuviera a mano para agredirme decidí terminar con la broma. Rompí en carcajadas, echándome hacia atrás, apoyada en el cómodo sillón. - Es broma, es broma. Así eres perfecta, Maeve. - sonreí, mirando a esta. - Sí que es divertido, sí - Podía ver perfectamente su cara de enfado, y esa mirada asesina suya tan característica. Esa mirada asesina. Esa mirada... Se me escapó otro gritito. Agaché la mirada, volviendo a fijarla en su pecho. Suspiré, calmando de esa forma mis nervios, aunque eso no hizo desaparecer el tono rojizo de mis mejillas.
Entonces apareció Diana. Se quedó un rato parada, analizando la escena. - Perdón si interrum... - se disculpó. Se hizo el silencio en cuanto fijó su mirada en mí. Me giré, encontrando una completa cara de asombro. - ¡Hala, que guay! - exclamó después. - ¡Pareces sacada de una verdadera Fairy Tale! - dejó la bandeja en la mesa, para que no se le cayera. - Una semioni albina. Y encima eres preciosa. - no pude evitar sonrojarme con ese último comentario. - Gracias - respondí, algo seca - ¡Y tienes un pelo rojo fabulous! - no comprendía de donde sacaba la energía para gritar tanto. Seguro que debía de tomar litros y litros de café al día, o algo peor. Vio entonces a Mandarina, quién estaba olisqueando los churros y se disponía a darle un mordisco a uno. - No, no. Fuera, fuera - se dispuso a echarle - I'm so sorry, igual se nos ha colado un michito. - Mandarina entonces se asustó, y fue corriendo a subirse al cuello de Maeve nuevamente. Me levanté, molesta en parte por sus acciones, aunque principalmente era para poder peinarme. Aquel sillón era muy cómodo, pero notaba como la electricidad estática se iba acumulando, y no quería salir de allí con el pelo de cualquier manera. - Huge - dejó escapar la joven pelirrosa con la boca abierta. - Es mi gato, y se llama Mandarina - hablé mientras me agachaba para peinarme. La joven comenzó a disculparse efusivamente, pidiéndonos perdón y diciendo que como compensación iba a regalarnos un platito de comida para Mandarina. Se calló, nuevamente, cuando me vio levantarme, posiblemente impresionada por el aspecto de mi roja melena. - A... aquí os dejo vuestro Hot Chocolate, y los... churros - hablaba, algo nerviosa. - Espero que no se haya asustado cuando le he dicho que es mi gato. - pensé. - Por cierto, Di...ana, ¿puedes traernos uno de cada de los dulces? - pregunté - Nos han entrado muchas ganas de probarlos - le sonreí. Esta asintió, antes de coger la bandeja y salir pitando.
Una vez esta se fue, volví a centrar mi atención en mi compañera, la cual supuse que estaría enfadada por mi nueva estupidez. Me disponía a aceptar su reprimenda, pero como si no aprendiera de mis errores, volví a mirarle a los ojos. - Deja de mirarme así - quería decirle, pero me callé mis palabras y me limité a bajar nuevamente la mirada hacia su pecho. - Antes de que me mates. - le interrumpí. - No te preocupes por el dinero. Había dicho que invito yo. - expliqué - Vamos a comer, ponernos gordas y luego ya me las apañaré para pagar, o si no siempre puede venir mi maestra a liberarme si me secuestran para pagar mi deuda fregando los platos. - De alguna forma, conseguí meter la cuchara en el chocolate sin mirar y sin desparramar todo, y comencé a darle vueltas.
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