06-01-2024, 11:24 PM
Los días en el barco eran más que aburridos. Además los viejos tenían nos libros guardados en su camarote de reuniones, en donde nadie podía entrar nunca. Estaba tirado en el suelo, en mitad de la habitación que nos había sido asignados a mi madre y a mí. Tenía los ojos cerrados y estaba en una situación de somnolencia, casi dormido, pero consciente del mundo fuera de lo onírico. Empecé a pensar en las técnicas que había leído hacía unos días en el libro blanco. Me imaginé a mi mismo en forma Sulong, midiendo el doble de mi tamaño, con los músculos crecidos y el pelaje castaño que recubría mi cuerpo, blanco como la luna. También me imaginé que usaba el electro. Frotaba con fuerza las manos y unos rayos azules como describía el manual salían de mi y me hacían más fuerte. Me imaginé después en un barco pirata, con la capucha puesta en la cofa, mirando al horizonte mientras una isla neblinosa enorme se acercaba lentamente. Era feliz con una tripulación que me aceptaba por quien era, y no por a quien me parecía. Plátypo, el pirata más sabio, que conseguiría cruzar la red line y entraba a aquel nuevo mundo que tantas historias fantásticas habían dado a mi tribu. De repente tres golpes secos y claros en la puerta de madera me hicieron abrir los ojos e incorporarme rápidamente. Era Morrel quien golpeaba la puerta en busca de su joven aprendiz. Abrí la puerta y lo invité a pasar a la pequeña estancia. Nos sentamos en el suelo y me propuso meditar juntos. Después iríamos a tomar una infusión a la zona de comidas. El plan era simplemente perfecto.
Salimos a la cubierta del gran barco de la tribu nómada mink de las tierras del oeste y nos sentamos mirando hacia la proa del mismo, donde el mascarón en forma de sirena parecía dirigir el navío. Hablábamos mientras salíamos de la zona de habitaciones sobre cómo nos gustaría que fuese la siguiente isla.
-Yo quiero una isla sin gente. Solo animales salvajes que podamos cazar sin otro peligro. Estoy hasta las barbas de tratar con humanos.
-Pues a mi me gusta que haya civilizaciones antiguas. Son divertidas de explorar y puedes aprender mucho de ellas. Me encantaría conocer cuantas más civilizaciones mejor. Y la gente, mientras sea pacífica, no me importa.
Al llegar al destino nos sentamos uno al lado del otro con las piernas cruzadas y las manos encima de los muslos. Cerramos los ojos al unísono y bajamos un poco la cabeza. En mi menta, un espacio blanco apareció rápidamente. Era un ejercicio que practicaba habitualmente y no me costaba comenzarla. De repente, una imagen se me vino a la cabeza. El electro me había fascinado hasta un punto que no era consciente. En mi cabeza, la imagen de mis manos frotando apareció de nuevo, lo notaba en el plano físico. La electricidad recorría mi cuerpo, pero solo rea capaz de lograrlo en mi cabeza. La mano blanca de Morrel me agarró. Abrí los ojos de nuevo y él estaba en calma, con la misma postura de antes, excepto su brazo, que se dirigía a mi. Me susurró que me calmara, pues si no la meditación no sería efectiva y que la parte física la entrenaríamos en la isla que vendría. Mientras, sólo me quedaba nadar. Mi cuerpo se relajó y la mente volvió al blanco. Así estuvimos un buen rato, entrenando la mente, hasta que el grito de una gaviota nos sacó de nuestras cavilaciones. Ambos ahora nos levantamos y nos fuimos directos a la zona de comida, a ver si el pequeño mink jabalí al que le tocaba estar allí nos servía unas infusiones de hierbas frescas. Nos sentamos en una de las grandes mesas y, con los humeantes vasos en nuestras peludas manos, charlamos un buen rato hasta que anocheció y empezaron a llegar nuestros compañeros a la sala para la cena.
Salimos a la cubierta del gran barco de la tribu nómada mink de las tierras del oeste y nos sentamos mirando hacia la proa del mismo, donde el mascarón en forma de sirena parecía dirigir el navío. Hablábamos mientras salíamos de la zona de habitaciones sobre cómo nos gustaría que fuese la siguiente isla.
-Yo quiero una isla sin gente. Solo animales salvajes que podamos cazar sin otro peligro. Estoy hasta las barbas de tratar con humanos.
-Pues a mi me gusta que haya civilizaciones antiguas. Son divertidas de explorar y puedes aprender mucho de ellas. Me encantaría conocer cuantas más civilizaciones mejor. Y la gente, mientras sea pacífica, no me importa.
Al llegar al destino nos sentamos uno al lado del otro con las piernas cruzadas y las manos encima de los muslos. Cerramos los ojos al unísono y bajamos un poco la cabeza. En mi menta, un espacio blanco apareció rápidamente. Era un ejercicio que practicaba habitualmente y no me costaba comenzarla. De repente, una imagen se me vino a la cabeza. El electro me había fascinado hasta un punto que no era consciente. En mi cabeza, la imagen de mis manos frotando apareció de nuevo, lo notaba en el plano físico. La electricidad recorría mi cuerpo, pero solo rea capaz de lograrlo en mi cabeza. La mano blanca de Morrel me agarró. Abrí los ojos de nuevo y él estaba en calma, con la misma postura de antes, excepto su brazo, que se dirigía a mi. Me susurró que me calmara, pues si no la meditación no sería efectiva y que la parte física la entrenaríamos en la isla que vendría. Mientras, sólo me quedaba nadar. Mi cuerpo se relajó y la mente volvió al blanco. Así estuvimos un buen rato, entrenando la mente, hasta que el grito de una gaviota nos sacó de nuestras cavilaciones. Ambos ahora nos levantamos y nos fuimos directos a la zona de comida, a ver si el pequeño mink jabalí al que le tocaba estar allí nos servía unas infusiones de hierbas frescas. Nos sentamos en una de las grandes mesas y, con los humeantes vasos en nuestras peludas manos, charlamos un buen rato hasta que anocheció y empezaron a llegar nuestros compañeros a la sala para la cena.
