16-08-2023, 04:05 PM
En un principio, Don Bambú se quedó mirando los combates desde una esquina, sin hacer nada. No le gustaba mucho aquel lugar, pero sentía tal tristeza que por debajo de ella no sentía gran cosa. Los musculosos hombres se partían la cara los unos a los otros por un puñado de monedas mientras los demás miraban, gritaban y agitaban billetes llamando la atención del corredor de apuestas. La escena le daba un poco de asco. Su estómago rugió, sin embargo, y supo que no era momento de cuestionarse la moralidad del asunto. Cuando hay hambre, las personas hacen cosas desesperadas y allí se encontraba en el lugar donde mayor desesperación había. Los combates transcurrían uno detrás de otro con breves pausas para realizar las apuestas pertinentes. Sin embargo, hubo un momento en el que la pausa fue mayor que las anteriores. Habían terminado los combates planificados y ahora buscaban voluntarios para las peleas. Mientras el presentador buscaba gente, el silencio se hizo entre los espectadores. Todos querían mirar, pero nadie quería pegarse. Nadie excepto un chaval. Un humano de pelo color lila, un color de pelo bastante raro entre los humanos, que demostraba un entusiasmo sin precedentes en un lugar como aquel. No le disgustaba del todo aquella actitud, pero le pilló en un momento bastante decadente de su vida. Supo lo que tenía que hacer. —Yo también. —Al contrario que el jovenzuelo, el panda no demostraba demasiado entusiasmo por la situación. Él no buscaba fama ni fortuna, buscaba desahogarse. Buscaba apagar su cerebro un rato. Buscaba aplastar el venenoso entusiasmo de aquel humano que le recordaba unos tiempos mejores.
Cuando el presentador dio el visto bueno, el panda se subió al ring y se quedó plantado en la mitad del mismo, mirando fijamente al humano, desafiándole en silencio. Su enorme estatura causó silencio durante un momento, pero rápidamente los espectadores hicieron cálculos en su cabeza y decidieron que seguramente ganaría el que medía casi cuatro metros. Pero quién sabe, no todo era fuerza y estatura.
Cuando el presentador dio el visto bueno, el panda se subió al ring y se quedó plantado en la mitad del mismo, mirando fijamente al humano, desafiándole en silencio. Su enorme estatura causó silencio durante un momento, pero rápidamente los espectadores hicieron cálculos en su cabeza y decidieron que seguramente ganaría el que medía casi cuatro metros. Pero quién sabe, no todo era fuerza y estatura.
