08-01-2024, 09:19 PM
Durante mi camino hacia el punto de reunión, el tiempo comenzó a empeorar. La tormenta, que hace una hora parecía verse distante y hacernos sentir única y exclusivamente sus fríos vientos de manera sutil, se convirtió en un amenazante horizonte negro que presagiaba un temporal. Tardé poco tiempo en llegar al lugar indicado, apenas unos veinte minutos desde mi posición y tuve tiempo de observar el lugar con calma. Me preguntaba cuanta gente habría pasado por allí sin saber realmente qué había pasado, de donde había salido aquello. Casi era desolador pensar en tantas vidas. El tiempo pasaba lento y los minutos de espera se hicieron eternos, sentado sobre un tronco al borde de la loma que daba a la árida explanada. Era la hora indicada y el lugar indicado.
Esperé a Joe un poco más atrás, en el lugar citado y, tal como esperaba de un reputado marine como él, llegó justo a la hora. Ni pronto, ni tarde. Justo a la hora indicada. Yo lo esperaba de pie, apoyado sobre uno de los caducos árboles de la zona, a escasos metros de la loma que tapaba por completo la visión de la explanada. Vi como el fornido Marine se acercaba con cara de pocos amigos, ataviado con su uniforme reglamentario, y así mis sospechas se confirmaron: esto no sería una conversación animada. — Hey, hombre siseante. ¿Cómo lo lleva el brazo de la ley y el orden? — saludé, quitando hierro, ofreciendo en todo momento mi perfil izquierdo al Marine, mirando de reojo y alternando la vista hacia él y hacia la loma. — Mira, esto se me da fatal y no voy a adornarlo: no salió bien. Bueno, no salió como esperaba. — comencé disculpándome a mi pobre manera — Quise hacer ver que me enfrentaba a ti y hacerlo creíble para llevarnos la fruta, pero... no fue buena idea. — proseguí invitándolo a seguirme en dirección a la loma de unos cinco o seis metros con mi mano izquierda. — En su día te dije que no sabía disculparme, pero que sabía cavar, y también que buscaba encontrar a mi familia... — continué mientras comenzaba el ascenso, esperando que me estuviera siguiendo. — La razón es porque yo ya tuve una familia. Y tuve que cavar. — explicaba justo cuando llegábamos al borde de la loma y se podía vislumbrar por primera vez la explanada. — Una por cada uno de mis hermanos que me traicionaron. — dije mirando hacia la explanada — No soy un traidor. — sentencié mirando a Joe directamente por primera vez, con el gesto más serio que había puesto desde aquel fatídico día, revelando la cicatriz que cruzaba mi cara desde mi pómulo derecho hasta la frente, cruzando por encima de mi ojo derecho.
Ante nosotros se reveló la explanada y pudimos contemplar juntos el dantesco escenario que se dibujaba ante nosotros. Una enorme y árida zona con más tumbas de las que las manos podían contar, todas ellas adornadas con cruces maltrechas hechas con palos arrancados de los árboles aledaños. El paisaje revelaba un triste y tétrico cementerio de cazadores de piratas, el único recuerdo que quedaba sobre los mares de Ebony Shard, el gremio de cazarrecompensas que me vio nacer como cazador. Y ante la, casi terrorífica visión, no pude hacer más que callar y esperar a que Joe respondiera, fuera como fuera, pues estaba dispuesto a recibir cualquier contestación. Me gustara... o no.
Esperé a Joe un poco más atrás, en el lugar citado y, tal como esperaba de un reputado marine como él, llegó justo a la hora. Ni pronto, ni tarde. Justo a la hora indicada. Yo lo esperaba de pie, apoyado sobre uno de los caducos árboles de la zona, a escasos metros de la loma que tapaba por completo la visión de la explanada. Vi como el fornido Marine se acercaba con cara de pocos amigos, ataviado con su uniforme reglamentario, y así mis sospechas se confirmaron: esto no sería una conversación animada. — Hey, hombre siseante. ¿Cómo lo lleva el brazo de la ley y el orden? — saludé, quitando hierro, ofreciendo en todo momento mi perfil izquierdo al Marine, mirando de reojo y alternando la vista hacia él y hacia la loma. — Mira, esto se me da fatal y no voy a adornarlo: no salió bien. Bueno, no salió como esperaba. — comencé disculpándome a mi pobre manera — Quise hacer ver que me enfrentaba a ti y hacerlo creíble para llevarnos la fruta, pero... no fue buena idea. — proseguí invitándolo a seguirme en dirección a la loma de unos cinco o seis metros con mi mano izquierda. — En su día te dije que no sabía disculparme, pero que sabía cavar, y también que buscaba encontrar a mi familia... — continué mientras comenzaba el ascenso, esperando que me estuviera siguiendo. — La razón es porque yo ya tuve una familia. Y tuve que cavar. — explicaba justo cuando llegábamos al borde de la loma y se podía vislumbrar por primera vez la explanada. — Una por cada uno de mis hermanos que me traicionaron. — dije mirando hacia la explanada — No soy un traidor. — sentencié mirando a Joe directamente por primera vez, con el gesto más serio que había puesto desde aquel fatídico día, revelando la cicatriz que cruzaba mi cara desde mi pómulo derecho hasta la frente, cruzando por encima de mi ojo derecho.
Ante nosotros se reveló la explanada y pudimos contemplar juntos el dantesco escenario que se dibujaba ante nosotros. Una enorme y árida zona con más tumbas de las que las manos podían contar, todas ellas adornadas con cruces maltrechas hechas con palos arrancados de los árboles aledaños. El paisaje revelaba un triste y tétrico cementerio de cazadores de piratas, el único recuerdo que quedaba sobre los mares de Ebony Shard, el gremio de cazarrecompensas que me vio nacer como cazador. Y ante la, casi terrorífica visión, no pude hacer más que callar y esperar a que Joe respondiera, fuera como fuera, pues estaba dispuesto a recibir cualquier contestación. Me gustara... o no.
Off Rol

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