16-02-2024, 03:54 AM
Ascendimos con la fuerte corriente, surcándola acompañados por un coro angelical a bordo de nuestro navío. Durante el par de minutos que duró aquello, la fuerza del viento y la corriente hicieron que el barco sufriese algunos desperfectos, pero era una fuerte nave de la poderosa Marina y aquello no era nada para ella. Por un momento, creí escuchar un grito cercano, pero estaba completamente absorta y era incapaz de prestarle atención a nada que no fuese la música y aquellas espectaculares nubes níveas que, desde mi perspectiva, parecían una enorme pared de marfil desplomándose sobre nosotros. Al traspasarlas, me envolvió una sorprendente humedad y una sensación de frío que abrazó todo mi cuerpo.
Me erguí todavía parapetada en las escaleras laterales de la proa del barco y, aun cuando el barco ya se había estabilizado, me veía incapaz de ceder en mi agarre a ellas. Lo que veía ante mí era una obra de arte en sí misma. Nuestro barco reposaba sobre un mar compuesto de blancas y esponjosas nubes, con el sol en lo alto iluminándolo todo con una intensidad tal que tuve que entrecerrar los ojos por su resplandor.
Si en algún lugar del mundo existían dioses, no se me ocurría una morada mejor para ellos que un paraíso como aquel. Un lugar por encima de los demás desde el cual gobernar a la plebe, desde donde poder observarlo todo rodeado de riquezas y placeres prohibidos a los meros mortales. Era perfecto, sobre todo para una Diosa de la belleza como yo. Sonreí imaginándome a mí misma en un palacio rodeado por aquel hermoso campo de nubes, tumbada en un precioso y dorado diván, con un vestido blanco y una corona en la cabeza, tomando uvas y bebiendo vino mientras un coro como el que se escuchaba cantaba solamente para mí.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Joe, que reía emocionado por lo que acabábamos de experimentar.
—Ha sido cuanto menos intenso. Ssshssshsssh —comenté riendo también.
Solté la barandilla al fin y subí las escaleras para colocarme en la parte frontal del barco, a la vez que él mandaba a los marines a su mando a inspeccionar posibles daños en la embarcación y Karl los animaba a ello. Al subir, recorrí con la mirada todo a nuestro alrededor, viendo como una inmensa playa se extendía a lo lejos. Nuestro barco parecía ser el más alejado de ella así que tardaríamos algo más en desembarcar. No quería desperdiciar la oportunidad así que me apoyé en la barandilla mientras sacaba la libreta del bolso. Por suerte, a pesar de que mi ropa y bolso estaban algo húmedos, el agua no había traspasado y estaba en perfectas condiciones. Así pues, me dispuse a hacer un esbozo del paisaje y hacer algunas anotaciones mientras nos aproximábamos a aquella costa de arena perfecta. Me impresionó las dimensiones de aquel paraje, pues no solo la orilla era inmensa, sino que tras ella un frondoso y espeso bosque crecía formado por unos colosales árboles que eran realmente espectaculares. Entre ellos pude atisbar un destello dorado y al fijar mi vista discerní lo que parecía algún tipo de edificación. “No me lo creo… ¿Será un palacio dorado en el cielo?” me pregunté, con los ojos centelleantes de emoción por descubrirlo. En el mar, flotando sobre las nubes, reconocí unas formas que parecían Den Den Mushi de un tamaño considerable y en gran cantidad, también de estos había muchos colocados a lo largo de la playa. Pero no eran eso, al ver uno flotar cerca de nuestro barco me fijé en que solo eran una especie de concha, muy parecida a las que habían utilizado los marines que acompañaban a Tucrow en Impel Down. Eran una especie de caracolas capaces de emitir sonidos. Deduje que debían ser las responsables de aquellos cánticos y música, pues no se veían personas en la playa y el volumen era demasiado alto como para tratarse únicamente de voces e instrumentos.
A mitad de mis anotaciones, el coro paró repentinamente, rompiendo mi concentración y haciéndome mirar a nuestro alrededor confundida. Pocos segundos después, una voz habló en un tono más suave dándonos la bienvenida a todos los recién llegados en nombre del Emperador Zarutsuki, al parecer el regente de aquella isla celestial. Ordenó descargar los barcos y dirigirse por unos caminos establecidos, haciendo hincapié en que no nos saliéramos de ellos. Apunté en la libreta el nombre del emperador para no olvidarlo y la guardé en mi bolso. Después, la voz calló y se hizo el silencio, roto de nuevo por el Comodoro Joe, que parecía intentar responderle a aquella voz. Me asomé hacia abajo desde la proa para mirarlo.
—Creo que no va a responderte, Comodoro. Hay unas caracolas como las del Almirante Aoyagi repartidas por el mar y la playa a modo de altavoces —dije con una sonrisa amable.
Bajé a la parte inferior e intenté echar una mano junto a Karl mientras llegábamos, pero parecía que más que ayudar entorpecía a los marines, que se quedaban atontados mirándome y se tropezaban. Suspiré y me dirigí junto a Sephiroth, que había estado al mando del navío durante todo el trayecto.
—Oye, Sephiroth, quería darte las gracias por ocuparte del timón. Has hecho un gran trabajo trayéndonos a todos a salvo hasta aquí. —agradecí sonriendo a la vez que echaba un vistazo a los demás barcos, que estaban visiblemente más deteriorados que el nuestro ya anclados cerca de la orilla y sus tripulantes yéndose— Parece que el resto de barcos no han tenido la suerte de contar con un timonel tan dotado como tú. Sshsshssh
Esperé junto a él hasta desembarcar y cuando lo hicimos me acerqué al “agua” para tocarla. Al parecer Karl tuvo la misma idea y estábamos las dos juntas. Me agazapé y pasé las manos por ella sintiendo la humedad como si se tratase de agua, pero parecía algo más… ¿ligera? La verdad que era una sensación extraña, pero agradable. Me hubiese gustado poder darme un baño, pero teníamos una misión oficial, encargada por ni más ni menos que un Almirante, así que el disfrute debería esperar.
Me levanté para ver como Karl hundía su brazo y parecía cansarse muchísimo de golpe, sacándolo con rapidez del agua y diciéndole a Joe que aquella agua era como la de abajo, no apta para ellos. Abrí los ojos como platos mirando a Joe, que miraba con asombro a las caracolas enormes. No era tonta, sabía muy bien a lo que se refería con eso, llevaba años estudiando sobre las Akuma no mi. Había escuchado ya varias cosas sobre el pollo de Karl, ya tenía asumido que era una usuaria de zoan gallina o algo así. Pero era la primera vez que decían algo sobre Joe y estaba algo asombrada. Siempre había pensado que esos poderes deberían estar reservados para la Marina, para que pudiesen proteger a todos. Realmente, me hacía ilusión saber que ellos eran usuarios y sentía mucha curiosidad por saber más, pero también noté una punzada de dolor al pensar en que en todo ese tiempo no me habían contado nada de algo tan importante, sobre todo tratándose de Joe que insistía en que éramos una familia.
Me acerqué a él para hablar del tema, pero le vi pensativo mirando hacia lo que parecían unos caminos que se adentraban en el bosque marcados por una antorcha cada uno. Reí al escucharle dubitativo decir que parecían gritar que “solo fuésemos por ahí”.
—Ssshssshssh. Joe, literalmente han dicho que SOLO vayamos por ahí y no nos desviemos del camino. —dije con una dulce sonrisa.
Justo después sacó su den den mushi, debía estar intentando contactar con el cuartel. Por su lado, Karl correteaba aquí y allá como si fuera un animal recién liberado de su jaula. Me encantaba verla así y, aunque no había hablado casi con ella últimamente, yo la apreciaba mucho y de verdad me alegraba que no se hubiese venido abajo por la muerte de su compañero. Joe habló diciendo que no conseguía contactar con nadie.
—¿Alguna idea? —pregunté, esperando a ver que hacer.
Tras divagar un poco, propuso dejar a un escuadrón de cincuenta marines en el barco descargando y más adelante contactarles.
—Me parece perfecto, Joe. —dije asintiendo— Necesitamos encontrar a alguien que esté al cargo para presentarnos en nombre de la Marina y que nos expliquen un poco mejor que debemos hacer. La verdad, esperaba que como mínimo hubiesen enviado a alguien a recibirnos, pues estaban enterados de nuestra llegada. Pero bueno, hasta entonces deberemos asegurarnos como mínimo de que los barcos estén seguros y que no causen problemas.
Me crucé de brazos mirando los caminos pensativa mientras Joe proseguía y terminaba preguntando al resto sobre el camino que debíamos tomar y si tal vez debíamos separarnos. Parecía estar algo nervioso, tal vez le costaba decidir solo, así que quise ayudarle un poco.
—A lo lejos, entre los árboles, he visto lo que parecía un edificio dorado. Estaría bien poder llegar hasta allí, pues es lo único de civilización que he podido observar, pero desde aquí no sabría qué camino tomar. Lo que sí que creo es que no deberíamos separarnos por ahora. Puede que sepan que vienen Marines, pero tal vez repartir doscientos marines por la isla sin informar de ello primero pueda ser visto como algo precipitado. Vayamos juntos primero y después ya veremos.
A un lado, a cierta distancia, Karl gritó con fuerza, invitándonos a seguir uno de los caminos. Miré a los lados fijándome en las antorchas, aquel parecía ser el camino central.
—Ese camino es el de en medio, me parece adecuado tomarlo. Avisaré al resto, yo me encargo —concluí guiñándole un ojo a Joe y me di la vuelta para volver al barco.
Una vez arriba, me coloqué frente a la pasarela de bajada interrumpiendo el paso y apoyando una mano en la cadera.
—¡Atención todos, marines! —grité alzando la voz con tono autoritario mientras se reunían para escuchar— Órdenes del Comodoro. Un escuadrón formado por cincuenta de vosotros se quedará aquí. Su misión será reparar los desperfectos del barco para que nuestra embarcación esté en condiciones, descargar nuestros suministros y asegurar la playa. No queremos que haya conflictos en la zona, recordad que estáis bajo el mando del Comodoro Joe y se espera un comportamiento impecable por parte de todos. Si sucede algo, quiero a alguien preparado para informarnos por den den mushi de inmediato. —hice una pausa para cruzarme de brazos con una expresión seria en el rostro y eché una mirada rápida a todos los presentes— El resto, vendréis con nosotros. Vamos a adentrarnos en el bosque para ir a presentarnos y asegurar el evento. Y ya habéis oído el comunicado de antes, nada de salirse del camino. Tomad vuestras armas y dirigíos a donde está la Comandante Karglass.
Me giré sin dedicar dejar ni un segundo a las quejas o dudas y bajé de nuevo para reunirme con los demás. Las órdenes eran inamovibles, y como Teniente y parte de la nueva División 21, debían respetarme. Lo cierto era que me sentía bien tras aquello y una ligera sonrisa se dibujó en mi boca; era la primera vez que daba órdenes a alguien, aunque fuesen las de otro. Aun así había añadido algunos detalles extra, no me gustaba dejar las cosas al azar y prefería tenerlo todo calculado.
Una vez frente al camino, mientras los demás escuadrones venían e iniciábamos la marcha por el camino escogido, aproveché para lanzar las preguntas que llevaban rato ardiendo en mi boca por salir.
—Joe, Karl, ¿sois usuarios de Akuma no mi? —pregunté con seriedad y la mirada fija al frente— Supongo que lo del pollo que habéis comentado alguna vez es que tienes una fruta Zoan de algún tipo de ave. ¿Una gallina tal vez? —proseguí a la vez que dirigía la mirada hacia Joe, retirándola rápidamente para volver a mirar al frente un poco avergonzada— Me ha sorprendido lo que Karl ha dicho del agua. Sé bastante sobre Akumas y lo que significa eso. Y bueno, llevamos meses juntos y no me habías dicho nada… ¿No confías en mí?
Seguí caminando con los demás, prestando atención a nuestros alrededores y el camino por el que avanzábamos mientras esperaba escuchar sus respuestas. Aproveché también para mirar las copas de los árboles, que eran inmensos y llamaban mi atención.
Me erguí todavía parapetada en las escaleras laterales de la proa del barco y, aun cuando el barco ya se había estabilizado, me veía incapaz de ceder en mi agarre a ellas. Lo que veía ante mí era una obra de arte en sí misma. Nuestro barco reposaba sobre un mar compuesto de blancas y esponjosas nubes, con el sol en lo alto iluminándolo todo con una intensidad tal que tuve que entrecerrar los ojos por su resplandor.
Si en algún lugar del mundo existían dioses, no se me ocurría una morada mejor para ellos que un paraíso como aquel. Un lugar por encima de los demás desde el cual gobernar a la plebe, desde donde poder observarlo todo rodeado de riquezas y placeres prohibidos a los meros mortales. Era perfecto, sobre todo para una Diosa de la belleza como yo. Sonreí imaginándome a mí misma en un palacio rodeado por aquel hermoso campo de nubes, tumbada en un precioso y dorado diván, con un vestido blanco y una corona en la cabeza, tomando uvas y bebiendo vino mientras un coro como el que se escuchaba cantaba solamente para mí.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Joe, que reía emocionado por lo que acabábamos de experimentar.
—Ha sido cuanto menos intenso. Ssshssshsssh —comenté riendo también.
Solté la barandilla al fin y subí las escaleras para colocarme en la parte frontal del barco, a la vez que él mandaba a los marines a su mando a inspeccionar posibles daños en la embarcación y Karl los animaba a ello. Al subir, recorrí con la mirada todo a nuestro alrededor, viendo como una inmensa playa se extendía a lo lejos. Nuestro barco parecía ser el más alejado de ella así que tardaríamos algo más en desembarcar. No quería desperdiciar la oportunidad así que me apoyé en la barandilla mientras sacaba la libreta del bolso. Por suerte, a pesar de que mi ropa y bolso estaban algo húmedos, el agua no había traspasado y estaba en perfectas condiciones. Así pues, me dispuse a hacer un esbozo del paisaje y hacer algunas anotaciones mientras nos aproximábamos a aquella costa de arena perfecta. Me impresionó las dimensiones de aquel paraje, pues no solo la orilla era inmensa, sino que tras ella un frondoso y espeso bosque crecía formado por unos colosales árboles que eran realmente espectaculares. Entre ellos pude atisbar un destello dorado y al fijar mi vista discerní lo que parecía algún tipo de edificación. “No me lo creo… ¿Será un palacio dorado en el cielo?” me pregunté, con los ojos centelleantes de emoción por descubrirlo. En el mar, flotando sobre las nubes, reconocí unas formas que parecían Den Den Mushi de un tamaño considerable y en gran cantidad, también de estos había muchos colocados a lo largo de la playa. Pero no eran eso, al ver uno flotar cerca de nuestro barco me fijé en que solo eran una especie de concha, muy parecida a las que habían utilizado los marines que acompañaban a Tucrow en Impel Down. Eran una especie de caracolas capaces de emitir sonidos. Deduje que debían ser las responsables de aquellos cánticos y música, pues no se veían personas en la playa y el volumen era demasiado alto como para tratarse únicamente de voces e instrumentos.
A mitad de mis anotaciones, el coro paró repentinamente, rompiendo mi concentración y haciéndome mirar a nuestro alrededor confundida. Pocos segundos después, una voz habló en un tono más suave dándonos la bienvenida a todos los recién llegados en nombre del Emperador Zarutsuki, al parecer el regente de aquella isla celestial. Ordenó descargar los barcos y dirigirse por unos caminos establecidos, haciendo hincapié en que no nos saliéramos de ellos. Apunté en la libreta el nombre del emperador para no olvidarlo y la guardé en mi bolso. Después, la voz calló y se hizo el silencio, roto de nuevo por el Comodoro Joe, que parecía intentar responderle a aquella voz. Me asomé hacia abajo desde la proa para mirarlo.
—Creo que no va a responderte, Comodoro. Hay unas caracolas como las del Almirante Aoyagi repartidas por el mar y la playa a modo de altavoces —dije con una sonrisa amable.
Bajé a la parte inferior e intenté echar una mano junto a Karl mientras llegábamos, pero parecía que más que ayudar entorpecía a los marines, que se quedaban atontados mirándome y se tropezaban. Suspiré y me dirigí junto a Sephiroth, que había estado al mando del navío durante todo el trayecto.
—Oye, Sephiroth, quería darte las gracias por ocuparte del timón. Has hecho un gran trabajo trayéndonos a todos a salvo hasta aquí. —agradecí sonriendo a la vez que echaba un vistazo a los demás barcos, que estaban visiblemente más deteriorados que el nuestro ya anclados cerca de la orilla y sus tripulantes yéndose— Parece que el resto de barcos no han tenido la suerte de contar con un timonel tan dotado como tú. Sshsshssh
Esperé junto a él hasta desembarcar y cuando lo hicimos me acerqué al “agua” para tocarla. Al parecer Karl tuvo la misma idea y estábamos las dos juntas. Me agazapé y pasé las manos por ella sintiendo la humedad como si se tratase de agua, pero parecía algo más… ¿ligera? La verdad que era una sensación extraña, pero agradable. Me hubiese gustado poder darme un baño, pero teníamos una misión oficial, encargada por ni más ni menos que un Almirante, así que el disfrute debería esperar.
Me levanté para ver como Karl hundía su brazo y parecía cansarse muchísimo de golpe, sacándolo con rapidez del agua y diciéndole a Joe que aquella agua era como la de abajo, no apta para ellos. Abrí los ojos como platos mirando a Joe, que miraba con asombro a las caracolas enormes. No era tonta, sabía muy bien a lo que se refería con eso, llevaba años estudiando sobre las Akuma no mi. Había escuchado ya varias cosas sobre el pollo de Karl, ya tenía asumido que era una usuaria de zoan gallina o algo así. Pero era la primera vez que decían algo sobre Joe y estaba algo asombrada. Siempre había pensado que esos poderes deberían estar reservados para la Marina, para que pudiesen proteger a todos. Realmente, me hacía ilusión saber que ellos eran usuarios y sentía mucha curiosidad por saber más, pero también noté una punzada de dolor al pensar en que en todo ese tiempo no me habían contado nada de algo tan importante, sobre todo tratándose de Joe que insistía en que éramos una familia.
Me acerqué a él para hablar del tema, pero le vi pensativo mirando hacia lo que parecían unos caminos que se adentraban en el bosque marcados por una antorcha cada uno. Reí al escucharle dubitativo decir que parecían gritar que “solo fuésemos por ahí”.
—Ssshssshssh. Joe, literalmente han dicho que SOLO vayamos por ahí y no nos desviemos del camino. —dije con una dulce sonrisa.
Justo después sacó su den den mushi, debía estar intentando contactar con el cuartel. Por su lado, Karl correteaba aquí y allá como si fuera un animal recién liberado de su jaula. Me encantaba verla así y, aunque no había hablado casi con ella últimamente, yo la apreciaba mucho y de verdad me alegraba que no se hubiese venido abajo por la muerte de su compañero. Joe habló diciendo que no conseguía contactar con nadie.
—¿Alguna idea? —pregunté, esperando a ver que hacer.
Tras divagar un poco, propuso dejar a un escuadrón de cincuenta marines en el barco descargando y más adelante contactarles.
—Me parece perfecto, Joe. —dije asintiendo— Necesitamos encontrar a alguien que esté al cargo para presentarnos en nombre de la Marina y que nos expliquen un poco mejor que debemos hacer. La verdad, esperaba que como mínimo hubiesen enviado a alguien a recibirnos, pues estaban enterados de nuestra llegada. Pero bueno, hasta entonces deberemos asegurarnos como mínimo de que los barcos estén seguros y que no causen problemas.
Me crucé de brazos mirando los caminos pensativa mientras Joe proseguía y terminaba preguntando al resto sobre el camino que debíamos tomar y si tal vez debíamos separarnos. Parecía estar algo nervioso, tal vez le costaba decidir solo, así que quise ayudarle un poco.
—A lo lejos, entre los árboles, he visto lo que parecía un edificio dorado. Estaría bien poder llegar hasta allí, pues es lo único de civilización que he podido observar, pero desde aquí no sabría qué camino tomar. Lo que sí que creo es que no deberíamos separarnos por ahora. Puede que sepan que vienen Marines, pero tal vez repartir doscientos marines por la isla sin informar de ello primero pueda ser visto como algo precipitado. Vayamos juntos primero y después ya veremos.
A un lado, a cierta distancia, Karl gritó con fuerza, invitándonos a seguir uno de los caminos. Miré a los lados fijándome en las antorchas, aquel parecía ser el camino central.
—Ese camino es el de en medio, me parece adecuado tomarlo. Avisaré al resto, yo me encargo —concluí guiñándole un ojo a Joe y me di la vuelta para volver al barco.
Una vez arriba, me coloqué frente a la pasarela de bajada interrumpiendo el paso y apoyando una mano en la cadera.
—¡Atención todos, marines! —grité alzando la voz con tono autoritario mientras se reunían para escuchar— Órdenes del Comodoro. Un escuadrón formado por cincuenta de vosotros se quedará aquí. Su misión será reparar los desperfectos del barco para que nuestra embarcación esté en condiciones, descargar nuestros suministros y asegurar la playa. No queremos que haya conflictos en la zona, recordad que estáis bajo el mando del Comodoro Joe y se espera un comportamiento impecable por parte de todos. Si sucede algo, quiero a alguien preparado para informarnos por den den mushi de inmediato. —hice una pausa para cruzarme de brazos con una expresión seria en el rostro y eché una mirada rápida a todos los presentes— El resto, vendréis con nosotros. Vamos a adentrarnos en el bosque para ir a presentarnos y asegurar el evento. Y ya habéis oído el comunicado de antes, nada de salirse del camino. Tomad vuestras armas y dirigíos a donde está la Comandante Karglass.
Me giré sin dedicar dejar ni un segundo a las quejas o dudas y bajé de nuevo para reunirme con los demás. Las órdenes eran inamovibles, y como Teniente y parte de la nueva División 21, debían respetarme. Lo cierto era que me sentía bien tras aquello y una ligera sonrisa se dibujó en mi boca; era la primera vez que daba órdenes a alguien, aunque fuesen las de otro. Aun así había añadido algunos detalles extra, no me gustaba dejar las cosas al azar y prefería tenerlo todo calculado.
Una vez frente al camino, mientras los demás escuadrones venían e iniciábamos la marcha por el camino escogido, aproveché para lanzar las preguntas que llevaban rato ardiendo en mi boca por salir.
—Joe, Karl, ¿sois usuarios de Akuma no mi? —pregunté con seriedad y la mirada fija al frente— Supongo que lo del pollo que habéis comentado alguna vez es que tienes una fruta Zoan de algún tipo de ave. ¿Una gallina tal vez? —proseguí a la vez que dirigía la mirada hacia Joe, retirándola rápidamente para volver a mirar al frente un poco avergonzada— Me ha sorprendido lo que Karl ha dicho del agua. Sé bastante sobre Akumas y lo que significa eso. Y bueno, llevamos meses juntos y no me habías dicho nada… ¿No confías en mí?
Seguí caminando con los demás, prestando atención a nuestros alrededores y el camino por el que avanzábamos mientras esperaba escuchar sus respuestas. Aproveché también para mirar las copas de los árboles, que eran inmensos y llamaban mi atención.
Aclaraciones
