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#8
Con la joven pelirroja agarrada de su brazo, Kibai la condujo de vuelta a la espesura de la selva. Las copas de los árboles no tardaron en tapar la luz directa del sol, sumiéndolos a ambos en una agradable claridad teñida de verde que les permitía mirar en todas direcciones sin tener ningún tipo de problema. Miyori, aunque se mantenía a su aldo, demsotraba una gran curiosidad por todo lo que les rodeaba, pues no dejaba de preguntarle al mink por cada criatura, planta o flor llamativa que aparecía en su camino, cuestiones que eran respondidas agradablemente por Kibai, el cual agradecía el tener los conocimientos suficientes de la flora y fauna de Skypiea tras sus estudios previos y las multiples salidas que ya había realizado a la jungla circundante con anterioridad.

En cierto momento, descubrió una planta cubierta de grandes flores de una brillante azul cobalto, cuyos estambres dorados resaltaban entre los pétalos del tamaño de su pulgar. Sonriendo, el mink detuvo su caminar, acuclillándose junto a la planta y seccionando el tallo de la flor con la garra de su dedo índice, antes de reincorporarse de nuevo y encajar la flor en los mechones de pelo que se encajaban detrás de la oreja de Miyori.

— Perfecta. Te hace juego con los ojos. Además, la flor está totalmente desarrollada, así que mientras caminemos soltará su polen y colaborarás a que se expanda a otras zonas del bosque. Una ganacia por las dos partes, no crees?

Tras unos minutos más de paseo, la pregunta de la pelirroja hizo a Kibai apretar levemente la mandíbula, a la vez que los dedos de su mano izquierda se crispaban.

— Yo... Es complicado.

El mink no dijo nada por unos cuantos metros, tratando de ordenar sus propios recuerdos y pensamientos, pues lo que llevaba por dentro no era algo que se pudiese expresar con facilidad.

— Supongo que echo de menos a mucha gente. Mi familia, la cual no tengo ni idea de siquiera si están bien, o de si aún lloran porque piensan que he muerto, o si habrán pasado página ya... También están mis compañeros de la base del East Blue. Ninguno de ellos tenía intenciones de pasar al Grand Line, tenían sus vidas bien establecidas en el Blue,  pero saber que seguramente pasen muchos años antes de que pueda volver a verlos es algo que me duele.

Kibi tragó saliva mientras llegaban hacia el "rio" por llamar de alguna manera a aquel mar de nubes blancas y esponjosas en las cuales uno podía hundirse lentamente, solo que en el fondo había un abismo de diez mil metros hacia una muerte segura.

— Y bueno... también había alguien. Alguien especial, no sé si me explico. Ella, bueno, mencionó que antes o después también vendría hacia el Grand Line, pero no he sabido nada más de ella, así que supongo que ha cambiado de idea. Le hubiese gustado esta isla, sabes? Al fin y al cabo, ella también era Lunarian, a buen seguro se la shabría apañado para hacer buenos negocios aquí. Pero en fin, son cosas pasadas, y no merece la pena atormentarse en demasía por estos asuntos. Un poco de autocompasión está bien de vez en cuando, pero antes o después uno tiene que recomponerse, levantar la cabeza y dar un paso adelante para seguir.

Al llegar a la orilla de aquel peculiar rio, Kibai esbozó una sonrisa mirando hacia Miyori.

— Además, tengo a alguien a quien quiero ver, y él si está aquí en el Grand Line. El capitán que me salvó hace años comanda un barco correo, de los que se encargan de llevar las cartas de los marines destinados en todas las islas a sus familias. Sé que antes o después me encontraré de nuevo con él, y mi objetivo es que para entonces me haya convertido en un marine del que se pueda sentir orgulloso.

Ante la última pregunta de la joven, el mink soltó una pequella risa.

— Si, hay peces, son raros pero comestibles, aunque para pescarlos tendría que tener un cebo adecuado.

Con los ojos brillándole por la emoción, Kibai, disfrutando anticipadamente de la broma, tomó de ambas manos a Miyori.

— Ya sé, si te atamos una liana a la cintura y te arrojo a esas nubes, y yo que sé, actúas como un animal enfermo o herido, seguro que atraes a algun pez decente. Después tiro de ti y salto a por él. Miden como diez o doce metros, de modo que tendremos comida de sobra para hacer un banquete, qué me dices, lo intentamos?

La cola del mink se agitaba alegremente de lado a lado, mientras alternaba su mirada entre los ojos de la pelirroja y el bosque cercano, escaneando los árboles en busca de linas que sirviesen a su propósito.
[Imagen: Leopardo-vampiro-bajo-la-luna-roja-1.png]
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Déjà Vu | P.R. | Social - por Miyori Hoshino - 24-08-2026, 03:46 AM
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