[Pasado] Del agua estancada...
#1
51 de Primavera. Año 11.
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 07:45 a.m.

Las noches se sucedían entre llantos.
Ya hacía varios días que llegué al motel de mala muerte en Kakutasu, más muerto que vivo, y que repté las escaleras al primer piso, dirección a la habitación número 14. Yo mismo había improvisado, con telas rasgadas de las mantas y sábanas de la habitación, algunos vendajes que poder utilizar en mis heridas, especialmente en la del hombro, que parecía haber sido la más grave de todas. Sin embargo, todos mis esfuerzos parecían ser en vano, pues le estaba costando iniciar la curación y el dolor era incesable. Los días eran largos tumbado en la cama y las noches eran interminables sucesiones de gritos y llantos, presa del dolor, los escalofríos y los delirios febriles. En mis sueños podía revivir mil y una veces los momentos de los últimos días. El combate, el dolor de la traición, la pena por la muerte de mis amigos, la incertidumbre por la ausencia de un plan... todo esto pesaba y me hacía pasar cada noche como si fuera una tortura. Pasados cuatro días en los que apenas probé un par de tragos de agua del baño, conseguí reunir algo de fuerza para salir de mi cuarto por primera vez y buscar algo de comida. Además, no sería mala idea conseguir medicinas y un botiquín adecuado para tratar mis heridas. Me puse las botas y dejé mi abrigo y guantes en la habitación, ataviado simplemente con mis pantalones y mi chaleco, acompañado como siempre por mi fiel compañera Shimei Kaeru, que portaba en la mano izquierda, casi rozando el suelo con su saya, incapaz de sujetarla.
 
Cuando salí por la puerta, decidí ponerla en mi cinturón para evitar parecer débil, más aún de lo que estaba claro que parecía. Tarde varios minutos en bajar la escalera del local, apoyado con fuerza en la barandilla, intentando evitar dar un mal paso y muy mareado. Cuando llegué al vestíbulo observé a mi alrededor, estaba vacío, a excepción del recepcionista que me dio días antes la llave, que levantó sutilmente su mirada de lo que estuviera haciendo y me observó detenidamente. Asentí con la cabeza a modo de saludo y me dispuse a avanzar hacia la zona de restauración, pasando un arco a la derecha del vestíbulo. Allí, el ambiente era más distendido. Había grupos de hombres y alguna familia desayunando, probablemente antes de ir a trabajar o de viaje. Algunos portaban maletas y se disponían a abandonar el motel, quizá buscando un futuro mejor. Yo por ahora buscaba una mesa. Una que me permitiera comer algo sin mucha molestia.
 
Me senté casi al fondo, dando la espalda a la pared y dejé mi arma a mi izquierda. El camarero, algo estirado, se acercó con una libreta y preguntó — ¿Café o té, señor? — con tono condescendiente. Yo tenía la mirada perdida mirando a una familia. Un grupo de padre, madre y dos niñas preciosas que parecían estar disfrutando de un desayuno apacible. Era casi idílico. — ¿Señor? — repitió el camarero, más fuerte e insistentemente, sacándome de mi trance. — Perdón... eh... café, solo. — dije, sin mirar realmente al camarero, que se marchó, abandonando mi visión periférica para regresar al poco tiempo y traer un café junto con unas tostadas de pan con algún tipo de fruta esparcida encima. — Gracias. — dije, soltando unas monedas sobre la mesa. Quería devorar aquel desayuno, pero me notaba tan apaleado que tardé algo de tiempo y los últimos sorbos de café fueron fríos y menos placenteros que los primeros, pero igualmente disfrutables. Agradecía tener de nuevo el estómago lleno y algo de energía, así que tocaba ponerse manos a la obra. — Disculpa — dije, agarrando levemente la mano del camarero cuando pasó nuevamente por mi lado — ¿Dónde puedo comprar vendajes, medicinas...? — con tono suave. El camarero pensó ligeramente, rotando sus globos oculares hacia arriba — Déjeme ver... supongo que al final de esta calle, en el herbolario, podría encontrar lo que busca. Será caro, pero de calidad. — contestó el atareado hombre que ni siquiera esperó a mi agradecimiento. Acto seguido me levanté de la mesa con cuidado de no perder el equilibrio y cogí a Shimei Kaeru de nuevo, para colocarla en mi cintura, y dejé la silla lo más cerca posible de la mesa, de manera educada y sin arrastrarla. Tras esto, pasé al lado de varias mesas que aún tomaban sus desayunos correspondientes y llegué a la salida, para buscar el local que el camarero me indicaba, con el objetivo de acelerar el proceso de sanación de mis heridas. Pero el desayuno parecía no haber sido la mejor de las ideas...
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[Pasado] Del agua estancada... - por Viktor - 01-01-2024, 08:09 PM

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