- Entiendo, entiendo -comenté arrastrando las palabras ante la escueta pero eficaz explicación de Triana sobre el asunto del caballo. Me alegraba que el barco no fuese a convertirse en un establo flotante, por mucho que fuese el eden perfecto para Jolyne, pero el tema de robar un diamante me parecía un cliché de película mala de domingo en TeleMushi.
Me aproximé al barril en el que mis compañeros se habían amontonado para observar la joya de la corona, el motivo por el cual los Alas Negras iban a poner en juego el pescuezo y, más importante aún, la excusa por la cual iba a poder embutirme en un precioso vestido rojo pasión. Tal vez nuestras motivaciones fuesen distintas, pero todos teníamos claro que queríamos ese diamante. Observé al tipo peliblanco de arriba abajo: no sabía si era de fiar, hablaba demasiado y alardeaba de sus dotes en la cama, lo cual lo convertía en un soberano idiota- Y eso es de gustar muchísimo- pensé mientras trataba de imaginar el motivo por el cual una princesa se acostaría con aquel personaje.
Tras las formalidades, me retiré para empezar a dar rienda suelta a mi imaginación. Aquella mañana, los mapas y los botes de tinta iban a ser testigos del nacimiento de afrodita, de la creación de una estrella- Preparaos para perder el aliento, habitantes de Elíseo.
Llegó la noche y me sentía totalmente preparada para llevar a cabo mi parte del plan. Tras horas de trabajo (y que decir, un hermoso lienzo sobre el que dibujar), conseguí aumentar mi belleza a la décima potencia. Al salir del camarote, el mundo comenzó a temblar ante tal visión. Enfundada en un bonito vestido rojo de tirantes y un escote más bajo que el IQ de Jolyne, lucía un esculpido cuerpo tallado por los dioses. Las curvas se sucedían sin cesar y largos mechones rubios caían como cascadas doradas sobre mis hombros hasta morir a la altura de mi estrecha cintura. Aquel día había decidido lucir una mirada afilada y azul como el cielo, que contrastaba con unos jugosos labios rojo putón. Los elegantes tacones de aguja me conferían una altura considerable- Está mal que yo lo diga, pero parezco una princesa, jujujujuju -reí al compás de dos enormes pechos que amenazaban con escapar de su escueta jaula. Con un gesto elegante, me cubrí los desnudos hombros con una larga chaqueta de plumas y me encaminé junto a mis compañeros hacia el punto de reunión. Sentía como las miradas se clavaban en mí, siendo consciente de que aquellos hombres (y alguna mujer) buscaban clavarme otra cosa. - Que difícil es ser deseada, ¿no creéis?
Resumen
![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)
