18-02-2024, 08:20 PM
La semioni reflexionó las palabras que le habían dicho tanto Kuraku como Tobías, si se ponía a hacer la imbécil podía liarla hasta el punto que se fueran hacia abajo de nuevo, y por la distancia y sin un paracaídas podría ser mortal, además de no olvidar que estaban sobre el mar siendo todos usuarios. Por lo que Sasha se centró en no volver a tocar nada para no ponerlos en peligro, lo último que quería la chica era añadir más bajas a su tripulación. El mink panda amigo de Garnet se había unido a ellos para ir por el camino que habían decidido seguir, la rubia iba delante sin perder detalle de lo que veía manteniendo la distancia. Le hizo gracia lo de los nombres en clave y que cada uno tuviera uno diferente demostraba lo payasos que llegaban a ser, aunque ya se había visto con los disfraces que llevaban.
De pronto, la joven vio un río salir de la tierra, aquello tenía que llevar a alguna parte. — ¡Galaxy Wars! — gritó llamando la atención de todos — Tú también formas parte del grupo — añadió mirando al mink para que se diera por aludido. — Vamos a seguir este río tan claro y con… Peces… De colores… — a medida que iba hablando se estaba dando cuenta de sus palabras y calló. Con el ceño fruncido miró el río. — Pero si el mar era de nubes… — comentó en voz alta viendo como también había agua como la que tenían abajo. — Bueno, da igual ¡La aventura nos espera! — sentenció antes de seguir por donde había dicho tomando el liderazgo.
Tras una hora, la semioni se empezaba a aburrir porque solo había bosque y más bosque. — ¿Falta mucho? — dijo forma exasperada en voz alta a nadie en concreto. Para la rubia llevaban una eternidad caminando y sin nada que hacer, entonces miró el río y tuvo una idea. Pero Garnet enseguida llamó su atención al preguntar por un apodo para el panda, Sasha pensó durante unos segundos hasta que se le ocurrió el mejor nombre del mundo, uno que demostraba poder solo con pronunciarlo. — ¿Qué te parece Chewbacca? — se giró la semioni emocionada hacia el mink esperando si le gustaba el nombre. — Tiene fuerza y pega mucho con el del resto — se justificó pero manteniendo un brillo en los ojos queriendo saber si pensaba lo mismo.
Otra hora después, la rubia seguía igual de aburrida y harta de caminar sin ver nada diferente. Los inmensos arboles del bosque seguían tapando el sol y ya nada le parecía entretenido. — ¿Faaaltaaaa muuuchoooooo…? — Repitió la pregunta con más exasperación, harta de que todo fuera igual y solo tuvieran el entretenimiento de ver peces de colores en el río. Entonces recordó la idea que había tenido antes, Sasha se giró hacia el músico pero tal vez este quería pasar tiempo con su amigo panda por lo que miró al lunarian y al vaquero. — ¡Kuraku, Tobías, vamos a jugar! — comentó emocionada señalando el río, así de alguna forma practicaban de cara a lo que podían encontrarse en aquella isla, al fin y al cabo habían venido por aquellos juegos. — Vamos a contar peces del mismo color — propuso con una sonrisa, estaba segura que no sería la única aburrida en el trayecto y no sabían cuanto podía faltar. De pronto un pez azul bastante grande pasó nadando a toda velocidad y lo señalo. — ¡Me pido los azules! Llevo uno — dijo con orgullo por ser la primera en puntuar.
Después de pasar una hora más desde que habían empezado a caminar siguiendo el río y que la joven se cansase de jugar cuando llegó al pez número cincuenta, se volvió a quejar otra vez. — ¿Faaaaaltaaa muuuu…? — pero paró en seco su queja cuando pudo apreciar como delante de ella había unas construcciones doradas y al fondo un palacio de oro. Sasha abrió la boca y se le pasó por la mente hacer lo mismo que en la mina de isla Toko, enseguida desistió en la idea al recordar como le dijeron que se controle. La rubia apreció como había mucha gente con alas y muy diferentes entre si. — Wooow… Hay muchos Garnets, Kurakus y Nekahs — dijo de forma suave sorprendida de que hubiera gente viviendo ahí.
De pronto Sasha escuchó una estridente y conocida risa a su izquierda, buscó con ansias e ilusión al causante de ella pero solo había polvo. Una vez se disipó pudo ver como una figura con casco y un kanabo al hombro, la semioni sonrió y dio un paso hacia él pero enseguida se arrepintió, sería mejor esperar un poco antes de saludar a Sohem debía quedarse con sus amigos. Había hecho la entrada más épica, tenía muchas cosas que aprender de él. Apreció como el hombre miraba a su alrededor así que manteniéndose en su sitio le saludó con la mano derecha mostrando una gran sonrisa. — Solo sonríe y saluda — pensó antes de girarse a mirar a sus compañeros y al mink que habían adoptado también. — ¿Ya podemos roba… Digo, jugar? Para eso hemos venido — preguntó sin saber bien lo que tenían que hacer.
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