Chloe me amenazó con estrangularme en el instante que el hombre armado con un bastón apareciera frente a nosotros. No entendía bien su enfado, no creo que ella sola pudiera haber bajado y al final, creo que fui lo suficientemente amable. Pero eso sería materia de otro momento porque, justo después de presentarme ante aquel ser alado, Sohem fue el siguiente, dando su nombre y refiriendo que pertenecía a la misma organización. La última fue Chloe y, con esta, todo Magna se había identificado ante los guardias de los juegos de Zarutsuki. El enorme ser, al que no dejaba de intentar escudriñar con la mirada de arriba a abajo, indicó que no se requerían los servicios de cazadores de recompensas en el lugar, pero, que aun así, se nos invitaba cordialmente a participar en los juegos. Tras esto se presentó como Navir, uno de los Custodios del emperador Zarutsukis. Esto encendió una bombilla en mi cabeza: Yo conocía perfectamente historias sobre esos seres. Finalmente, nos dio paso a las gradas para que esperáramos pacientemente el inicio de los juegos.
Para un sobre pensador como yo, habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo. El hecho de encontrar un Custodio, sabiendo su portentosa reputación sobre la guardia de Skypiea, solo me dejaba atónito. Pero esto no era lo que más me había impactado, sino las palabras de Navir hacia Sohem. Si bien es cierto que no conozco para nada al enmascarado, me parecía terriblemente extraño ese acercamiento hacia él. Ha cazado, pero muchos otros también. Es conocido, pero muchos otros lo son. ¿Acaso sabía algo más? ¿Sería capaz de ver detrás de la máscara? Preguntas que, por desgracia, se iban a quedar sin respuesta. O lo mismo eran simples paranoias de un hombre que no terminaba de confiar ciegamente en su jefe porque estaba terriblemente traumado con su última experiencia, aun habiendo pasado tiempo junto a él en el barco. Quizás Chloe supiera algo más o no le pareciera tan extraño… a fin de cuentas, creo que ella sí que pudo ver al jefe sin la máscara y, si no le resultó extraño, debe ser una paranoia mía.
Fue esta misma quien, justo después de que el Custodio nos diera paso, comenzó a andar hacia las gradas cuestionando al jefe si era seguro robar el oro. Por mi parte, no. Desde luego esto suponía un riesgo enorme. — Yo no lo creo. — contesté antes de que el enmascarado hablara. — Los Custodios son criaturas sumamente poderosas y si no recuerdo mal las historias, aún queda un rango por encima de ellos en lo que a guerreros se refiere. — aseveré, aprovechando la situación y mirando a Sohem, esperando una valoración suya. Después de unos instantes, Chloe preguntó si yo específicamente sabía algo más sobre los juegos. — Me temo que no. Aunque no estoy seguro. Si se da el caso, dudo que sean combates a muerte. — contesté mientras llegábamos a las gradas — Si hay que pelear y no podemos cazar, como nos han dicho, mostremos las menos cartas posibles y saquemos información de las presas. — dije mientras señalaba con el índice a mi sien de manera leve y repetida y subía los primeros escalones de la grada.
Finalmente y en las gradas, mientras esperaba que mis compañeros se sentaran, yo me adelanté y observaba con detenimiento a los asistentes, ahora que estábamos más cerca. Sus interacciones entre ellos, con los puestos de compra y venta, la disposición en las gradas y hasta las agrupaciones por características físicas, dejaban ver lo que a grandes rasgos era una jerarquía racial firmemente establecida en la sociedad de Shandora. — Fijaos bien. — dije mientras me sentaba con los brazos cruzados y señalaba con la cabeza — ¿Los grandes de alas negras? Lunarian. Se ve a la legua que son los que mandan. Ropas caras y adornadas con oro, mejores sitios en las gradas... — comencé a explicar — Por debajo de ellos deben estar los Skypeanos, los tiene alas más pequeñas y antenas. — continué señalando de nuevo, pero a un grupo de Skypeanos que estaban en la altura central de las gradas. — Y por último, deben estar esos… — dije señalando a los pobres infelices que parecían no tener sitio en el lugar y estar repudiados por los demás — Birkanianos. Híbridos entre los dos anteriores que al parecer son el repudio de la ciudad. — finalicé echándome hacia atrás por completo y sacando mi libro, abriéndolo por las últimas páginas en blanco con la zurda mientras cogía el lápiz con la diestra. A ver qué nos deparaba el juego.
Para un sobre pensador como yo, habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo. El hecho de encontrar un Custodio, sabiendo su portentosa reputación sobre la guardia de Skypiea, solo me dejaba atónito. Pero esto no era lo que más me había impactado, sino las palabras de Navir hacia Sohem. Si bien es cierto que no conozco para nada al enmascarado, me parecía terriblemente extraño ese acercamiento hacia él. Ha cazado, pero muchos otros también. Es conocido, pero muchos otros lo son. ¿Acaso sabía algo más? ¿Sería capaz de ver detrás de la máscara? Preguntas que, por desgracia, se iban a quedar sin respuesta. O lo mismo eran simples paranoias de un hombre que no terminaba de confiar ciegamente en su jefe porque estaba terriblemente traumado con su última experiencia, aun habiendo pasado tiempo junto a él en el barco. Quizás Chloe supiera algo más o no le pareciera tan extraño… a fin de cuentas, creo que ella sí que pudo ver al jefe sin la máscara y, si no le resultó extraño, debe ser una paranoia mía.
Fue esta misma quien, justo después de que el Custodio nos diera paso, comenzó a andar hacia las gradas cuestionando al jefe si era seguro robar el oro. Por mi parte, no. Desde luego esto suponía un riesgo enorme. — Yo no lo creo. — contesté antes de que el enmascarado hablara. — Los Custodios son criaturas sumamente poderosas y si no recuerdo mal las historias, aún queda un rango por encima de ellos en lo que a guerreros se refiere. — aseveré, aprovechando la situación y mirando a Sohem, esperando una valoración suya. Después de unos instantes, Chloe preguntó si yo específicamente sabía algo más sobre los juegos. — Me temo que no. Aunque no estoy seguro. Si se da el caso, dudo que sean combates a muerte. — contesté mientras llegábamos a las gradas — Si hay que pelear y no podemos cazar, como nos han dicho, mostremos las menos cartas posibles y saquemos información de las presas. — dije mientras señalaba con el índice a mi sien de manera leve y repetida y subía los primeros escalones de la grada.
Finalmente y en las gradas, mientras esperaba que mis compañeros se sentaran, yo me adelanté y observaba con detenimiento a los asistentes, ahora que estábamos más cerca. Sus interacciones entre ellos, con los puestos de compra y venta, la disposición en las gradas y hasta las agrupaciones por características físicas, dejaban ver lo que a grandes rasgos era una jerarquía racial firmemente establecida en la sociedad de Shandora. — Fijaos bien. — dije mientras me sentaba con los brazos cruzados y señalaba con la cabeza — ¿Los grandes de alas negras? Lunarian. Se ve a la legua que son los que mandan. Ropas caras y adornadas con oro, mejores sitios en las gradas... — comencé a explicar — Por debajo de ellos deben estar los Skypeanos, los tiene alas más pequeñas y antenas. — continué señalando de nuevo, pero a un grupo de Skypeanos que estaban en la altura central de las gradas. — Y por último, deben estar esos… — dije señalando a los pobres infelices que parecían no tener sitio en el lugar y estar repudiados por los demás — Birkanianos. Híbridos entre los dos anteriores que al parecer son el repudio de la ciudad. — finalicé echándome hacia atrás por completo y sacando mi libro, abriéndolo por las últimas páginas en blanco con la zurda mientras cogía el lápiz con la diestra. A ver qué nos deparaba el juego.
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