Weight of my pride | P.R. [Entrenamiento]
#2
¿Cuánto hace que aquellos dos amigos de la infancia, tan unidos por el destino y los hilos de una manipulación, no se enfrentan en un duelo por simple demostración de sus capacidades? Cuando Shin le propuso aquel entrenamiento, los pensamientos de los viejos tiempos, las batallas con la espada que ahora ninguno de los dos utilizaba en combate, las derrotas en las que una vez peleaba sin darlo todo, y en otras ni siquiera con todo su potencial podía vencerlo, uno a uno recobraron espacio en su mente, y le devolvieron a una realidad que no se sabía había escapado hasta que le golpeó como un cubo de agua fría.

Ambos compañeros habían evolucionado desde su salida del South Blue, tomando caminos muy distintos el uno del otro hasta que, finalmente, incluso uno de ellos, sin pretenderlo, había sido llamado para una misión que, seguramente, lo mantendría dentro de la marina, pero lejos de su misma institución al mismo tiempo, para siempre.

Kael respira hondo, preparándose para el combate con todo lo que buenamente tuvo a su disposición. La luz de la que está conformada el cuerpo de su amigo es toda una molestia, pero gracias a lo aprendido por el actual líder de la división 50, quizás en este momento no esté todo perdido. Como mínimo, podría llegar a considerarse un enfrentamiento justo.

Llegó hasta el lugar después que él, algo que por alguna razón siempre terminaba ocurriendo, al mismo tiempo que era una de esas pocas veces en las que se dejaba ver a la hora. Una ironía de su comportamiento que con el tiempo llegó a conseguir acostumbrarse.

Fue apenas un momento en el que sus ojos se posaron en su amigo que Mini Kael entró en acción. Tomaría en sus manos el fusil extraviado a uno de aquellos miembros de la sepultura, considerando que al haber sido el ganador de la prueba de tiro en Skypiea tendría una mejor calidad, mientras dejaba uno distinto cargado en el suelo, uno más frecuente, por si tenía que recurrir a él más adelante.

Se plantó frente a su amigo a una distancia de diecisiete metros exactos. No esperaba sacarle rendimiento alguno a enfrentarlo a una larga distancia que podría cerrar con su absurda velocidad en cuestión de meros instantes, algo que había conseguido aprender incluso con las velocidades de su comodoro y el comandante Nanashi. Si ellos eran estúpidamente rápidos, como mínimo, Shin debía de serlo el doble.

Y entonces…se colocó la máscara de la alegría.

—¡Yõ, Shin!—Aquella no era su forma habitual de saludarle. Ni una sola vez lo había llamado de esa forma que él utilizaba, a menos que estuviera bromeando, pero ahora ambos compañeros de vida estaban a solas.

Esa sensación que comenzó a recorrer su pecho le hizo volver a sentirse como un joven de quince años con el kimono, sus respectivas getas en los pies, y la brisa del patio en la antigua vivienda de los Hasegawa donde solían entrenar. No tenía ningún boken en sus manos, pero las sentía ocupadas como si así lo estuviera sosteniendo. Los guantes afilados del ex-capitán de los sepultura se cerraron antes incluso de escuchar a  su mejor amigo como le propuso la idea de atacar primero. Esa era su única oportunidad, el único momento que tendría para decantar la balanza a su favor, porque si él iba con todo desde el principio…perdería antes de comenzar la batalla.

—imagino que si te dejo espacios también podrías vencerme.

—Nunca antes he conseguido vencerte, y eso la marina lo sabe. Por eso ahora eres comandante y yo sigo siendo soldado raso. No es que me queje; al menos me dejan formar parte de esta división.

“Al fin y al cabo, ahora tengo un nuevo cometido. Uno que me permite protegerte.”

Su pequeño yo estaba ultimando preparativos apuntando directamente a su amigo con el fusil, cubriendo la bala de su interior con el poder de su propia voluntad, anteponiendose a las fuerzas de la naturaleza. Los guantes y punteras que el albino podían observar aún no habían tomado una postura en guardia, y eso, sumado a que hasta la fecha él no le había llegado a observar utilizando un fusil con sus particulares habilidades, le serviría para darle, por primera vez, una única ventaja con el factor sorpresa.

—Entonces ataca. Ya.

El ojo del azabache se abrió en una ventana especializada para centrar el disparo, y tan pronto como lo vió, centró el tiro a la boca del estómago, buscando disparar en donde quería creer que tenía una ínfima mayor posibilidad de acertar, si conseguía que este no se diera cuenta de lo que se estaba por venir.

El disparo recorrió el cielo sin emitir sonido alguno, producto de los poderes de su fruta, viajando en dirección al albino mientras este, para su conciencia limpia o no, terminaba de pronunciar sus últimas palabras antes de aquel duelo.

—Vamos a divertirnos.

—¿Qué te ha parecido eso? ¿Imaginaste alguna vez que los dos nos convertiríamos en tiradores? Si nos vieran ahora nuestros jóvenes yo, seguramente se enfadarían por desperdiciar todos sus esfuerzos entrenando.—Podía no jugar limpio, meter pequeñas estratagemas incluso en sus más inocentes ataques, pero al final…eso era algo que incluso él tenía que conocer.

Kael, al final del día, también era una persona competitiva, pero de alguna forma, disfrutaba de perder contra su amigo, porque no era otra persona que él, la única persona que le queda.

máscara de la alegría
[Imagen: dF2OaZv.png]
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RE: Weight of my pride | P.R. [Entrenamiento] - por Kael Omuyaga - Hace 3 horas

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