[Presente Relativo] | La Sombra Del Ancla | [Aventura T1] [Vixen & Fumi]
#7
El camarero, todavía estupefacto, contemplaba a la mujer del casco quien, pese a su entrada y amenaza iniciales, tuvo una actitud más amable, ofreciéndose incluso a ayudarlo a arreglar el destrozo. Sin embargo, casi le dolía el corazón ver cómo su taberna parecía convertirse en pequeños pedazos... —G-gracias señorita... — Si no fuera que parecía estar preparada para combatir, y al inicio, incluso con su pose, se veía más que lista para derrotarlos a todos sin destruir ni destrozar nada... El primer impacto logró dejar noqueado al primer cobrador, sin ningún tipo de problema... Y el segundo sí que le hizo dudar de sus capacidades. “Torpeza”... De hecho, los cobradores, al momento en que Vixen estaba riendo, también estaban riéndose a carcajadas.

El camarero sintió que sus esperanzas lentamente se iban desvaneciendo, pero al menos viendo la seguridad de la muchacha, quiso acercarse, alejándose así de la barra para tomar las distancias, dejando ahora a solas al grupo de tres delincuentes. Por algún motivo, sintió que eso no iba a terminar bien en absoluto... Y menos mal que hizo más caso a su instinto y su bondad de querer ayudar a Fumi, porque fue cuando vio todo el caos. La conejita de cabello oscuro... Creó no solo un caos, sino... UN DESASTRE. —¡MI LOCAL! — Casi podía verse en su rostro el momento exacto en que su corazón se hacía pedazos, y más viendo que el caos no solo no frenaba, sino que escalaba más y más con la brutalidad y poca compasión de la mujer Humink. Quien más pagó los platos rotos fue el que hasta entonces había tenido la voz cantante, impactado primero al ver a sus dos compañeros caer inconscientes y, finalmente, en shock, parpadeó solo para ver cómo la mujer, esta vez, acudía hasta él. Planeaba atacarla, golpearla, pero no fue lo suficientemente rápido.

Lo único que fue capaz de percibir fue el dolor, trató de gritar, pero por cada vez que su voz quería salir, la mujer lo volvía a golpear una y otra vez. La peor parte fueron los cristales que, pese a que inicialmente los veía como unas pérdidas para el camarero al que venía a cobrar, ahora eran armas afiladas que le estaban deformando y destruyendo la cara sin compasión alguna. Y es más, el alcohol no ayudó en absoluto, por el contrario, solo consiguió que el escozor de sus heridas y su sangre fueran más notables.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!

El grito resultó desgarrador, haciendo que incluso los que habían estado en la zona de mesas donde estaba Fumi quedaran en shock. El terror esta vez llenó el rostro del hombre, quien se encontraba herido, lleno de cristales incrustados en su rostro.

—P-por favor... Para... Basta... No quiero morir... Prometo que no volveré a molestar...

Sus palabras pareció llevarlas el viento... O eso creyó, porque finalmente pareció soltarlo, pero su cuerpo cayó al suelo. Sus manos se elevaron, tratando de soportar el dolor y escozor de su rostro, hasta que...

¡CRUJ!

¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

¿Se habría roto un testículo? ¿Los dos? ¿O tal vez lo que se había roto había sido su parte masculina partida por la mitad? El dolor fue insoportable, tanto que lo llevó directamente a la inconsciencia, sus ojos elevándose, las lágrimas cayendo por uno de sus ojos, ahora hinchado y amoratado. Incluso algún diente parecía haber caído de su mandíbula y su rostro ahora estaba total y completamente lleno de sangre.


El silencio que siguió tras la caída de éste último apenas duró unos instantes. El resto de los cuatro hombres que todavía estaban en la zona de mesas habían visto el panorama también habían quedado estupefactos. Ninguno de hecho supo bien qué hacer, por el contrario, comenzaron a temblar con terror. Uno miró a Fumi, el otro miraba hacia Vixen y el resto solo veían a uno de sus compañeros que habían caído, hasta que finalmente uno, que mantenía la boca abierta por la sorpresa finalmente pareció murmurar algo. —¿Q-Qu... qué... demonios...? — La seguridad que habían mostrado al entrar en la taberna había desaparecido por completo, esfumándose en conjunto a los brutales golpes recibidos, tanto por parte de Fumi con dos de sus compañeros como de los otros tres por parte de la Humink. Se escuchó a alguien tragar saliva, otro apretó los dientes, tomando el garrote que tenía entre sus manos y que había estado colgando de su cintura.

—¡No os quedéis mirando! ¡Todavía somos cuatro! — el valor de sus palabras no estaba en sincronía con el terror que revelaba su cuerpo.

—¡Ya lo hemos visto! — respondió otro de ellos, ahora con más seguridad ahora que uno de ellos parecía tomar valor.

—¡Pues entonces haced algo! ¡Podemos! No nos agarrarán desprevenidos esta vez. — Las voces comenzaron a solaparse mientras intentaban decidir cómo continuar. Sin embargo, antes de que ninguno llegara a dar un paso, un sonido que venía del exterior llamó su atención. La puerta principal, que seguía rota a causa de la entrada de Fumi, ahora revelaba una nueva figura. No vestía como el resto, por el contrario, parecía ser alguien más, un cliente, tal vez, quién sabe. Sin embargo, sus pasos resonaron por la madera del suelo. Los cuatro cobradores se quedaron quietos asustados en un inicio... Hasta que uno de ellos soltó un suspiro de alivio al reconocer aquella presencia. —Ya era hora... — El hombre que acababa de entrar no parecía especialmente sorprendido por lo que estaba viendo. De hecho, estuvo fuera durante todo aquel tiempo, cumpliendo con la tarea que le habían encomendado: vigilar los alrededores y asegurarse de que nadie escapara de la taberna mientras sus compañeros se encargaban del cobro, sin embargo, ahora eso había dejado de ser una simple amenaza hacía bastante tiempo. El ruido del interior había captado lo suficiente su atención para saber que ya era necesaria su presencia y abandonar la posición en la que se había encontrado desde un inicio. Sus ojos exploraron el local, viendo todo el panorama que se acababa de dibujar, a duras penas reconociendo casi nada pese a no ser su primera vez en ese local. Mesas destrozadas, botellas rotas, muebles desplazados, alguna que otra silla clavada en alguna pared del local y algunos de sus compañeros tendidos en el suelo, por no mencionar que uno de ellos... Ahora parecía más bien carne picada en vez de persona. Por último, sus ojos exploraron entonces a las dos mujeres que, aunque vio a una de ellas asomar por la puerta en un inicio, no la había visto capaz de llegar tan lejos, y menos que no estuviera sola. Hizo una mueca de disgusto, dejando caer el cigarrillo al suelo que hasta entonces había estado sosteniendo en el suelo. Éste ya estaba por terminarse.

—Vaya... — Dejó escapar el humo lentamente, terminando de pisar con la suela de su zapato el cigarrillo que acababa de dejar caer. —Parece que habéis tenido problemas. — Uno de los cuatro cobradores se giró hacia él, señalando a la que tenía más cerca, que en ese caso era la propia Fumi.

—¡Han acabado con cinco de nosotros!

—Lo he oído... Y lo estoy viendo.

—¡Entonces entra y ayúdanos! — El recién llegado observó durante unos segundos el estado de sus compañeros. Supo que era necesaria esa ayuda, y más ahora. —Aunque parece que habéis tardado bastante en necesitarme... El Jefe no estará contento cuando sepa de esto... — No, no hablaba de quien se encontraba en el suelo, de hecho ni siquiera lo miraba cuando mencionaba dicho “Jefe”. Eso no impidió que uno de los compañeros se pusiera a gritar, esta vez señalándolo directamente a él.

—¡¿Y qué querías que hiciéramos?!

—Sobrevivir, preferiblemente. — Los cuatro hombres guardaron silencio. El recién llegado avanzó finalmente hacia el interior de la taberna, dejando atrás la entrada principal y posó sus manos en los bolsillos, retirando del interior un par de guantes de cuero que se acomodó en ambas manos. Ahora, con su llegada, los cuatro cobradores recuperaron parte de la confianza perdida. Ya no eran únicamente ellos contra aquellas dos mujeres, ahora tenían un quinto hombre dispuesto a intervenir. El hombre que acababa de entrar se detuvo unos metros después de cruzar la puerta y volvió a observar la escena.

—Así que vosotras sois las responsables. — No había burla en su voz, tampoco parecía particularmente impresionado, simplemente estaba evaluando la situación y asegurándose de lo que estaba viendo. Algunos clientes habían estado viendo el panorama, ahora se escondían detrás de mesas volcadas que usaban como escudos, no queriendo ver aquel espectáculo de sangre. Uno de los cobradores señaló hacia la barra. —Ya veo... — Volvió la mirada hacia las mujeres una vez más, terminando de acomodarse sus guantes. —Entonces tendremos que terminar esto nosotros.

Mientras tanto, a una distancia de ellos, el camarero parecía estar llegando al límite de su paciencia, quizás con un silencioso ataque de pánico al ver que la mujer conejo había no solo destrozado lo poco que parecía estar en condiciones, sino que para colmo todo el licor se fue... en absolutas pérdidas. Sus lágrimas parecían escapar pese a que se mantenía sonriente. Su mirada pasó de los cinco hombres a los cuerpos de los otros cobradores y, finalmente, al estado de su propio establecimiento.

—No...

Se llevó ambas manos a la cabeza, ahora sí, saliendo finalmente del estado de shock en el que se encontraba. —No, no, no... — Miró una de las mesas destrozadas, volvió a mirar las botellas, la barra... su local completo. —¡¿Pero es que no habéis roto ya suficiente?! — Nadie respondió. —¡Esta es mi taberna! — Su voz resonó por todo el local. El hombre que acababa de entrar ni siquiera apartó la mirada de las dos mujeres.

—Pues parece que esta noche va a necesitar algo más que una reparación. — Los cuatro cobradores restantes comenzaron a reagruparse en la zona de mesas, caminando en dirección a las mujeres. Uno de ellos se colocó delante de otro, mientras se apartó ligeramente para buscar una posición desde la que poder atacar. El quinto hombre terminó de entrar en la taberna y se mantuvo junto al límite de la zona de mesas, preparado para intervenir. El ambiente volvió a tensarse, aunque sin amenazas directas, solo con el ambiente lleno de peligro. Ahora solo quedaba terminar lo que habían empezado.

El que estaba más cerca se abalanzó contra Fumi, lanzando un golpe directo con el bate, elevándolo por encima de su cabeza con intención de acertar directamente contra su casco. Otros dos fueron directamente hacia la Humink.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
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RE: [Presente Relativo] | La Sombra Del Ancla | [Aventura T1] [Vixen & Fumi] - por Onizuka Jin - 29-09-2026, 01:41 AM

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