26-02-2024, 04:30 AM
Sasha pudo ver la cara de concentración del hombre cuando le contó su primera trastada con Garnet. Era agradable para ella sentirse escuchada sin que la juzguen por ser una adolescente, aunque antes había hecho una cara rara cuando le dijo que estaba entrenando y como no entendió el motivo, simplemente lo dejó pasar. La expresión del humano se tornó seria y con un tono grave le explicó que la cicatriz se la hizo un cura azotándole con el rosario. La rubia frunció el ceño ante sus palabras, nunca se había acercado a un sitio de esos porque le daban mala espina esos señores y ahora veía que hacia bien, parecía que tenían la mano muy larga. El chico añadió más animado y con una sonrisa que le dio un katanazo, haciendo sonreír a la joven de oreja a oreja por usar una expresión como la suya. — Entonces le devolviste bien la hostia ¡Tienes que ser muy fuerte! — contestó emocionada la joven mientras veía el arma del cura, ahora en poseía él. Ella no sabía como de fuerte era un cura pero por la cicatriz parecía que mucho, y por unos segundo pensó que tal vez debería ir también a pegarse con uno para comprobarlo, y así, tener una cicatriz tan impresionante.
El hombre se presentó como Viktor y le dijo algo que ni esperó ni entendió, que parecía que estaba peleando contra alguien, tal vez contra si misma, para acabar preguntado por quién le había enseñado a pelea. Sasha levantó ligeramente el kanabo de su hombro y miró el arma unos segundos con el ceño fruncido, para finalmente devolverle la mirada a Viktor mientras volvía a apoyar su arma en el mismo sitio. — He aprendido a pelear yo sola — dijo con inocencia, no había si se podía considerar pelear a eso que hacía, solo daba golpes con el kanabo a quien se le cruzara por delante. Eso la llevó a querer entender a lo que se refería el hombre. — Pero… Yo no estaba peleando conmigo misma, no me he dado ningún golpe con el kanabo — contestó pensando que se refería a una pelea física, como si estuviera confusa y se pegara con el arma ella misma. La rubia empezaba a pensar de verdad que solo se le acercaban viejos raros para hablar y hacerla pensar, parecía que la gente mayor ya no iba a ver como construían edificios como solían hacer en su isla. — Además, yo no me pegaría a mí misma nunca porque sé que el kanabo hace mucho daño — añadió, sabiéndolo por experiencia, mientras inclinaba ligeramente la cabeza hacia la derecha de forma inocente - con cuidado de no darse en la cabeza precisamente con su arma - la joven conocía la fuerza y la potencia del kanabo pero no entendía a lo que se refería Viktor.
