La piel de Tezca estaba cálida cuando estrechó la mano de Kibai, y aunque el aroma tan caracterísico del miedo flotaba en el aire, éste era cada vez más debil y se disipaba rapidamente ayudado de la brisa nocturna. La joven rubia se acomodó mejor contra la madera del árbol, soltando al fin el collar al que había mantenido una mano siempre firmemete aferrada desde que sus párpados se habías abierto y sus pupilas habían devorado sus iris celestes hasta casi hacer invisible el color de estos.
Sin embargo, parecía que Tezca no había renunciado del todo a su orgullo, pues a pesar del obvio mal trago que acababa de pasar, aún parecía guardar cierta entereza cuando se dirigió hacia Kibai, que sonrió negando con la cabeza.
— Si te sirve de consuelo, habría reaccionado igual contra cualquiera, fuese pirata, marine, civil, un Tenryubiito o el mismo emperador Zarutsuki. Es algo que va más allá del deber, pero no eres mink, así que no tienes por qué entenderlo, es normal.
Kibai alzó una ceja, ladeando la cabeza al escuchar el argumentario de Tezca. En serio estaba comparando a un pirata con un marine? O aún peor, a un marine con un miembro del Ejército Revolucionario? El mink adoptó una expresión más seria, cruzando los brazos con decisión.
— Te equivocas, no es que lo tengamos más facil. Es que nosotros decidimos proteger a otros. Un pirata se convierte en pirata porque ha cometido crímenes. Un revolucionario se une a un movimiento que busca derrocar a los gobernantes de una isla, sean estos buenos dirigentes o no, simplemente porque creen que su sistema es el más justo, y que la única manera de imponer sus ideales es mediante el uso de la violencia. Ojalá yo no tuviese que matar a ningún pirata, porque eso significaría que esos civiles que eligen por porpia voluntad cometer crímenes contra sus vecinos no existirían.
Sin embargo a medida que hablaba, había algo en el interior de Kibai que protestaba con fuerza. El mink pensó en varios piratas que había conocido. María Merlot, que parecía ser capaz de meterse ella sola la cabeza en la guillotina si se lo pedían por favor y le decían que solo sería un momento, Eros y Kiyoshi, con los cuales había peleado mano a mano y compartido momentos en las gradas,Hyak, con quien había bebido, reído hasta llorar y abrazado mientras veía maullar a Moja a todo pulmon... y Bai, claro que también había estado Bai.
— En serio serías capaz de matarles, Kibai? No seas ingenuo, por favor.... — le dijo su vocecilla interna, aunque no la que hablaba con el tono del oficial de cubierta del Swift (el cual parecía reservarse para aconsejarle sobre mujeres), sino la del propio capitán Seijuru, grave y pausada. — Antes de que derrames su sangre a la ligera, te cortarás los bigotes tu mismo.
La voz de Tezca le sacó de sus pensamientos, preguntándole cómo había llegado hasta allí desde Zou mientras se ponía en pie. Con una ligera sonrisa nasal, Kibai se impulsó hacía atrás, empleando su equilibrio natural para ejecutar una perfecta pirueta usando sus dos brazos como apoyo para acabar posando un pie detrás del otro sobre la rama de madera volviendo a la verticalidad en un movimiento fluido.
— Esa es una historia muy larga, y la verdad, demasiado llena de malos recuerdos para contarla aquí, y más con la garganta seca...
Ahora sí desoyendo los gritos de la voz del oficial de cubierta del Swift, Kibai señaló con la cabeza hacia los tejados dorados de la ciudad cercana.
— Te parece bien que continuemos esta conversación bebiendo algo?. La verdad es que me sentiré más cómodo, y puede que hasta deje de notar esa desgraciada elección de colores que has elegido esta noche. Eso y que si de veras quieres escuchar como he acabado aquí, nos llevará demasiado tiempo como para estar parados encima de esta rama como dos aves de rapiña...

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