Me sentía atrapado dentro de la bodega, víctima de la inercia de aquel ascenso, indefenso ante la naturaleza salvaje que habitaba el mundo, pero la fuerza de mis piernas, abdomen y brazos impedía que chocara contra las cuatro paredes de la habitación en la que me encontraba sin control. El poder es poder, y una vez más me había salvado de salir disparado de ahí. Lo más curioso de esta situación no era estar subiendo con nuestro barco por un gigantesco chorro de agua, sino el atronador sonido de un coro musical que eclipsaba todo lo demás. Tras unos minutos que parecieron horas noté como el barco se estabilizó y escuché la voz de Triana, indicándonos que ya podíamos salir. Puse mi mano en el pomo de la puerta con la intención de abrirla pero entonces recordé que debíamos pasar desapercibidos. Me giré y me comencé a fijar en el estado de la bodega, estaba hecha un completo desastre, la violenta sacudida a la que se había visto afectado el barco había tirado todas las cajas que allí se encontraban por el suelo, dejándolo todo patas arriba.
Avancé unos metros dentro de la bodega y comencé a rebuscar por el suelo, cualquier cosa que me cubriera el rostro sería útil, y por suerte Aspros tenía muchas cosas…
-Un lazo… no, una peluca pelirroja me da que tampoco… ¿qué es eso? -susurré nervioso mientras me acercaba a aquel misterioso objeto que tanto me había llamado la atención. -Kikikiki… ¡KIIIKIKIKIKI! -reí como si fuera el protagonista de una novela de terror. -Esto es perfecto.
Ahora si estaba preparado para salir al exterior sin que nadie pudiera reconocerme. No había sido capaz de ocultar mis alas, ni el fuego de mi espalda, pero a fin de cuentas eso no era lo más característico que tenía. En cambio mi cara, eso si era único.
Nada más salir de la bodega el sol me cegó la vista por unos segundos, obligándome a entrecerrar los ojos y poner mi mano izquierda por encima de las cejas de mi nuevo rostro. Aquel sol era el más intenso y potente que había presenciado jamás, y mira que intentaba volar alto, pero este lugar seguro que estaba más alto de lo que imaginábamos. Me encontraba junto a Triana y Jolyne, me giré y pude ver el mar de nubes, que en algunas secciones parecía un cementerio de barcos. Me alegró muchísimo ver aquello, a mi me padre le encantaría estar aquí conmigo, me contaba leyendas me marineros que hablaban sobre ciudades en el cielo y bromeaba diciéndome que yo me había caído de una de ellas un día que fui a mear. Sonreí pensando en el pasado, y en cuanto volví en mi presencié algo incluso más impresionante. Cientos y cientos de caracolas gigantes se extendían por el paisaje, aquellas caracolas eran como la de Jolyne, de mucho mayor tamaño y estas emitían aquel sonido tan exagerado, un sonido que se redujo para dejar paso a una voz que nos daba la bienvenida.
-¿Zarutsuki? -pregunté en voz alta. -Si es el señor de las nubes debe ser alguien súper importante… -continué susurrando. -Y si es alguien importante tendrá mucha comida… -susurré aún más bajito. -Debemos conocer a ese tipo. -ordené a mis tripulantes.
El agobio de no saber cómo íbamos a terminar, el eterno ascenso y pensar tanto en la muerte me había abierto el apetito.
Triana había tomado la iniciativa y nos indicó el camino a seguir, ella se solía guiar bien así que seguimos su plan y comenzamos a caminar. A lo largo de aquella costa se encontraban varias antorchas repartidas, con caminos delimitados con estacas que indicaban el camino a seguir, tal y cómo había indicado Zarutsuki. A no demasiada distancia de la costa se encontraba un frondoso bosque y, según Jolyne, que iba disfrazada de mamarracha, en la lejanía se encontraba el lugar dónde se celebraría el festival al que habíamos venido.
-¿Aspros? -pregunté ante las palabras de la tiradora. -Tienes razón, no te preocupes, seguro que está bien. Es un tío famoso, tendrá muchos fans por la isla. -dije con total confianza, sabiendo que tarde o temprano nos volveríamos a encontrar con él. -Por cierto, llamadme… Cornell. Quizá llamarme por mi primer nombre no sea buena idea.
Desde bien pequeño mi padre había criticado la manera tan sincera, directa y poco educada de expresar las cosas, llegando al punto de decirme que era incapaz de mentir. Tenía razón, si me preguntaban diría medias verdades.
Avancé unos metros dentro de la bodega y comencé a rebuscar por el suelo, cualquier cosa que me cubriera el rostro sería útil, y por suerte Aspros tenía muchas cosas…
-Un lazo… no, una peluca pelirroja me da que tampoco… ¿qué es eso? -susurré nervioso mientras me acercaba a aquel misterioso objeto que tanto me había llamado la atención. -Kikikiki… ¡KIIIKIKIKIKI! -reí como si fuera el protagonista de una novela de terror. -Esto es perfecto.
Ahora si estaba preparado para salir al exterior sin que nadie pudiera reconocerme. No había sido capaz de ocultar mis alas, ni el fuego de mi espalda, pero a fin de cuentas eso no era lo más característico que tenía. En cambio mi cara, eso si era único.
Nada más salir de la bodega el sol me cegó la vista por unos segundos, obligándome a entrecerrar los ojos y poner mi mano izquierda por encima de las cejas de mi nuevo rostro. Aquel sol era el más intenso y potente que había presenciado jamás, y mira que intentaba volar alto, pero este lugar seguro que estaba más alto de lo que imaginábamos. Me encontraba junto a Triana y Jolyne, me giré y pude ver el mar de nubes, que en algunas secciones parecía un cementerio de barcos. Me alegró muchísimo ver aquello, a mi me padre le encantaría estar aquí conmigo, me contaba leyendas me marineros que hablaban sobre ciudades en el cielo y bromeaba diciéndome que yo me había caído de una de ellas un día que fui a mear. Sonreí pensando en el pasado, y en cuanto volví en mi presencié algo incluso más impresionante. Cientos y cientos de caracolas gigantes se extendían por el paisaje, aquellas caracolas eran como la de Jolyne, de mucho mayor tamaño y estas emitían aquel sonido tan exagerado, un sonido que se redujo para dejar paso a una voz que nos daba la bienvenida.
-¿Zarutsuki? -pregunté en voz alta. -Si es el señor de las nubes debe ser alguien súper importante… -continué susurrando. -Y si es alguien importante tendrá mucha comida… -susurré aún más bajito. -Debemos conocer a ese tipo. -ordené a mis tripulantes.
El agobio de no saber cómo íbamos a terminar, el eterno ascenso y pensar tanto en la muerte me había abierto el apetito.
Triana había tomado la iniciativa y nos indicó el camino a seguir, ella se solía guiar bien así que seguimos su plan y comenzamos a caminar. A lo largo de aquella costa se encontraban varias antorchas repartidas, con caminos delimitados con estacas que indicaban el camino a seguir, tal y cómo había indicado Zarutsuki. A no demasiada distancia de la costa se encontraba un frondoso bosque y, según Jolyne, que iba disfrazada de mamarracha, en la lejanía se encontraba el lugar dónde se celebraría el festival al que habíamos venido.
-¿Aspros? -pregunté ante las palabras de la tiradora. -Tienes razón, no te preocupes, seguro que está bien. Es un tío famoso, tendrá muchos fans por la isla. -dije con total confianza, sabiendo que tarde o temprano nos volveríamos a encontrar con él. -Por cierto, llamadme… Cornell. Quizá llamarme por mi primer nombre no sea buena idea.
Desde bien pequeño mi padre había criticado la manera tan sincera, directa y poco educada de expresar las cosas, llegando al punto de decirme que era incapaz de mentir. Tenía razón, si me preguntaban diría medias verdades.
Resumen
Inventario
Máscara de Yojimbo
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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