Ayer, 08:30 PM
Rafael lo contemplaba, en silencio. La forma en la que Hyákinthos tenía de moverse, la forma en la que mantenía un silencio, incluso al cerrar los ojos sin dejar salir una sola palabra. Analizaba el más mínimo detalle que pudiera otorgarle la mínima pista de que su teoría pudiera ser cierta. No podía confiar, no tan pronto, de aquel bello hombre que ahora se había presentado en sus dos patas. Se permitió darse el lujo de guardar silencio incluso cuando las palabras iban dirigidas al hombre yakuza de la cicatriz en la frente, ni siquiera cuando había dicho mal su nombre. ¿Acaso lo decía en serio? Apreció la mirada de desconfianza y, lejos de verse amedrentado o molesto, se limitó a sonreír como si fueran amigos de toda la vida. Ahora, por lo menos, parecía haber recobrado el autocontrol... Si no fuera porque necesitaba un buen puro para asimilar todo lo que parecía darse en ese momento. Tenía que ser profesional, Jin no parecía saber nada, y eso era algo que iba a aprovechar al máximo.
Una vez más terminó equivocándose, entregándose un nombre total y completamente difertente al que le pronunció al inicio. ¿Tal difícil era recordar que su nombre era “Rafael”? No es que fuera un nombre especialmente poco común. ¿Quizás sí decía la verdad respecto a su problema de memoria?
Jin no le dio la importancia realmente a la disculpa del pelirrosa. Sí que, por su parte, elevó la mano restándole importancia, moviendo la cabeza de lado a lado para que tanto él como Rafael comprendieran que era algo que no le resultaba molesto, al menos por ahora y solo esperaba que eso no se repitiera de nuevo. Tampoco es que tuviera demasiado tiempo a poder hablar largo y tendido con ninguno de ellos al tener que abandonarlos a solas y permanecer con la atención para recibir a Mark. Eso sí, tuvo muy en cuenta la amabilidad de Hyak, quien no buscó regaño ni castigo de Rafael. Éste último, por otro lado, lanzó una nueva sonrisa mientras miraba al pelirrosa al volver a escuchar mal su nombre.
Ahora sí, en la absoluta y plena soledad de los dos varones, Rafael solo esperó calmadamente a las respuestas que le fuera u ofrecía el de cabello rosado y largo. Lo que no esperó fue la inesperada provocación de su rostro atractivo. No pudo evitarlo, su mano se elevó, tratando de contener una risa que, al final, no pudo contener.
Ni siquiera parecía recordar un nombre tan sencillo como Jin. ¿Quizás el traumatismo había resultado en una ventaja? Eso era algo posible, pero claramente inesperado. Una gran ventaja, pero quién sabe si era por eso o... por fingir. Dudaba que fuera a revelar si tenía o no recuerdos sobre él, quién sabe. Por el momento, lo mejor era trabajar más con él, ver hasta dónde llegaba... Porque ahora mismo, por mucho que quisiera “encargarse del problema”, no era posible. Solo haría que lo apuntaran con el dedo, incluso buscaran registros de los que mejor, por el momento, tendría que no solo encontrar, sino “arreglar”. Quién sabe cuánto tiempo le podría tomar... —¿Cómo dices que se llamaba el “tipo con pelo negro que parece ser mi jefe”? — Solo quería verlo, qué tanto podría llegar, qué tan lejos. Un poco más, presionarlo, verlo, estudiar y analizar su rostro, aunque parecía haber demasiada naturalidad. Si quería averiguar realmente qué tanto conocimiento tendría lo mejor era verlo de cerca... —Tienes razón, tienes razón. — Elevó su diestra, sacudiéndola de arriba abajo, todavía divertido por la situación. —Jin no es un cualquiera, has sabido elegir bien. Nuestro Gran Jefe tampoco es un hombre cualquiera.
Lo divertido era que, lejos de verse incómodo o amedrentado por la cercanía del pelirrosa, estaba más bien receptivo. Su rostro se giró, no en otra dirección, sino analizando mejor el rostro que apenas estaba a centímetros de él, pudiendo oler su esencia a menta con mayor intensidad de la que hubiera hecho antes, su aliento tan cerca de él. No se apartó ni al sentir el tacto en su corbata, por el contrario, lo dejó hacer, divertido y entretenido. Elevó su diestra, usando su dedo íncice para acariciar el mentón del contrario, sus ojos se entrecerraban, ahora buscando romper una distancia, dejándose llevar un poco. ¿Por qué no? Podría disfrutarlo como no lo pensó en el pasado. —Oh, sí debo decir que me recuerdas a alguien con una cara similar a la tuya. — De hecho, ni siquiera parecía haber envejecido a duras penas, con un rostro tan joven, vivo y hermoso. —Pero era un poco más distraído y asustadizo. ¿Quién sabe? No tuve oportunidad de conocerlo tanto como quisiera.
Se divirtió incluso cuando sintió que jalaba de su corbata, dejándose arrastrar, posicionando ambas manos a los lados de la cadera del pelirroso. —Le aseguro que nunca tuve un ex con el pelo rosa como el suyo, ni que fuera tan atrevido. — Ahora cambió de lo informal a lo formal, solo para hacer la situación más divertida. ¿A quién iba a engañar? Su querido y pequeño “amiguito” parecía interesado en despertarse. —¿Qué tal si en vez de lastimarme me acompañas en priv-...?
La puerta se había abierto, ninguno de los dos pareció haberse percatado, no al menos hasta que la voz de Jin había hablado. Había visto a los dos varones, posiblemente escuchado más que suficiente, aunque solo escuchara la última pregunta del rubio. Sus ojos se habían contorsionado en una expresión de cansancio al hablar. Elevó su diestra, viendo a Mark detrás de él, frotando su frente, en conjunto a su propia cicatriz. —Sé que dije que te portaras bien, pero no me refería a “tanto”.
—¿Me perdí algo? — Mark, que solo veía la espalda del yakuza, buscó encontrar la vista al interior del laboratorio, poniéndose de puntillas, pero para entonces Rafael se había apartado del cirujano. —No señor, nada. Solo estábamos poniéndonos un poco al día. ¿Es nuestro paciente?
—Sí. — Respondió Jin, avanzando y terminando de dejar pasar al varón. —Este es el señor Mark. — Elevó su diestra a la vez que cerraba la puerta con la zurda. —Señor Mark, ellos son el señor Hyákinthos y el señor Rafael. Los dos serán quienes le harán el trabajo que le prometí.
—¡Oh! Ehh... — El varón se vio algo inquieto, pero claramente educado. Juntó ambas manos e inclinó ligeramente su rostro y torso. —¡U-un placer! Estoy muy agradecido por todo. Cuento con ustedes.
Jin caminó hacia el interior, más ahora todos ya estaban en sus lugares. —Señor Mark, estaría bien que inicie con una desinfección antes de proceder a la operación. — Lo guió, caminando hasta el baño, mirando de reojo a Rafael, diciendo, solo con la mirada y sin palabras, “no lo hagas de nuevo”. Rafael, por su parte, elevó su mirada fingiendo estar despistado, pero claramente divertido por la situación que se había montado en ese momento.
¿Que se iba a quedar quieto? Bueno pues... —Cuando acabemos el trabajo me gustaría ver qué tan capaz es, señor Hyákinthos. — Su sonrisita traviesa lo dijo todo, mirándolo de reojo, en un tono claramente bajo, ya conociendo que el yakuza tenía un oído de lo más afilado... Que hablando de él, estaba regresando.
Por mucho que quisiera quejarse, sabía que ni tenía ese derecho, él mismo había tenido una “bienvenida” de lo más particular. —Como sea, es momento de trabajar. Pronto saldrá el señor Mark. — Ahora desvió la mirada hacia el pelirrosa, con aire más serio. —Y sobre el pago, no se preocupe, en cuanto lo haga con éxito, tengo el dinero, y será recompensado, tal y como acordamos.
Una vez más terminó equivocándose, entregándose un nombre total y completamente difertente al que le pronunció al inicio. ¿Tal difícil era recordar que su nombre era “Rafael”? No es que fuera un nombre especialmente poco común. ¿Quizás sí decía la verdad respecto a su problema de memoria?
Jin no le dio la importancia realmente a la disculpa del pelirrosa. Sí que, por su parte, elevó la mano restándole importancia, moviendo la cabeza de lado a lado para que tanto él como Rafael comprendieran que era algo que no le resultaba molesto, al menos por ahora y solo esperaba que eso no se repitiera de nuevo. Tampoco es que tuviera demasiado tiempo a poder hablar largo y tendido con ninguno de ellos al tener que abandonarlos a solas y permanecer con la atención para recibir a Mark. Eso sí, tuvo muy en cuenta la amabilidad de Hyak, quien no buscó regaño ni castigo de Rafael. Éste último, por otro lado, lanzó una nueva sonrisa mientras miraba al pelirrosa al volver a escuchar mal su nombre.

—Claro, señor Hyákinthos. Es usted muy amable... Pero mi nombre es Rafael, no Samael ni Rodrigo.
Ahora sí, en la absoluta y plena soledad de los dos varones, Rafael solo esperó calmadamente a las respuestas que le fuera u ofrecía el de cabello rosado y largo. Lo que no esperó fue la inesperada provocación de su rostro atractivo. No pudo evitarlo, su mano se elevó, tratando de contener una risa que, al final, no pudo contener.

—Pfffjijijiji. Eres de lo más divertido, sin duda.
Ni siquiera parecía recordar un nombre tan sencillo como Jin. ¿Quizás el traumatismo había resultado en una ventaja? Eso era algo posible, pero claramente inesperado. Una gran ventaja, pero quién sabe si era por eso o... por fingir. Dudaba que fuera a revelar si tenía o no recuerdos sobre él, quién sabe. Por el momento, lo mejor era trabajar más con él, ver hasta dónde llegaba... Porque ahora mismo, por mucho que quisiera “encargarse del problema”, no era posible. Solo haría que lo apuntaran con el dedo, incluso buscaran registros de los que mejor, por el momento, tendría que no solo encontrar, sino “arreglar”. Quién sabe cuánto tiempo le podría tomar... —¿Cómo dices que se llamaba el “tipo con pelo negro que parece ser mi jefe”? — Solo quería verlo, qué tanto podría llegar, qué tan lejos. Un poco más, presionarlo, verlo, estudiar y analizar su rostro, aunque parecía haber demasiada naturalidad. Si quería averiguar realmente qué tanto conocimiento tendría lo mejor era verlo de cerca... —Tienes razón, tienes razón. — Elevó su diestra, sacudiéndola de arriba abajo, todavía divertido por la situación. —Jin no es un cualquiera, has sabido elegir bien. Nuestro Gran Jefe tampoco es un hombre cualquiera.
Lo divertido era que, lejos de verse incómodo o amedrentado por la cercanía del pelirrosa, estaba más bien receptivo. Su rostro se giró, no en otra dirección, sino analizando mejor el rostro que apenas estaba a centímetros de él, pudiendo oler su esencia a menta con mayor intensidad de la que hubiera hecho antes, su aliento tan cerca de él. No se apartó ni al sentir el tacto en su corbata, por el contrario, lo dejó hacer, divertido y entretenido. Elevó su diestra, usando su dedo íncice para acariciar el mentón del contrario, sus ojos se entrecerraban, ahora buscando romper una distancia, dejándose llevar un poco. ¿Por qué no? Podría disfrutarlo como no lo pensó en el pasado. —Oh, sí debo decir que me recuerdas a alguien con una cara similar a la tuya. — De hecho, ni siquiera parecía haber envejecido a duras penas, con un rostro tan joven, vivo y hermoso. —Pero era un poco más distraído y asustadizo. ¿Quién sabe? No tuve oportunidad de conocerlo tanto como quisiera.
Se divirtió incluso cuando sintió que jalaba de su corbata, dejándose arrastrar, posicionando ambas manos a los lados de la cadera del pelirroso. —Le aseguro que nunca tuve un ex con el pelo rosa como el suyo, ni que fuera tan atrevido. — Ahora cambió de lo informal a lo formal, solo para hacer la situación más divertida. ¿A quién iba a engañar? Su querido y pequeño “amiguito” parecía interesado en despertarse. —¿Qué tal si en vez de lastimarme me acompañas en priv-...?

—¡Rafael!
La puerta se había abierto, ninguno de los dos pareció haberse percatado, no al menos hasta que la voz de Jin había hablado. Había visto a los dos varones, posiblemente escuchado más que suficiente, aunque solo escuchara la última pregunta del rubio. Sus ojos se habían contorsionado en una expresión de cansancio al hablar. Elevó su diestra, viendo a Mark detrás de él, frotando su frente, en conjunto a su propia cicatriz. —Sé que dije que te portaras bien, pero no me refería a “tanto”.
—¿Me perdí algo? — Mark, que solo veía la espalda del yakuza, buscó encontrar la vista al interior del laboratorio, poniéndose de puntillas, pero para entonces Rafael se había apartado del cirujano. —No señor, nada. Solo estábamos poniéndonos un poco al día. ¿Es nuestro paciente?
—Sí. — Respondió Jin, avanzando y terminando de dejar pasar al varón. —Este es el señor Mark. — Elevó su diestra a la vez que cerraba la puerta con la zurda. —Señor Mark, ellos son el señor Hyákinthos y el señor Rafael. Los dos serán quienes le harán el trabajo que le prometí.
—¡Oh! Ehh... — El varón se vio algo inquieto, pero claramente educado. Juntó ambas manos e inclinó ligeramente su rostro y torso. —¡U-un placer! Estoy muy agradecido por todo. Cuento con ustedes.
Jin caminó hacia el interior, más ahora todos ya estaban en sus lugares. —Señor Mark, estaría bien que inicie con una desinfección antes de proceder a la operación. — Lo guió, caminando hasta el baño, mirando de reojo a Rafael, diciendo, solo con la mirada y sin palabras, “no lo hagas de nuevo”. Rafael, por su parte, elevó su mirada fingiendo estar despistado, pero claramente divertido por la situación que se había montado en ese momento.
¿Que se iba a quedar quieto? Bueno pues... —Cuando acabemos el trabajo me gustaría ver qué tan capaz es, señor Hyákinthos. — Su sonrisita traviesa lo dijo todo, mirándolo de reojo, en un tono claramente bajo, ya conociendo que el yakuza tenía un oído de lo más afilado... Que hablando de él, estaba regresando.

—En serio, no los puedo dejar a solas ni un solo momento sin que... agh... No importa.
Por mucho que quisiera quejarse, sabía que ni tenía ese derecho, él mismo había tenido una “bienvenida” de lo más particular. —Como sea, es momento de trabajar. Pronto saldrá el señor Mark. — Ahora desvió la mirada hacia el pelirrosa, con aire más serio. —Y sobre el pago, no se preocupe, en cuanto lo haga con éxito, tengo el dinero, y será recompensado, tal y como acordamos.
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