29-09-2026, 12:13 AM
El dueto propiciado por los dos artistas, sirvió para hacer que las nubes que nublaban la cabeza de Miyori, escamparan por completo. Al responder la pelinaranja a la pregunta de Garnet, el skypiean no pudo hacer otra cosa que sonreír mientras asentía con suma alegría, alegría que aumentaba al observar esa dulce y tímida sonrisa que se dibujaba en el rostro de la violinista. Haber ayudado a la bella joven, aunque fuera sólo un poco, hacía sentir en el interior del pelirrojo una ligera calidez, como quién solucionaba el problema de un amigo o de un ser querido de manera satisfactoria.
Sin embargo, aquel calor que ardía en lo más profundo del músico de los Alas Negras, prontamente comenzó a extinguirse pues, después de haberle preguntado sobre el motivo por el que salió a la mar, o sus sueños, la mirada de Miyori se tornó en una llena de incomodidad y tristeza.- Mierda... ¿La he pifiado con algo? - se preguntaba a sí mismo Garnet con cierto sobresalto, haciendo una mueca de desagrado pero hacia su propia persona, por haber causado aquella situación. Varias gotas de sudor comenzaron a descender por su rostro.- ¡Oye, oye! Si no quieres de verdad, ¡ni te rayes! ¡Puedes no contarlo! - extendió sus manos hacia delante, comenzando a agitarlas con cierta reiteración, salpicando la mesa y las hojas que tenía sobre el escritorio con el sudor. Lo último que quería era incomodar a su clienta. Sin embargo, Miyori seguía pensativa hasta que, llegado el momento, comenzó a hablar y a narrar su historia.
La mujer de cabello ardiente, empezó contando que era oriunda de una isla llamada Baterilla - lugar que Garnet no conocía debido a sus escasos conocimientos en geografía -, y que fue capaz de enamorarse de la música desde muy temprana edad gracias a que pudo conocer en su vida a un hombre que aspiraba a ser un gran artista, siendo este el que le enseñó todo lo necesario y básico en un inicio. Esa sonrisa que irradiaba con la misma energía y pureza que un sol, volvió a aparecer en la faz de la chica, causando que el pelirrojo lograra calmarse y relajarse, hasta el punto de apoyar su codo izquierdo sobre el escritorio, depositando su barbilla a su vez sobre su siniestra.- Ya veo... Así que tuvo un maestro, ¿huh? - Una sonrisa tierna se formó en la cara del pelirrojo, quién miraba fijamente el rostro lleno de nostalgia de la joven. Aquel maestro suyo, ya que su familia no disponía de los conocimientos necesarios, le llegó a enseñar como tocar una gran variedad de instrumentos, a cada cuál más dispar que el anterior.- Wow, ¿todo eso sabe tocar Miyo-chan? - se cuestionaba mentalmente, mientras dejó salir un sonoro y breve silbido.
Para desgracia de todos, la vida al igual que generosa, también podía ser cruel y es que, tal y como había puesto a ese bondadoso hombre, amante de la música, en su vida, no tardó tiempo en arrebatárselo. Al escuchar aquellas palabras, y observar la notable tristeza de Miyori, Garnet levantó su cabeza levemente sobre su mano izquierda.- Vaya, Miyo-chan... Lo siento mucho... - se disculpaba el skypiean - sin ánimo de interrumpir a la mujer - cabizbajo por la pérdida irreparable que tuvo que experimentar la pelinaranja. Desconocía cuánto tiempo había ocurrido desde aquel terrible suceso, pero cómo mínimo debía ser algo que aún le debía doler. Al parecer, aquel señor era alguien altruista, que había dedicado los últimos años de su vida en enseñar todo cuanto sabía a una niña que sentía, como en su interior, ardía una pasión infinita por la música.- No sé quién eres... Ni cómo eras... Pero te fuiste a lo grande, viejo. - rio nasalmente el pelirrojo, mientras volvía a sonreír con ternura. Si la pasión de Miyori por la música, cuando era pequeña, se podía medir como una simple brasa, lo que hizo su maestro fue avivar esa llama hasta poder formar la mujer que se hallaba al otro lado de la llamada. Y ese afán que sintió por salir, ver mundo y descubrir distintos tipos de música, probaba rotundamente los pensamientos de Garnet.
Aquella inspiración que había recibido por parte de su maestro, incluso una vez que murió, arrojaba luz en la vida de Miyori, reflejándose de nuevo en una sonrisa llena de dulzura, al relatar su anhelo de poder descubrir un mundo lleno de música, instrumentos y misterios. Pero ante todo, aquello era el relato sobre su viaje para poder ver cumplir su sueño. El pelirrojo, llegada a esa parte de su historia, se irguió por completo, sabiendo lo importante que eran los sueños en la vida de un pirata. Y el sueño de la pirata que se mostraba ante el marrano del tanga, probablemente, era de los sueños más nobles, bonitos y desafiantes que había podido escuchar en la vida. Sin tener la necesidad de buscar fama o gloria, lo que más anhelaba Miyori era poder sanar los corazones de la gente con su música, brindarle lo que más necesitaba según el estado anímico en el que se encontraba. No era simplemente hacerles feliz... No... Era arropar sus sentimientos, corresponderlos, darles un hogar con su música. La sonrisa del pelirrojo se intensificó, al ver como su amor por la música, realmente, era verdadero. Su mente, ante aquellas palabras, no pudo evitar viajar a dos momentos de su vida en los que sintió que pudo hacer algo parecido. El primero de todos - y aunque ahora fuera un momento agridulce -, fue cuando consiguió consolar, en Skypiea, solamente con algunos acordes de su difunto laúd, a una Ikirami abatida, y presa de un trauma que la tenía ahogada profundamente en un mar de desconsuelo y tortura. Y el segundo de esos momentos, se trasladó a la isla de Momoiro, concretamente a un concierto improvisado que dio en una plaza, lugar en el que pudo ser testigo de un pobre niño que se sentía marginado respecto al resto de la muchedumbre. Simplemente, la música era algo mágico y reparador, y que Miyori fuera capaz de entender eso... Sólo hablaba del talento y amor que desbordaba por la música.- Miyo-chan, eso es una pasada... - Llanamente le maravillaba que existiera otra loca de la música como él.
Pero, como una montaña rusa, nuevamente se venía otra bajada brusca en el viaje de la vida. Por lo visto, para llegar al Grand Line, subió a bordo de un barco pirata en el que se le prometió poder conocer la música, el mundo y la libertad, palabras que parecían bastante motivantes y afines a la vida que llevaba el pelirrojo. No obstante, el aparente nerviosismo que mostraba Miyori, junto a los peligros que acarreaba viajar hacia la gran línea marítima era un golpe de realidad que hizo ver al pelirrojo que algo tuvo que pasar con ellos para que la pelinaranja se mostrara de aquella manera.- Uff... ¿La palmaría toda su tripu menos ella? - Fue lo primero que pensó, debido a la crudeza que se vivía en esos mares. Garnet, mismamente, no había parado de experimentar pérdida tras pérdida desde que se embarcó hacia el "Paraíso". Pero no, la realidad fue peor aún.
Mostrándose con una vulnerabilidad, que a Garnet solamente invitaba a querer atravesar la pantalla para poder darle, aunque fuera, una palmada en la espalda, Miyori declaró que, cuando pudieron, aquella tripulación abandonó a su suerte a la artista en la primera isla que pudieron. Al escuchar aquellas palabras, el ceño de Garnet se frunció, a la par que sus ojos se tornaban en blanco de la ira.- ¿HUUUUUUUUUH? - emitió el pelirrojo, iracundo, mostrando un profundo descontento, enfado y rechazo hacia la que una vez fue la tripulación de la joven. Y es que, ¿quién cojones era capaz de abandonar a alguien como ella a su suerte? Había que ser un monstruo. Miyori intentaba quitarle peso y hierro al asunto, pero para el músico aquello era algo imperdonable.
Los puños del músico se aferraban y apretaban con fuerza, debido a la cólera que se reunía en su interior hasta que, la suavidad de la voz de Miyori, dirigiéndose directamente hacia Garnet, le preguntó si existían personas malas, si había personas dentro de las cuáles no había nada de bondad en ellas. Aquella pregunta que pilló por sorpresa al skypiean, causó que su expresión e ira se relajaran, hasta el punto de dejar de apretar sus manos.- ¿Personas malas? - comenzó a meditar en su mente. Ciertamente, nunca se había formulado a sí mismo esa pregunta... Pero sin lugar a dudas, si alguien le venía a la mente al pensar en el concepto de "maldad", era nada más y nada menos que el infame Finn Slingerland.
No obstante, antes de que pudiera responder a su pregunta, Miyori continuó hablando, haciendo que el estado meditativo de Garnet se desvaneciera, volviendo a prestar suma atención a lo que tuviera que decir la pelinaranja. No hacía falta hacer el uso de su Kenbunshoku Haki para poder apreciar que había algo en el interior de la mujer que le afligía, continuamente. Cada gesto, cada expresión y cada mirada, denotaba que había algo que le dolía, que le ardía por dentro. Y es que, ya que su madre murió al dar a luz a la persona que tenía frente a él, Miyori creía firmemente que, al existir gracias al sacrificio de alguien más, era incapaz de matar, robar o mentir a alguien, respaldándose en el hecho de su infinito respeto por la vida ajena.- Así que era eso... - Garnet observaba a la chica serio, con la expresión un tanto desencajada por la magnitud de lo que le acababa de contar. Si cumplir su sueño ya era difícil, hacerlo siguiendo esa regla autoimpuesta, en un mundo lleno de crueldad, asesinatos y gente despiadada... No hacía más que dificultar que pudiera lograr alguna hacerse con esa meta. Y aún así, había algo, en el interior de Garnet, que creía que podría ser capaz de lograrlo.- No la conozco de nada pero... - Pero le parecía la persona más valiente que había conocido en mucho tiempo, a pesar de que se le empezara a quebrar la voz, o de que las lágrimas comenzaran a brotar por sus celestes y marinos orbes.
Encogida, y cerrando los ojos dando lugar a una imagen que hacía que el corazón de Garnet se quebrara en mil pedazos, Miyori confesó que hubo una ocasión en la rompió su promesa, llegando a matar sin querer, en un accidente, a un civil, por un malentendido ocasionado por una persona que suplantaba la identidad de un niño. Sí, el pelirrojo la conocía de hace poco tiempo y aún así, ¿por qué sentía tanto coraje al ver como podía haber gente que la ninguneara? ¿Por qué sentía una punzada en el pecho al ver sufrir a la mujer del cabello naranja? ¿Por qué sentía como sus ojos se aguaban, mientras mordía su labio inferior de la impotencia? ¿Era porque había conocido, probablemente, a la persona más bondadosa de su vida, a la persona más apasionada de la música y no soportaba la idea de que alguien corrompiera esa imagen? No tenía ni idea, pero lo único que sabía era que quería hacer algo por ella, no soportaba verla así. No soportaba verla llorar. Sus ojos, por puro instinto, se desviaron hacia su guitarra eléctrica, como si le estuviera llamando la atención, pidiéndole que debería hacer. Pero la amante de la música seguía hablando y desahogándose, y Garnet no quería interrumpir aquello.- Todavía no, colegui... - Fue paciente, cambiando el rumbo de su mirada nuevamente hacia la figura de Miyori, que lejos de seguir rompiéndose, luchaba por recuperar la compostura, mientras confesaba que ella jamás dejaría de creer en las personas, por muy tonta e ingenua que fuera por ello, siendo aquella su razón por la que seguiría a rajatabla su sueño, la razón por la cuál seguiría luchando por sanar los corazones de todo aquel que lo necesitara. Y antes aquellas palabras, en Miyori, vio un haz de luz, uno metafórico, sintiendo como a pesar de las adversidades, la determinación y los ideales de la artista, brillaban con más fuerza que nunca, con una luz que jamás se apagaría, por mucho que la intentarás derribar. Y ante aquella escena, una lágrima solitaria y discreta descendió por el ojo derecho de Garnet.- ¿Qué cojones... Acabó de ver..? ¿Por qué ha llorado el menda...? - se preguntaba a sí mismo, pasando su puño izquierdo por el ojo sensible, limpiándose tanto la lágrima como el rastro de sal que había dejado tras de sí.
Para su fortuna, tras ese devenir de los hechos, Miyori terminó llegando a la isla celestial, Skypiea, lugar en el que encontró a verdaderos nakamas que apoyaban tanto sus ideales, como su sueño y su fuerza, causando que Garnet volviera a esbozar una amplia sonrisa.- Así que Skypiea... ¿Huh? Esto está genial, Miyo-chan. - celebraba mentalmente el hecho de que la mujer hubiera podido encontrar al fin un lugar al que pertenecer, un lugar en el que podía ser ella misma. Un lugar en el que encontrar una familia. En ese momento, terminó por concluir que, en efecto, sí era un pirata, pero una de las buenas, pasando a preguntar a continuación sobre la vida detrás del pirata Garnet Matlock.
Después de ver que Miyori había terminado de hablar, sin dudar un segundo, su mirada volvió a dirigirse hacia Sabertones. Con delicadeza pero rapidez, Garnet fue a empuñar su amada guitarra, agarrando con su siniestra la parte del mástil, mientras que la diestra quedó sobre el cuerpo del instrumento, quedando este apoyado sobre su muslo derecho. Al igual que hizo con Ikirami... Al igual que hizo con aquel niño en Momoiro... Si había algún resquicio de dolor, o de tristeza en el corazón de Miyori, algo que no hubiera podido salir a la luz aún, haría lo que ella habría hecho justamente en su lugar. Intentar sanarla.
Lejos de tocar una melodía alegre, Garnet, con los ojos cerrados, optó por hacer gala de algo más melancólico y nostálgico. Algo que tuviera un ritmo y unos tonos apagados pero que, en ciertos trazos de la partitura, hubiera cierta carga de esperanza, de alegría. Que supiera que incluso entre los malos recuerdos, y los malos ratos, también existían aquellos que rebosaban de alegría e ilusión. Quería que aquella melodía acompañara los sentimientos de Miyori, que arropara a la mujer del otro lado de la línea, y supiera que todo lo que había hecho hasta llegar hasta dónde estaba, había merecido la pena. Tanto el sufrimiento como su continua lucha y convicción, la habían convertido en la mujer que era el día de hoy. Una vez que Garnet cesó de tocar su instrumento, volvió a abrir los ojos, cruzándose el esmeralda de sus orbes con el océano profundo que residían en los de Miyori.
- Perdona por eso Miyo-chan, el menda se moría por habértela tocado antes, pero no quería interrumpirte, ¿es o no es? - Se disculpaba, dejando la guitarra nuevamente en el suelo, con sumo cuidado para, seguidamente, cruzarse de brazos sin apartar la mirada de la artista. Tenía mucho de lo que hablar pero, honestamente, ¿por dónde debía empezar? Creo que sabía por donde. - ¿Sabes, Miyo-chan? Nos conocemos de nada y menos... - alzó su mirada hacia el techo, exhalando un suspiro, para a continuación volver a enfocarse en los ojos de la joven..- Pero eres la persona más valiente que he podido conocer en mi vida. Eso de jamás dejar de ver el lado bueno de la peña, y cortar con el ciclo de odio, es algo que no mucha gente puede hacer, ¿es o no es? - se sinceró al respecto, pasando a rascarse la cabeza con su mano derecha.- Por parte del menda, mira, he conocido a gente que podría ser la maldad personificada... - Hablaba de Finn Slingerland. - Incluso esos tarugos de tu antigua banda podrían ser unos giles de un par de cojones, ¿cómo que eres débil? ¡Pero serán gilipollas! ¿Es que no saben apreciar tu fuerza interior o la que tiene la música o qué? - comentó indignado con el ceño fruncido, hasta que terminó por exhalar aire por la nariz y oídos, calmándose al momento.- El caso es que si quieres confiar en las personas y seguir tus ideales al pie de la letra, ¡pues hazlo con todo tu coño! Para eso tienes a tus coleguis, ¡para que te puedan cubrir cuando tú no seas capaz de hacer algo! ¡Al menos así nos las gastamos en mi banda pirata! - esbozó una amplia sonrisa ante esto último, señalándose a sí mismo con su pulgar derecho.- El menda cree de todo corazón que podrás hacer tu sueño hecho realidad, Miyo-chan, de verdad te lo digo. - y lo decía en serio, después de la luz que había podido ver en su interior, más brillante que cualquier estrella. Cosa que le llevaba a otro punto.
- Ahora bien, ¿no persigues la fama, dices? PUAJAJAJAJAJA - soltó una sonora carcajada, no riéndose de sus palabras en sí, sino por lo intrínseco de la situación.- Miyo-chan, ¿sabes algo? Cuánta más fama tengas, tu música llegara a más peña... Y si llega a más peña, podrás sanar más corazones, ¿es o no es? - Intentó razonar con ella esa falta de interés que tenía con querer ser "popular" o un ídolo de masas.- Ser una superestrella no sólo es ahogarte de éxito, o vivir rodeado de fiestas, billetes y pibas... - Negó con la cabeza.- Nanai, es ser un símbolo, alguien que sirva de inspiración para la gente, alguien que haga que la peña quiera luchar por sus sueños, o querer comerse el mundo. Alguien que sea capaz de sentir un mundo con sus canciones... - Era el mayor sueño de Garnet, su mayor objetivo. Y sin embargo, ante él, acababa de ver a una poderosa rival.- Tú, Miyo-chan, podrías ser la superestrella más brillante de todas... - declaró, con una sonrisa llena de picardía. Acababa de ocurrírsele algo importante.- ¿Y sabes que podrías hacer si alcanzaras ese título? - dejó un par de segundos de silencio, esperando a que la pregunta ahondara dentro de la mujer.- Componer una canción de tu maestro, y tocarla para que todo el mundo se coscara de la increíble persona que era. - le propuso, con una tierna sonrisa dibujada en su rostro, recordando entonces unas palabras que le dedicó Kisuke, cuando estuvieron hablando sobre la muerte de su buen amigo Gronn.- Nadie la palma hasta que es olvidado, Miyo-chan... Así que está en tu mano hacer que todos los que ya no están con nosotros sigan vivos en nuestros corazones. - porque, ciertamente, el recuerdo de ese señor que fue tan importante en la vida de Miyori, se había quedado anclado en el corazón y la mente de Garnet.
Y tras aquellas palabras, el pelirrojo volvió a agarrar su guitarra. Aún tenía mucho que decir con su música.- ¿Qué que es de la vida del gran Garnet Matlock, huh? - se puso en posición de tocar a su Sabertones, con decisión y determinación.- Te contaré un poco de mi vida con una canción, ¿es o no es? - declaró tras, lo cuál, se levantó de su asiento, alejándose de la cámara para que se le viera en cuerpo completo y, seguidamente procedió a tocar el primer acorde de la melodía y, con ella, un nuevo hit que acababa de improvisar en aquel momento.
Aquella canción, sobre todo, relataba los inicios de Garnet con la música, reflejando como, a pesar de las complicaciones que le puso la vida, el pelirrojo siguió y siguió peleando por aquello que quería. Conseguir su sueño de ser la mayor superestrella del mundo entero. Tras tocar la última nota, el pelirrojo se volvió a dirigir hacia el asiento del escritorio, jadeando y sudoroso debido al hecho de desbordar su pasión con la música.- ¿Qué te pareció, Miyo-chan? Hay muchas cosas de la vida del menda omitidas, así que... ¿Hay algo que quieras saber más de mi? - preguntó, expectante por ver cuál sería la reacción de la bella joven de cabello ardiente.
Sin embargo, aquel calor que ardía en lo más profundo del músico de los Alas Negras, prontamente comenzó a extinguirse pues, después de haberle preguntado sobre el motivo por el que salió a la mar, o sus sueños, la mirada de Miyori se tornó en una llena de incomodidad y tristeza.- Mierda... ¿La he pifiado con algo? - se preguntaba a sí mismo Garnet con cierto sobresalto, haciendo una mueca de desagrado pero hacia su propia persona, por haber causado aquella situación. Varias gotas de sudor comenzaron a descender por su rostro.- ¡Oye, oye! Si no quieres de verdad, ¡ni te rayes! ¡Puedes no contarlo! - extendió sus manos hacia delante, comenzando a agitarlas con cierta reiteración, salpicando la mesa y las hojas que tenía sobre el escritorio con el sudor. Lo último que quería era incomodar a su clienta. Sin embargo, Miyori seguía pensativa hasta que, llegado el momento, comenzó a hablar y a narrar su historia.
La mujer de cabello ardiente, empezó contando que era oriunda de una isla llamada Baterilla - lugar que Garnet no conocía debido a sus escasos conocimientos en geografía -, y que fue capaz de enamorarse de la música desde muy temprana edad gracias a que pudo conocer en su vida a un hombre que aspiraba a ser un gran artista, siendo este el que le enseñó todo lo necesario y básico en un inicio. Esa sonrisa que irradiaba con la misma energía y pureza que un sol, volvió a aparecer en la faz de la chica, causando que el pelirrojo lograra calmarse y relajarse, hasta el punto de apoyar su codo izquierdo sobre el escritorio, depositando su barbilla a su vez sobre su siniestra.- Ya veo... Así que tuvo un maestro, ¿huh? - Una sonrisa tierna se formó en la cara del pelirrojo, quién miraba fijamente el rostro lleno de nostalgia de la joven. Aquel maestro suyo, ya que su familia no disponía de los conocimientos necesarios, le llegó a enseñar como tocar una gran variedad de instrumentos, a cada cuál más dispar que el anterior.- Wow, ¿todo eso sabe tocar Miyo-chan? - se cuestionaba mentalmente, mientras dejó salir un sonoro y breve silbido.
Para desgracia de todos, la vida al igual que generosa, también podía ser cruel y es que, tal y como había puesto a ese bondadoso hombre, amante de la música, en su vida, no tardó tiempo en arrebatárselo. Al escuchar aquellas palabras, y observar la notable tristeza de Miyori, Garnet levantó su cabeza levemente sobre su mano izquierda.- Vaya, Miyo-chan... Lo siento mucho... - se disculpaba el skypiean - sin ánimo de interrumpir a la mujer - cabizbajo por la pérdida irreparable que tuvo que experimentar la pelinaranja. Desconocía cuánto tiempo había ocurrido desde aquel terrible suceso, pero cómo mínimo debía ser algo que aún le debía doler. Al parecer, aquel señor era alguien altruista, que había dedicado los últimos años de su vida en enseñar todo cuanto sabía a una niña que sentía, como en su interior, ardía una pasión infinita por la música.- No sé quién eres... Ni cómo eras... Pero te fuiste a lo grande, viejo. - rio nasalmente el pelirrojo, mientras volvía a sonreír con ternura. Si la pasión de Miyori por la música, cuando era pequeña, se podía medir como una simple brasa, lo que hizo su maestro fue avivar esa llama hasta poder formar la mujer que se hallaba al otro lado de la llamada. Y ese afán que sintió por salir, ver mundo y descubrir distintos tipos de música, probaba rotundamente los pensamientos de Garnet.
Aquella inspiración que había recibido por parte de su maestro, incluso una vez que murió, arrojaba luz en la vida de Miyori, reflejándose de nuevo en una sonrisa llena de dulzura, al relatar su anhelo de poder descubrir un mundo lleno de música, instrumentos y misterios. Pero ante todo, aquello era el relato sobre su viaje para poder ver cumplir su sueño. El pelirrojo, llegada a esa parte de su historia, se irguió por completo, sabiendo lo importante que eran los sueños en la vida de un pirata. Y el sueño de la pirata que se mostraba ante el marrano del tanga, probablemente, era de los sueños más nobles, bonitos y desafiantes que había podido escuchar en la vida. Sin tener la necesidad de buscar fama o gloria, lo que más anhelaba Miyori era poder sanar los corazones de la gente con su música, brindarle lo que más necesitaba según el estado anímico en el que se encontraba. No era simplemente hacerles feliz... No... Era arropar sus sentimientos, corresponderlos, darles un hogar con su música. La sonrisa del pelirrojo se intensificó, al ver como su amor por la música, realmente, era verdadero. Su mente, ante aquellas palabras, no pudo evitar viajar a dos momentos de su vida en los que sintió que pudo hacer algo parecido. El primero de todos - y aunque ahora fuera un momento agridulce -, fue cuando consiguió consolar, en Skypiea, solamente con algunos acordes de su difunto laúd, a una Ikirami abatida, y presa de un trauma que la tenía ahogada profundamente en un mar de desconsuelo y tortura. Y el segundo de esos momentos, se trasladó a la isla de Momoiro, concretamente a un concierto improvisado que dio en una plaza, lugar en el que pudo ser testigo de un pobre niño que se sentía marginado respecto al resto de la muchedumbre. Simplemente, la música era algo mágico y reparador, y que Miyori fuera capaz de entender eso... Sólo hablaba del talento y amor que desbordaba por la música.- Miyo-chan, eso es una pasada... - Llanamente le maravillaba que existiera otra loca de la música como él.
Pero, como una montaña rusa, nuevamente se venía otra bajada brusca en el viaje de la vida. Por lo visto, para llegar al Grand Line, subió a bordo de un barco pirata en el que se le prometió poder conocer la música, el mundo y la libertad, palabras que parecían bastante motivantes y afines a la vida que llevaba el pelirrojo. No obstante, el aparente nerviosismo que mostraba Miyori, junto a los peligros que acarreaba viajar hacia la gran línea marítima era un golpe de realidad que hizo ver al pelirrojo que algo tuvo que pasar con ellos para que la pelinaranja se mostrara de aquella manera.- Uff... ¿La palmaría toda su tripu menos ella? - Fue lo primero que pensó, debido a la crudeza que se vivía en esos mares. Garnet, mismamente, no había parado de experimentar pérdida tras pérdida desde que se embarcó hacia el "Paraíso". Pero no, la realidad fue peor aún.
Mostrándose con una vulnerabilidad, que a Garnet solamente invitaba a querer atravesar la pantalla para poder darle, aunque fuera, una palmada en la espalda, Miyori declaró que, cuando pudieron, aquella tripulación abandonó a su suerte a la artista en la primera isla que pudieron. Al escuchar aquellas palabras, el ceño de Garnet se frunció, a la par que sus ojos se tornaban en blanco de la ira.- ¿HUUUUUUUUUH? - emitió el pelirrojo, iracundo, mostrando un profundo descontento, enfado y rechazo hacia la que una vez fue la tripulación de la joven. Y es que, ¿quién cojones era capaz de abandonar a alguien como ella a su suerte? Había que ser un monstruo. Miyori intentaba quitarle peso y hierro al asunto, pero para el músico aquello era algo imperdonable.
Los puños del músico se aferraban y apretaban con fuerza, debido a la cólera que se reunía en su interior hasta que, la suavidad de la voz de Miyori, dirigiéndose directamente hacia Garnet, le preguntó si existían personas malas, si había personas dentro de las cuáles no había nada de bondad en ellas. Aquella pregunta que pilló por sorpresa al skypiean, causó que su expresión e ira se relajaran, hasta el punto de dejar de apretar sus manos.- ¿Personas malas? - comenzó a meditar en su mente. Ciertamente, nunca se había formulado a sí mismo esa pregunta... Pero sin lugar a dudas, si alguien le venía a la mente al pensar en el concepto de "maldad", era nada más y nada menos que el infame Finn Slingerland.
No obstante, antes de que pudiera responder a su pregunta, Miyori continuó hablando, haciendo que el estado meditativo de Garnet se desvaneciera, volviendo a prestar suma atención a lo que tuviera que decir la pelinaranja. No hacía falta hacer el uso de su Kenbunshoku Haki para poder apreciar que había algo en el interior de la mujer que le afligía, continuamente. Cada gesto, cada expresión y cada mirada, denotaba que había algo que le dolía, que le ardía por dentro. Y es que, ya que su madre murió al dar a luz a la persona que tenía frente a él, Miyori creía firmemente que, al existir gracias al sacrificio de alguien más, era incapaz de matar, robar o mentir a alguien, respaldándose en el hecho de su infinito respeto por la vida ajena.- Así que era eso... - Garnet observaba a la chica serio, con la expresión un tanto desencajada por la magnitud de lo que le acababa de contar. Si cumplir su sueño ya era difícil, hacerlo siguiendo esa regla autoimpuesta, en un mundo lleno de crueldad, asesinatos y gente despiadada... No hacía más que dificultar que pudiera lograr alguna hacerse con esa meta. Y aún así, había algo, en el interior de Garnet, que creía que podría ser capaz de lograrlo.- No la conozco de nada pero... - Pero le parecía la persona más valiente que había conocido en mucho tiempo, a pesar de que se le empezara a quebrar la voz, o de que las lágrimas comenzaran a brotar por sus celestes y marinos orbes.
Encogida, y cerrando los ojos dando lugar a una imagen que hacía que el corazón de Garnet se quebrara en mil pedazos, Miyori confesó que hubo una ocasión en la rompió su promesa, llegando a matar sin querer, en un accidente, a un civil, por un malentendido ocasionado por una persona que suplantaba la identidad de un niño. Sí, el pelirrojo la conocía de hace poco tiempo y aún así, ¿por qué sentía tanto coraje al ver como podía haber gente que la ninguneara? ¿Por qué sentía una punzada en el pecho al ver sufrir a la mujer del cabello naranja? ¿Por qué sentía como sus ojos se aguaban, mientras mordía su labio inferior de la impotencia? ¿Era porque había conocido, probablemente, a la persona más bondadosa de su vida, a la persona más apasionada de la música y no soportaba la idea de que alguien corrompiera esa imagen? No tenía ni idea, pero lo único que sabía era que quería hacer algo por ella, no soportaba verla así. No soportaba verla llorar. Sus ojos, por puro instinto, se desviaron hacia su guitarra eléctrica, como si le estuviera llamando la atención, pidiéndole que debería hacer. Pero la amante de la música seguía hablando y desahogándose, y Garnet no quería interrumpir aquello.- Todavía no, colegui... - Fue paciente, cambiando el rumbo de su mirada nuevamente hacia la figura de Miyori, que lejos de seguir rompiéndose, luchaba por recuperar la compostura, mientras confesaba que ella jamás dejaría de creer en las personas, por muy tonta e ingenua que fuera por ello, siendo aquella su razón por la que seguiría a rajatabla su sueño, la razón por la cuál seguiría luchando por sanar los corazones de todo aquel que lo necesitara. Y antes aquellas palabras, en Miyori, vio un haz de luz, uno metafórico, sintiendo como a pesar de las adversidades, la determinación y los ideales de la artista, brillaban con más fuerza que nunca, con una luz que jamás se apagaría, por mucho que la intentarás derribar. Y ante aquella escena, una lágrima solitaria y discreta descendió por el ojo derecho de Garnet.- ¿Qué cojones... Acabó de ver..? ¿Por qué ha llorado el menda...? - se preguntaba a sí mismo, pasando su puño izquierdo por el ojo sensible, limpiándose tanto la lágrima como el rastro de sal que había dejado tras de sí.
Para su fortuna, tras ese devenir de los hechos, Miyori terminó llegando a la isla celestial, Skypiea, lugar en el que encontró a verdaderos nakamas que apoyaban tanto sus ideales, como su sueño y su fuerza, causando que Garnet volviera a esbozar una amplia sonrisa.- Así que Skypiea... ¿Huh? Esto está genial, Miyo-chan. - celebraba mentalmente el hecho de que la mujer hubiera podido encontrar al fin un lugar al que pertenecer, un lugar en el que podía ser ella misma. Un lugar en el que encontrar una familia. En ese momento, terminó por concluir que, en efecto, sí era un pirata, pero una de las buenas, pasando a preguntar a continuación sobre la vida detrás del pirata Garnet Matlock.
Después de ver que Miyori había terminado de hablar, sin dudar un segundo, su mirada volvió a dirigirse hacia Sabertones. Con delicadeza pero rapidez, Garnet fue a empuñar su amada guitarra, agarrando con su siniestra la parte del mástil, mientras que la diestra quedó sobre el cuerpo del instrumento, quedando este apoyado sobre su muslo derecho. Al igual que hizo con Ikirami... Al igual que hizo con aquel niño en Momoiro... Si había algún resquicio de dolor, o de tristeza en el corazón de Miyori, algo que no hubiera podido salir a la luz aún, haría lo que ella habría hecho justamente en su lugar. Intentar sanarla.
Lejos de tocar una melodía alegre, Garnet, con los ojos cerrados, optó por hacer gala de algo más melancólico y nostálgico. Algo que tuviera un ritmo y unos tonos apagados pero que, en ciertos trazos de la partitura, hubiera cierta carga de esperanza, de alegría. Que supiera que incluso entre los malos recuerdos, y los malos ratos, también existían aquellos que rebosaban de alegría e ilusión. Quería que aquella melodía acompañara los sentimientos de Miyori, que arropara a la mujer del otro lado de la línea, y supiera que todo lo que había hecho hasta llegar hasta dónde estaba, había merecido la pena. Tanto el sufrimiento como su continua lucha y convicción, la habían convertido en la mujer que era el día de hoy. Una vez que Garnet cesó de tocar su instrumento, volvió a abrir los ojos, cruzándose el esmeralda de sus orbes con el océano profundo que residían en los de Miyori.
- Perdona por eso Miyo-chan, el menda se moría por habértela tocado antes, pero no quería interrumpirte, ¿es o no es? - Se disculpaba, dejando la guitarra nuevamente en el suelo, con sumo cuidado para, seguidamente, cruzarse de brazos sin apartar la mirada de la artista. Tenía mucho de lo que hablar pero, honestamente, ¿por dónde debía empezar? Creo que sabía por donde. - ¿Sabes, Miyo-chan? Nos conocemos de nada y menos... - alzó su mirada hacia el techo, exhalando un suspiro, para a continuación volver a enfocarse en los ojos de la joven..- Pero eres la persona más valiente que he podido conocer en mi vida. Eso de jamás dejar de ver el lado bueno de la peña, y cortar con el ciclo de odio, es algo que no mucha gente puede hacer, ¿es o no es? - se sinceró al respecto, pasando a rascarse la cabeza con su mano derecha.- Por parte del menda, mira, he conocido a gente que podría ser la maldad personificada... - Hablaba de Finn Slingerland. - Incluso esos tarugos de tu antigua banda podrían ser unos giles de un par de cojones, ¿cómo que eres débil? ¡Pero serán gilipollas! ¿Es que no saben apreciar tu fuerza interior o la que tiene la música o qué? - comentó indignado con el ceño fruncido, hasta que terminó por exhalar aire por la nariz y oídos, calmándose al momento.- El caso es que si quieres confiar en las personas y seguir tus ideales al pie de la letra, ¡pues hazlo con todo tu coño! Para eso tienes a tus coleguis, ¡para que te puedan cubrir cuando tú no seas capaz de hacer algo! ¡Al menos así nos las gastamos en mi banda pirata! - esbozó una amplia sonrisa ante esto último, señalándose a sí mismo con su pulgar derecho.- El menda cree de todo corazón que podrás hacer tu sueño hecho realidad, Miyo-chan, de verdad te lo digo. - y lo decía en serio, después de la luz que había podido ver en su interior, más brillante que cualquier estrella. Cosa que le llevaba a otro punto.
- Ahora bien, ¿no persigues la fama, dices? PUAJAJAJAJAJA - soltó una sonora carcajada, no riéndose de sus palabras en sí, sino por lo intrínseco de la situación.- Miyo-chan, ¿sabes algo? Cuánta más fama tengas, tu música llegara a más peña... Y si llega a más peña, podrás sanar más corazones, ¿es o no es? - Intentó razonar con ella esa falta de interés que tenía con querer ser "popular" o un ídolo de masas.- Ser una superestrella no sólo es ahogarte de éxito, o vivir rodeado de fiestas, billetes y pibas... - Negó con la cabeza.- Nanai, es ser un símbolo, alguien que sirva de inspiración para la gente, alguien que haga que la peña quiera luchar por sus sueños, o querer comerse el mundo. Alguien que sea capaz de sentir un mundo con sus canciones... - Era el mayor sueño de Garnet, su mayor objetivo. Y sin embargo, ante él, acababa de ver a una poderosa rival.- Tú, Miyo-chan, podrías ser la superestrella más brillante de todas... - declaró, con una sonrisa llena de picardía. Acababa de ocurrírsele algo importante.- ¿Y sabes que podrías hacer si alcanzaras ese título? - dejó un par de segundos de silencio, esperando a que la pregunta ahondara dentro de la mujer.- Componer una canción de tu maestro, y tocarla para que todo el mundo se coscara de la increíble persona que era. - le propuso, con una tierna sonrisa dibujada en su rostro, recordando entonces unas palabras que le dedicó Kisuke, cuando estuvieron hablando sobre la muerte de su buen amigo Gronn.- Nadie la palma hasta que es olvidado, Miyo-chan... Así que está en tu mano hacer que todos los que ya no están con nosotros sigan vivos en nuestros corazones. - porque, ciertamente, el recuerdo de ese señor que fue tan importante en la vida de Miyori, se había quedado anclado en el corazón y la mente de Garnet.
Y tras aquellas palabras, el pelirrojo volvió a agarrar su guitarra. Aún tenía mucho que decir con su música.- ¿Qué que es de la vida del gran Garnet Matlock, huh? - se puso en posición de tocar a su Sabertones, con decisión y determinación.- Te contaré un poco de mi vida con una canción, ¿es o no es? - declaró tras, lo cuál, se levantó de su asiento, alejándose de la cámara para que se le viera en cuerpo completo y, seguidamente procedió a tocar el primer acorde de la melodía y, con ella, un nuevo hit que acababa de improvisar en aquel momento.
Yeahhh, me crié en otra isla del North Blue
En las calles del reino de Lvneel
Fuera adonde fuera no lograba encajar
¡No hacía otra cosa que sufrir!
La música llegó a mi vida
Convirtiéndose en mi mejor amiga
Componiendo canciones, quería pasar a otra liga estar
Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, yeah yeah yeah, yeah
Tocando en las calles de Lvneel
A nadie le gustaban mis “songs”
Los maderos me venían a crujir
Me podían chupar un cojón
Mi música quería tocar
Y a todo el mundo maravillar
Como les hartaba, no hubo de otra, me tuve que marchar
Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, yeah yeah yeah, yeah
Toko, Elíseo y Momoiro
En esos sitios llegué a tocar
Vítores, aplausos y nada de odio
Mi música empezaba a llegar
La fama de llegarme no cesa
Empiezo a ser una promesa
Mi sueño se llegará a cumplir, seré una superestrella.
Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, yeah yeah yeah, yeah
En las calles del reino de Lvneel
Fuera adonde fuera no lograba encajar
¡No hacía otra cosa que sufrir!
La música llegó a mi vida
Convirtiéndose en mi mejor amiga
Componiendo canciones, quería pasar a otra liga estar
Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, yeah yeah yeah, yeah
Tocando en las calles de Lvneel
A nadie le gustaban mis “songs”
Los maderos me venían a crujir
Me podían chupar un cojón
Mi música quería tocar
Y a todo el mundo maravillar
Como les hartaba, no hubo de otra, me tuve que marchar
Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, yeah yeah yeah, yeah
Toko, Elíseo y Momoiro
En esos sitios llegué a tocar
Vítores, aplausos y nada de odio
Mi música empezaba a llegar
La fama de llegarme no cesa
Empiezo a ser una promesa
Mi sueño se llegará a cumplir, seré una superestrella.
Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, yeah yeah yeah, yeah
Aquella canción, sobre todo, relataba los inicios de Garnet con la música, reflejando como, a pesar de las complicaciones que le puso la vida, el pelirrojo siguió y siguió peleando por aquello que quería. Conseguir su sueño de ser la mayor superestrella del mundo entero. Tras tocar la última nota, el pelirrojo se volvió a dirigir hacia el asiento del escritorio, jadeando y sudoroso debido al hecho de desbordar su pasión con la música.- ¿Qué te pareció, Miyo-chan? Hay muchas cosas de la vida del menda omitidas, así que... ¿Hay algo que quieras saber más de mi? - preguntó, expectante por ver cuál sería la reacción de la bella joven de cabello ardiente.
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
