05-01-2024, 01:17 AM
45 de Verano, Año 11
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 13:54 a.m.
El sol castigaba con fiereza las calles del pequeño pueblo de Kakutasu.
El verano, a cerca de la mitad de su duración, golpeaba implacable en todo aquel insensato que se atreviera a pisar sus calles. Calles que en cualquier otro momento del día podrían estar llenas de pueblerinos que van de lado a lado cumpliendo sus tareas diarias, ahora se encontraban vacías y ausentes de vida. Todo ser viviente que apreciara su vida y tuviera un mínimo de auto conservación se encontraba resguardado en casa, en algún bar o similar. Todos menos aquellos a los que no nos importa mucho el clima. Me encontraba transitando por las calles del pueblo, pensando y divagando. Aunque el calor no era molestia, había dejado mi característico abrigo azul en el motel y solo portaba mi camisa sin mangas. Shimei Kaeru estaba, como era habitual, en mi cinturón al lado izquierdo y ni ella ni yo teníamos muy claro qué hacer. Ya llevaba un tiempo desde que adquirí los poderes de la fruta del diablo que conseguí afanarle al párroco Blackmore y desde entonces, había tenido tiempo de practicar como realizar movimientos más rápidos y complejos, pero no todo lo que hubiera querido. Quizás porque no hubo oportunidad de solventar todo lo que aquel fatídico día causó.
En mí seguía el objetivo de crear un gremio con alguno de los Cazadores sobre los que leí en el periódico, Taka y Sohem. Sin embargo, la muerte de Taka me había dejado con una única posibilidad: Sohem. No había nadie con una reputación similar que pudiera ser un compañero con el que fundar un gremio. — Si yo fuera un loco con máscara, ¿dónde iría? — pensaba mientras miraba las fotos de los cazadores en el periódico mientras caminaba por la calle central, dirección a la oficina del Sheriff. Ya había oído de los habitantes del pueblo que se le ha podido ver por la zona y que incluso se había dado el lujo de entregar a un pirata en las dependencias. Al parecer el enmascarado ya había hecho sus primeros movimientos y aunque yo había tenido mis enfrentamientos, no había logrado cobrar ninguna cabeza desde que llegué al Grand Line, pero mi suerte iba a cambiar.
Tardé unos minutos más en llegar a la oficina del Sheriff y me dispuse a buscar el tablón de anuncios y recompensas de criminales. Estaba claro, si no encontraba al cazador cerca de las presas, al menos el viaje me acercaría a las presas. Beneficio pase lo que pase. El tablón estaba lleno de caras poco conocidas. — Parece que los piratas ya no son lo que eran... — murmuré mientras rebuscaba entre los carteles de recompensa, buscando alguna cifra interesante que mereciera la pena sudar un poco. El único que merecía la pena era un pirata alado con nombre de letras sin sentido, pero por lo que había leído era el cabecilla de una tripulación y, volviendo al mismo problema, no podía enfrentarlos solo, no sin un plan, y quizás ni así podría. Necesitaría alguien me cubra las espaldas y que soporte luchar a mi lado. Resoplé decepcionado mientras retrocedía un par de pasos y cruzaba mis brazos, mirando el tablón con algo más de perspectiva. Lo que sentía mirando las caras de los criminales era puro hastío.

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