Ayer, 11:54 AM
No tenía muchas más palabras de ánimo para las personas en esa pequeña zona comercial, tampoco quería alimentar promesas o escenarios sin saber a qué tipo de peligro se enfrentaban, por lo que sólo respondió ciñéndose a hechos tangibles, a su alcance, concluyendo en aquello que les terminó transmitiendo: La marina se encargaría, poniendo fe no sólo en sus habilidades, también en la inmensa resistencia que Juan Sebastian exhibió ante los ojos del cielo, habiéndose coronado en su prueba.
Este último le contestó respecto a las preocupaciones que le rondaban por la mente, poniéndole nombre a la energía que casi lo hizo sucumbir el día en que se enfrentó al wotan en Kutsukku, junto a dos piratas y su inseparable mejor amigo. —Karate gyojin... —casi fue un susurro, aún moviéndose exactamente al mismo ritmo de su compañero, pues sabía que quizás separarse complicaría las cosas, al final y con toda la información que tenía a su disposición, estaban haciendo equipo la resistencia y la velocidad más elevadas de las que tenía constancia, detalle que lo llenaba de seguridad. Hasegawa sentía que no debía preocuparse por el cangrejo, punto bastante más importante de lo que parecía, pues iba acompañado del respeto del albino.
—No lo pienses mucho. Salvaremos a quienes podamos, y nos aseguraremos de que no vuelva a suceder, al menos aquí. —le sonrió a su compañero, cambiando de tema en un intento de mantener el ánimo elevado o al menos, no sucumbir contra la incertidumbre. En realidad sólo volvió al anterior para cederle algo de información valiosa a quien en el peor de los casos, terminaría combatiendo a su lado —No conocía el nombre del Karate Gyojin, sólo sufrí sus consecuencias en Kutsukku, junto a Kael peleamos contra un cocodrilo gigante que salía desde un pantano. Hasta donde tengo entendido, pocas cosas pueden dañarme y volverme tangible. —lo observó de soslayo —El agua y el haki. No me tranquiliza saber la raza de los culpables. —volvió a mirar al frente, esta vez con el típico gesto repleto de seguridad que siempre se le suele ver —Pero te apuesto a que yo soy más fuerte. —y el brillo dorado que lo dotaba de aquella velocidad excepcional pareció, durante instantes, querer acompañar en lenguaje visual su afirmación, porque se incrementó sin miramientos.
Tras un rato, la oscuridad comenzaba a hacerse evidente, especialmente cuando el transitar de las nubes en el cielo cubría la tenue luz lunar. Fue ahí que por fin parecieron llegar al lugar desde donde aquel niño había escapado, siendo esas las sospechas iniciales del marine, por lo que Hasegawa decidió extender el radio de su Kenbunshoku a pesar de que supusiera un mayor gasto hasta los doscientos metros, sintiendo de inmediato el esfuerzo, hasta ese instante nunca había abarcado tanta distancia.
Inmediatamente notó el vacío, y aunque por el desconocimiento de las condiciones de la isla no pudo hacer conjeturas, sí le pareció curioso que la ausencia de personas en los alrededores no indicase un abandono evidente. Mientras se iban acercando, recortando las últimas distancias con el asentamiento, muy bonito a primera vista y aterrador si la marea estuviese alta considerando su condición como usuario de fruta del diablo, debido a la forma en que tablones de madera eran alzados por pilares del mismo material para sostener las viviendas, fue prestando más atención, entrecerrando los ojos y manteniendo su luz activa con la intención de al menos, iluminar en los alrededores inmediatos que abarcase el dúo.
—Es lo que parece a primera vista, sí. —confirmó por fin, manteniendo el haki activo y, por los metros en cuestión entendiendo que no se trata sólo de apariencia, el lugar sí está vacío, salvo por las tres auras que consigue detectar, momento en donde se lo hace saber a Juan, quien había propuesto ir revisando las casetas una a una. —Después, quizás encontremos alguna prueba de algo. Pero primero vayamos ahí, percibo gente. —señaló la vivienda exacta, y a medida que se acercaban, con Sebastian decidiendo que tomaría la iniciativa, le incomodó la presencia que se ocultaba a veinte metros de esa posición, bajo el mar, con los chapoteos típicos del agua trayéndole memorias del enfrentamiento vivido en Kutsukku. Shin frunció el ceño, incluso y si no parecía una amenaza, todas las pistas apuntaban a la misma sensación: Peligro.
Fue detrás del gyojin a medida que atravesaban los puentes y no se sorprendió con lo que encontraron, porque considerando los relatos de los nativos de la zona imaginaba que podían haber más niños implicados, detalle que le hizo hervir la sangre incluso y aunque nunca fue muy bueno en el trato con los susodichos. Lo extraño era que la joven portaba un cuchillo peligrosamente cerca de ambos, al menos hasta que pareció asustarse con Juan y tropezó con el otro pequeño en la sala. Se notaban sus heridas, esa libertad reciente enmarcada en la piel, lo que le hizo obligarse a contener la rabia que lo asolaba, y permitió al hombre capaz de transformarse en tortuga liderar la escena mientras se mantenía concentrado en lo que su instinto le indicaba.
Ya le diría después lo impresionante que era su cambio de apariencia en tiempo real.
Las palabras ajenas también sumaron pistas a la situación, enterándose que ella fue obligada a vigilar a otra persona mientras "otros" no estaban, y que no iban a venderla. ¿Fue por eso que el niño del mercado no murió? ¿Acaso les servía con vida para negocios vinculados a la esclavitud? —Juan, hay alguien allí. —señaló una zona exactamente a veinte metros, girándose para observarla nuevamente. En ese preciso instante se dio cuenta de que la susodicha zona del mar burbujeaba de manera espumosa, haciéndolo reaccionar de inmediato con los ojos bien abiertos, como platos.
De manera abrupta, Hasegawa se movió en un parpadeo, aún con su fruta activa, para tomar cobertura detrás del caparazón de la tortuga. Es decir que entre Shin y la figura misteriosa y burbujeante se encontraba la silueta del otro Comandante, sin contar la propia estructura de la vivienda, porque al estar transformado en luz pudo moldearse a libertad sin desformar su rostro para coincidir de manera exacta con la estatura en forma de tortuga de Sebastian, considerablemente menor a la manera habitual en que lo veía, de poco más de tres metros. Entonces informó su motivo de reaccionar así —Es como el tipo al que enfrenté en Kutsukku. —le hizo recordar la anécdota —Siempre que nos atacaba desde el agua, aparecían ese tipo de burbujas espumantes. Atento, Juan, cubre a los niños, me moveré contigo. —volvió a pensar en ellos, y aunque su cuerpo era una masa energética de luz de menos de cuarenta centímetros de pie y extendido el resto de su propia altura en ancho por detrás de su compañero, pero con rostro, volteó el mismo en dirección a la niña armada —Nadie va a venderte. Los sacaremos de esto, a los dos, así que baja eso, ¿sí?. —su tono era más amable de lo que jamás se lo había escuchado, y tras ello, centró su atención otra vez en Sebastian. —Intentaré llamar su atención. ¿Me cubres? —cuestionó a la tortuga, intentando que se prepare, y una vez le diese el okey, tardando lo necesario de cara al tiempo que solicitase el marine, exclamaría con todas sus fuerzas.
Este último le contestó respecto a las preocupaciones que le rondaban por la mente, poniéndole nombre a la energía que casi lo hizo sucumbir el día en que se enfrentó al wotan en Kutsukku, junto a dos piratas y su inseparable mejor amigo. —Karate gyojin... —casi fue un susurro, aún moviéndose exactamente al mismo ritmo de su compañero, pues sabía que quizás separarse complicaría las cosas, al final y con toda la información que tenía a su disposición, estaban haciendo equipo la resistencia y la velocidad más elevadas de las que tenía constancia, detalle que lo llenaba de seguridad. Hasegawa sentía que no debía preocuparse por el cangrejo, punto bastante más importante de lo que parecía, pues iba acompañado del respeto del albino.
—No lo pienses mucho. Salvaremos a quienes podamos, y nos aseguraremos de que no vuelva a suceder, al menos aquí. —le sonrió a su compañero, cambiando de tema en un intento de mantener el ánimo elevado o al menos, no sucumbir contra la incertidumbre. En realidad sólo volvió al anterior para cederle algo de información valiosa a quien en el peor de los casos, terminaría combatiendo a su lado —No conocía el nombre del Karate Gyojin, sólo sufrí sus consecuencias en Kutsukku, junto a Kael peleamos contra un cocodrilo gigante que salía desde un pantano. Hasta donde tengo entendido, pocas cosas pueden dañarme y volverme tangible. —lo observó de soslayo —El agua y el haki. No me tranquiliza saber la raza de los culpables. —volvió a mirar al frente, esta vez con el típico gesto repleto de seguridad que siempre se le suele ver —Pero te apuesto a que yo soy más fuerte. —y el brillo dorado que lo dotaba de aquella velocidad excepcional pareció, durante instantes, querer acompañar en lenguaje visual su afirmación, porque se incrementó sin miramientos.
Tras un rato, la oscuridad comenzaba a hacerse evidente, especialmente cuando el transitar de las nubes en el cielo cubría la tenue luz lunar. Fue ahí que por fin parecieron llegar al lugar desde donde aquel niño había escapado, siendo esas las sospechas iniciales del marine, por lo que Hasegawa decidió extender el radio de su Kenbunshoku a pesar de que supusiera un mayor gasto hasta los doscientos metros, sintiendo de inmediato el esfuerzo, hasta ese instante nunca había abarcado tanta distancia.
Inmediatamente notó el vacío, y aunque por el desconocimiento de las condiciones de la isla no pudo hacer conjeturas, sí le pareció curioso que la ausencia de personas en los alrededores no indicase un abandono evidente. Mientras se iban acercando, recortando las últimas distancias con el asentamiento, muy bonito a primera vista y aterrador si la marea estuviese alta considerando su condición como usuario de fruta del diablo, debido a la forma en que tablones de madera eran alzados por pilares del mismo material para sostener las viviendas, fue prestando más atención, entrecerrando los ojos y manteniendo su luz activa con la intención de al menos, iluminar en los alrededores inmediatos que abarcase el dúo.
—Es lo que parece a primera vista, sí. —confirmó por fin, manteniendo el haki activo y, por los metros en cuestión entendiendo que no se trata sólo de apariencia, el lugar sí está vacío, salvo por las tres auras que consigue detectar, momento en donde se lo hace saber a Juan, quien había propuesto ir revisando las casetas una a una. —Después, quizás encontremos alguna prueba de algo. Pero primero vayamos ahí, percibo gente. —señaló la vivienda exacta, y a medida que se acercaban, con Sebastian decidiendo que tomaría la iniciativa, le incomodó la presencia que se ocultaba a veinte metros de esa posición, bajo el mar, con los chapoteos típicos del agua trayéndole memorias del enfrentamiento vivido en Kutsukku. Shin frunció el ceño, incluso y si no parecía una amenaza, todas las pistas apuntaban a la misma sensación: Peligro.
Fue detrás del gyojin a medida que atravesaban los puentes y no se sorprendió con lo que encontraron, porque considerando los relatos de los nativos de la zona imaginaba que podían haber más niños implicados, detalle que le hizo hervir la sangre incluso y aunque nunca fue muy bueno en el trato con los susodichos. Lo extraño era que la joven portaba un cuchillo peligrosamente cerca de ambos, al menos hasta que pareció asustarse con Juan y tropezó con el otro pequeño en la sala. Se notaban sus heridas, esa libertad reciente enmarcada en la piel, lo que le hizo obligarse a contener la rabia que lo asolaba, y permitió al hombre capaz de transformarse en tortuga liderar la escena mientras se mantenía concentrado en lo que su instinto le indicaba.
Ya le diría después lo impresionante que era su cambio de apariencia en tiempo real.
Las palabras ajenas también sumaron pistas a la situación, enterándose que ella fue obligada a vigilar a otra persona mientras "otros" no estaban, y que no iban a venderla. ¿Fue por eso que el niño del mercado no murió? ¿Acaso les servía con vida para negocios vinculados a la esclavitud? —Juan, hay alguien allí. —señaló una zona exactamente a veinte metros, girándose para observarla nuevamente. En ese preciso instante se dio cuenta de que la susodicha zona del mar burbujeaba de manera espumosa, haciéndolo reaccionar de inmediato con los ojos bien abiertos, como platos.
De manera abrupta, Hasegawa se movió en un parpadeo, aún con su fruta activa, para tomar cobertura detrás del caparazón de la tortuga. Es decir que entre Shin y la figura misteriosa y burbujeante se encontraba la silueta del otro Comandante, sin contar la propia estructura de la vivienda, porque al estar transformado en luz pudo moldearse a libertad sin desformar su rostro para coincidir de manera exacta con la estatura en forma de tortuga de Sebastian, considerablemente menor a la manera habitual en que lo veía, de poco más de tres metros. Entonces informó su motivo de reaccionar así —Es como el tipo al que enfrenté en Kutsukku. —le hizo recordar la anécdota —Siempre que nos atacaba desde el agua, aparecían ese tipo de burbujas espumantes. Atento, Juan, cubre a los niños, me moveré contigo. —volvió a pensar en ellos, y aunque su cuerpo era una masa energética de luz de menos de cuarenta centímetros de pie y extendido el resto de su propia altura en ancho por detrás de su compañero, pero con rostro, volteó el mismo en dirección a la niña armada —Nadie va a venderte. Los sacaremos de esto, a los dos, así que baja eso, ¿sí?. —su tono era más amable de lo que jamás se lo había escuchado, y tras ello, centró su atención otra vez en Sebastian. —Intentaré llamar su atención. ¿Me cubres? —cuestionó a la tortuga, intentando que se prepare, y una vez le diese el okey, tardando lo necesario de cara al tiempo que solicitase el marine, exclamaría con todas sus fuerzas.
![[Imagen: 2026-09-27-5cf5300a-675a-4042-bbd1-2fbb966fab46.png]](https://cdn.phototourl.com/member/2026-09-27-5cf5300a-675a-4042-bbd1-2fbb966fab46.png)
—¡HEEEEEY, AMIGUITO ACUÁTICO!
Una pausa, en donde volvió a tomar aire para gritar otra vez.
—¡YAAAA TEEEEE VIIIIIII!
Por dentro, comenzó a prepararse para un combate.
Por fuera, sonreía con confianza.
Let there be light
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
