17-08-2023, 11:05 AM
Sus palabras se quedaron rondandole la mente un rato. Destino... magia... Todo evocaba sensaciones tan bonitas que ahora parecían tan lejanas. Aquel dolor la amargaba mucho, ella intentaba ocultarlo y mostrarse como era siempre, una fuente de energía y positividad. Pero en ocasiones se le hacía muy difícil. Tenía los ojos cerrados, de cara a un árbol cercano, y agarrándose la cabeza con las manos. La migraña iba por fases, y ahora estaba atravesando una chunga, pero Derya sabía que al cabo de unos minutos se relajaría un poco, solo tenía que esperar y respirar hondo. Escuchó cómo detrás suya, Kovashi se había levantado del suelo, acercándose a ella un poco. La mujer tuvo la intención de girarse hacia él, para decirle algo y que no se preocupase por ella, pero entonces, cuando Derya aún tenía los ojos cerrados, algo intentó atacarla.
Se dio cuenta demasiado tarde, había centrado todos sus sentidos en calmar ese dolor y había sido una descuidada. Si no hubiese sido por la ayuda de Kovashi, aquello podría haber acabado fatal. El hombre la empujó hacia su costado. La joven tambaleó un poco, por culpa de la rapidez con la que estaba sucediendo todo, sin embargo, pudo ver cómo había acabado con su atacante, clavándole la katana justo en el entrecejo. El cuerpo de aquel enano cayó desplomado al suelo.
Giró el rostro hacia Kovashi. — Sí... Gracias. — Al fin y al cabo, le había salvado la vida, muy probablemente. Iba a contestar a su pregunta, pero alguien se le adelantó. De entre la maleza del bosque y su infinita oscuridad surguieron lo que parecía una manada de hombres. El que era, claramente más llamativo que los demás, fue el que se presentó. Parecía el líder de aquella banda pirata. Lo peor, es que por sus palabras se pudo intuir que aquella no era la primera vez que aparecían, aparentemente, para robar todo lo que podían de aquella pobre gente. Empezaron a gritar y a levantar sus armas. Eran unos cuantos, y solo estaban Kovashi y ella.
Daba igual, Derya sabía lo fuerte que era. De su interior empezó a encenderse una llama llena de emoción, no tanto por el placer de pelear, sino más por el de defender a ese pueblo inocente. Algo bueno que tenían sus migrañas, quizás lo único bueno, es que le daban la suficiente rabia para ser más violenta en combate. Lo usaba como excusa para desfogar toda la ira que le provocaba tener esa condición de mierda. Miró a Kovashi a los ojos y sintió que él estaba preparado para lo mismo. — ¡Encantada, Durin! — Gritó, y se proclamó un silencio extraño, pues nadie se esperaba esa intervención. — Yo soy Derya, Derya Tyhr. Y hasta que no acabéis conmigo, no vais a tocar a esta gente. ¿¡Os queda claro, panda de enanitos!? — Uno de ellos, sin pensárselo, fue corriendo hacia Derya con una espada en la mano. De frente, la gyojin pudo esquivarlo fácilmente y propinarle un tremendo puñetazo en la cara, provocando que éste cayera sobre el suelo estrepitosamente. Los demás gritaron de rabia. La pelea acababa de empezar.
