Kibai sonrió con ganas al escuchar como al parecer tanto Juan como él habían logrado ya conceptuar las bases del Haki de Observación, aquello parecía ser lo ideal para poder seguir desarrollándolo por su cuenta en un futuro, especialmente con las ideas que ya estaba empezando a bosquejar dentro de su mente. Sin duda, aquello podría ser algo muy interesante de cara al futuro.
Cuando Enji mencionó la idea de los burdeles, el mink reaccionó con una gran carcajada, pensando que dado que los guardianes alados del Emperador habían puesto tanto empeño en que se respetase la buena educación desde que habían llegado no creía que establecimientos de aquella clase fueran bien visto.
Sin embargo la última frase despertó un par de recuerdos en Kibai, uno más lejano, que le traía olor a pólvora de fuegos artificales, y otro bastante más reciente, con un cálido aroma a estofado y a la humedad de un manantial de agua termal. Unas alas negras, y otras alas blancas.
— Puedo asegurarle señor... — dijo el mink introduciendo ambas manos en los bolsillos del pantalón. — Que da igual el color que tengan esas alas, ciertamente pueden hacer muchas cosas.
Cuando el comandante le extendió la pata, Kibai se acuclilló a su lado y chocó el puño con la cangretortuga, sonriendo ampliamente a su compañero de entrenamiento.
— Le tomo la palabra, comandante, estoy seguro que la próxima vez que nos encontremos, tendremos muchas cosas que contarnos y podremos vernos nuestras almas a una isla de distancia. Por cierto, la suya es increíble, como un auténtico volcán en erupción, algo digno de representar la Justicia.
Incorporándose de nuevo, Kibai hizo rotar levememente sus hombros, algo agarrotados despues de la meditación.
— Bueno creo que con esto hemos terminado por hoy. Tengo intención de seguir probando esto mientra esté aquí, y dado que el mestro Kaelith ya me ha enseñado a usar el Haki de Armadura, solo me queda mejorar en su uso.
Al llegar de nuevo al conglomerado de casas cerca de la pirámide, Kibai se despidió de los dos marines, comprometiéndose a pagarles una ronda si se los encontraba de nuevo en alguna de las tabernas de la ciudad antes de tener que abandonar la isla del cielo definitivamente.
Cuando Enji mencionó la idea de los burdeles, el mink reaccionó con una gran carcajada, pensando que dado que los guardianes alados del Emperador habían puesto tanto empeño en que se respetase la buena educación desde que habían llegado no creía que establecimientos de aquella clase fueran bien visto.
Sin embargo la última frase despertó un par de recuerdos en Kibai, uno más lejano, que le traía olor a pólvora de fuegos artificales, y otro bastante más reciente, con un cálido aroma a estofado y a la humedad de un manantial de agua termal. Unas alas negras, y otras alas blancas.
— Puedo asegurarle señor... — dijo el mink introduciendo ambas manos en los bolsillos del pantalón. — Que da igual el color que tengan esas alas, ciertamente pueden hacer muchas cosas.
Cuando el comandante le extendió la pata, Kibai se acuclilló a su lado y chocó el puño con la cangretortuga, sonriendo ampliamente a su compañero de entrenamiento.
— Le tomo la palabra, comandante, estoy seguro que la próxima vez que nos encontremos, tendremos muchas cosas que contarnos y podremos vernos nuestras almas a una isla de distancia. Por cierto, la suya es increíble, como un auténtico volcán en erupción, algo digno de representar la Justicia.
Incorporándose de nuevo, Kibai hizo rotar levememente sus hombros, algo agarrotados despues de la meditación.
— Bueno creo que con esto hemos terminado por hoy. Tengo intención de seguir probando esto mientra esté aquí, y dado que el mestro Kaelith ya me ha enseñado a usar el Haki de Armadura, solo me queda mejorar en su uso.
Al llegar de nuevo al conglomerado de casas cerca de la pirámide, Kibai se despidió de los dos marines, comprometiéndose a pagarles una ronda si se los encontraba de nuevo en alguna de las tabernas de la ciudad antes de tener que abandonar la isla del cielo definitivamente.
La Caja de Pandora
