Ayer, 01:59 AM
(Última modificación: Ayer, 02:08 AM por Hyákinthos.)
A veces, nuestras pequeñas acciones, esas que parecen inofensivas, pueden terminar afectando a otros de maneras inesperadas.
Fue justo en el momento en que llegó Olena y llamó la atención de Merlot, que Yana sintió más pavor. Su garganta se secó y sus manos volvieron a temblar. No podía dejar que la bonita muchacha, que parecía tan inocente a sus ojos, cayera en las garras de seres despreciables, debía ayudarla, pero… ¿Cómo?
Pensó rápido y muy poco.
Primero, lo más importante era calmar la sequedad de su garganta.
Yana miró a sus alrededores y lo único que encontró fue el vaso de agua que Francis le sirvió a Merlot. No dudó ni un poco y se lo bebió de golpe y, de repente, una oleada de vitalidad vino a ella.
El frescor del agua la impulsó a levantarse, a sujetar la mano de Merlot, atraerla hacia ella y atreverse a hablar.
Sus palabras salieron entrecortadas, pero poseían la fuerza suficiente para que Olena y Merlot la escucharan con claridad, aunque no sabía si su pequeño acto de rebeldía funcionaría, mucho más considerando la mirada frívola que le dedicó Olena.
La pequeña mestiza tragó saliva y se aferró aún más a Merlot, mientras que su rostro se inclinaba hacia atrás para poder ver hacia arriba, al rostro de la chica que, a su parecer, se veía algo contrariada… ¿La había puesto a dudar? Esperaba que si, que estuviera considerando su propuesta de regresar junto a Francis, pero con cada segundo de silencio, la muchachita se desesperaba más, lo que demostraba apretando con más fuerza la muñeca de Merlot hasta que empezó a sentir un sudor frío recorrer su espalda.
¿Por qué?
Hace un rato sus emociones la hacía sentir su sangre hervir, entonces… ¿Por qué de repente esa oleada de frío?
Tembló, pero intentó ignorar su ahora piel de gallina solo porque la voz de Merlot empezó a llenar el lugar y con ella venía una respuesta positiva a su propuesta. Los ojos azules de Yana brillaron como dos zafiros.
—¿En serio? —La niña, aunque seguía temblando, logró separar a Merlot de Olena, quien se quedó quieta por un par de segundos, escuchando la explicación de la semi sirena y aquella mentira enorme solo ser una nómada musical.
—Y una mierda…
La pelirroja podía dejar de fingir.
Sacó de su bolsillo una botellita pequeña y dio un largo trago antes de sacudir su cabello hacia un lado y volver a guardar la botellita… ¿Qué contenía? Ron, simple ron.
Ya no necesitaba aparentar ser una posible amiga o una buena persona, simplemente, no iba a dejar que Yana se llevara aquello que podía llevarla, de nuevo, a ser la favorita de Randall. ¡No!, ¡No!, ¡No!, ¡No de nuevo!
—¿Qué si voy? Wurururu —. La risa de Olena coincidió con la llegada de Yana a la puerta y con su rostro de incertidumbre al darse cuenta de que su salida estaba cerrada por fuera. Intentó girar la perilla una y dos y tres veces, pero no importa cuanta fuerza aplicara, alguien, por no decir Francis, las había atrapado en el salón rojo.
—¡Olena, por favor, déjanos salir! ¡Ella no ha hecho nada! —gritó Yana con la voz entrecortada y un leve temblor que se hizo más evidente cuando intentó abalanzarse sobre la pelirroja para abrazarla y rogarle que las dejara ir; sin embargo, su acción quedó a medias en cuanto sus piernas temblaron, haciéndola fallar y caer de rodillas al suelo. Entonces la pequeña se abrazó a sí misma mientras sus extremidades temblaban y sus dientes castañeaban. Se sentía como estar en el invernadero cuidando plantas de climas fríos.
No pudo levantar la cabeza ni advertirle a Merlot lo que estaba pasando porque pronto, sus labios empezaron a tomar una tonalidad azulada, la misma que empezó a aparecer también en sus uñas.
—¿Q…qué me…pasa? —Olena rio por lo bajo ante la pregunta de la niña ¡Vaya criatura inocente! Seguro que se había tomado la bebida que era para la mestiza que, si le interesaba, es decir, Merlot…La pobre debía estar envenenada… ¿Qué causaba el veneno? No tenía idea, pero parece que hipotermia era uno de los síntomas. ¡Qué buen trabajo hizo Francis!
—Eso pasa cuando intentas salirte por la tangente —. Al mismo tiempo que habló, la pelirroja, que estaba a unos tres metros frente a Merlot, cerró la distancia casi de inmediato y una de sus manos fue directo al cuello de la pelirrosa antes de estamparla con violencia contra el vidrio rojo que los separaba de la planta baja del establecimiento.
—¿Así que una nómada musical? —El aliento a ron de la pelirroja pegó directo en la cara de Merlot. —¿Y por qué una artista tendría una recompensa de 140 millones por su cabeza? ¿Por qué una simple nómada haría que mi señor esté tan obsesionado contigo? —Apretó mucho más el agarre a la garganta de la muchacha, imposibilitando que el aire pasara de manera regular por esta. —Voy a descubrirlo…tu me vas a ayudar a descubrirlo…si te llevo con él tal vez recupere mi estatus en este manicomio de mierda, así que vendrás conmigo por las buenas o por las malas ¿Entiendes, linda?
Envase de jugo
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