04-01-2024, 07:01 AM
El movimiento es efectivo. Sin duda, la estrategia de arrojar a mis enemigos fuera de una embarcación, sería un éxito en los casos apropiados. Total, si en ese momento había conseguido lanzar un gigante a varios metros, nada me costaría lanzar a cualquier otro individuo lejos de nuestro barco. Me siento muy satisfecho, aunque quizá no es momento de celebraciones personales, el entrenamiento continua.
Daisen, tras desafiar las leyes de la gravedad, me interpela con un clásico chascarrillo suyo. Luego se levanta y empieza a bordear mi figura, dejando el mar a su izquierda. Al seguirnos con la mirada, yo voy rotando, dejando la orilla a mí derecha.
Mientras esto sucede, el semi-gigante vuelve a hacer un comentario jocoso de los suyos, aunque esta vez en un tono más... Personal. Comenta que no entiende porque lo lancé al agua y después remata diciendo que el suelo pegaba más que yo, culminando con una risa tan característica de las suyas.
-¿Le he ofendido? No era mi intención...- Pensaba que se sorprendería para bien, ya que la profundidad de esta playa es nula... Pero...- pienso con cara de preocupación, siguiéndolo con la mirada y en guardia. -...Tienes razón en una cosa, mis golpes son ineficaces.- musito.
Cuando Rengoku toca la arena húmeda, sin vacilar dos veces, lanza un ataque con su descomunal mano, esta vez como si de un barrido horizontal se tratara. Su golpe es terrorífico, y se mezcla con un grito de batalla pregonando su intención ofensiva. Grácilmente me retiro hacia atrás con un desplazamiento rápido, alejándome 10 metros desde mi posición inicial.
-Es el momento... Con esto, podré romper tu defensa infalible...- desde ahí, sin perder de vista a mi rival, tomo una postura de jinete - ¡AAAAAAAHHHH!- grito con furia, mientras mi cuerpo empieza a mutar. Mi estatura y mis músculos crecen, los pies ceden ante una transformación en pezuñas y brotan una pequeña cola y un par de cueros en mi cabeza afilados. Tras esto, tomo una postura de boxeo clásica. -Se acabó el correr de tus ataques. ¡Voy a superar mis límites!-
Daisen, tras desafiar las leyes de la gravedad, me interpela con un clásico chascarrillo suyo. Luego se levanta y empieza a bordear mi figura, dejando el mar a su izquierda. Al seguirnos con la mirada, yo voy rotando, dejando la orilla a mí derecha.
Mientras esto sucede, el semi-gigante vuelve a hacer un comentario jocoso de los suyos, aunque esta vez en un tono más... Personal. Comenta que no entiende porque lo lancé al agua y después remata diciendo que el suelo pegaba más que yo, culminando con una risa tan característica de las suyas.
-¿Le he ofendido? No era mi intención...- Pensaba que se sorprendería para bien, ya que la profundidad de esta playa es nula... Pero...- pienso con cara de preocupación, siguiéndolo con la mirada y en guardia. -...Tienes razón en una cosa, mis golpes son ineficaces.- musito.
Cuando Rengoku toca la arena húmeda, sin vacilar dos veces, lanza un ataque con su descomunal mano, esta vez como si de un barrido horizontal se tratara. Su golpe es terrorífico, y se mezcla con un grito de batalla pregonando su intención ofensiva. Grácilmente me retiro hacia atrás con un desplazamiento rápido, alejándome 10 metros desde mi posición inicial.
-Es el momento... Con esto, podré romper tu defensa infalible...- desde ahí, sin perder de vista a mi rival, tomo una postura de jinete - ¡AAAAAAAHHHH!- grito con furia, mientras mi cuerpo empieza a mutar. Mi estatura y mis músculos crecen, los pies ceden ante una transformación en pezuñas y brotan una pequeña cola y un par de cueros en mi cabeza afilados. Tras esto, tomo una postura de boxeo clásica. -Se acabó el correr de tus ataques. ¡Voy a superar mis límites!-
Aclaraciones
Bélico
