El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#5
OST
Shin, haciendo uso de su endemoniada velocidad, no tardó en alcanzarme. Me gustaría decir que había podido ver lo veloz que era durante los Juegos del Emperador, pero estaría mintiendo porque la realidad era que su velocidad era tal, que ni siquiera podía ver sus movimientos. Mi compañero mostró conocimiento y preocupación por las habilidades que podían tener los gyojin a los que buscábamos.

No me preocupaban las capacidades de nuestros oponentes, tenía una confianza ciega y absoluta en nuestras capacidades. Podrían ser fuertes, pero estaba convencido de que sus golpes no serían nada en comparación con los de mi maestra. Las siguientes palabras de mi compañero fueron las que hicieron que me pusiese bastante más serio.

—Me sorprende que sepas sobre el kárate gyojin, no soy el mayor especialista en lanzar agua, pero sé varias técnicas del estilo. —Tras decir eso, fruncí el ceño y, sin apartar la mirada del lugar al que nos dirigíamos, dije: —Sí… Lo entiendo. —Sabía a lo que nos enfrentábamos, no era la primera vez que me enfrentaba a gente desalmada y sin escrúpulos, pero lo único que me quedaba era apretar los dientes y seguir corriendo con la esperanza de que no llegásemos demasiado tarde. Incluso Shin, que solía mantenerse juguetón y alegre, estaba tremendamente serio, también era consciente de la gravedad de la situación.

A medida que avanzábamos, las nubes comenzaron a cubrir el cielo en su totalidad, haciendo imposible que pudiésemos ver las estrellas que teñían el firmamento ante la ausencia del sol. A pesar de la oscuridad, pudimos divisar una especie de asentamiento costero. Ante la posibilidad de encontrar enemigos gyojines, era evidente que debíamos extremar las precauciones, podrían suponer un problema estando en un lugar tan rodeado de agua.

A simple vista, parecía un lugar abandonado, era algo bastante sospechoso. —¿Será que los aldeanos huyeron a algún sitio? —le pregunté a Shin mientras nos acercábamos. Ya dentro del asentamiento, traté de sugerirle revisar todas las casas del lugar una a una, pero Shin pudo sentir con su Haki unas presencias en una de las casas, por lo que no dudamos en ir hacia ella. Caminando por los puentes gastados de madera, acabamos llegando a la casa más pequeña del lugar, de la que, según mi compañero, emanaban dos presencias. Este podía tratarse de un momento crítico, no sabíamos qué nos encontraríamos al otro lado de la entrada de aquella pequeña casa, pero debíamos estar en guardia.

—Entraré primero —le dije susurrando a mi centelleante compañero. Pero mi rostro serio y solemne, preparado para un combate inminente, cambió de forma dramática al escuchar los quejidos de lo que parecía ser una niña. Lo que mis ojos delataban mientras miraba al otro comandante de la Marina en esos momentos era preocupación. Una pobre muchacha estaba sufriendo justo a nuestro lado, no era momento de tácticas o sutilezas, ¡era el momento de actuar!

—¿ª? —exclamé confuso al ver a una niña portando un cuchillo. No tardé mucho en entender la situación, su forma de mover el arma y el temblor de sus manitas eran suficientes para poder ver que estaba aterrada. Cuando la chica empezó a llamarme “Leviatán”, pude notar cómo me empezaba a doler la cabeza. Era como si se tratase de una pesadilla, por momentos veía el rostro de María donde debería estar el de la pobre muchacha. —Urgghh —mascullé con un tono bajo mientras me agarraba la cabeza con mi mano izquierda. Era algo que ya sabía, en el mundo podría haber muchas niñas en la misma situación que la que vivió mi pequeña. Pero no volvería a permitir algo así, no frente a mis ojos.

La chica seguía actuando nerviosa, ella nos veía como enemigos, pero la prioridad ahora era poder ponerla a salvo. Por suerte, mi larga experiencia militar y un golpe de suerte, me dieron lo que necesitaba para lidiar con este tipo de situaciones. Con la intención de dejar de asustar a la muchacha, hice que mi cuerpo comenzara a menguar de forma considerable. Mi color rojizo se tornó verdoso y mi lustrosa coraza dio lugar a unas solemnes escamas de tonos verdosos. Por si aquello fuese poco, mi pinza desapareció y mis extremidades se convirtieron en patas con gruesas garras, rematando esto con una cabeza de tortuga y un elegante caparazón en lo que era mi espalda.

Era algo obvio, los cangrejos de más de tres metros asustaban a los niños. Quizás si hubiese medido 2.99 no sería el caso, pero mis padres me dieron un cuerpo grande y fuerte, eso tenía sus pros y sus contras. Pero nadie temía nada de las tortugas, eran cuquis, adorables. Hasta el momento, nadie me había visto y había gritado con terror: “¡¡AAAHH, UNA TORTUGUITA!!”. Lo último que debía hacer era tratar de calmar a la muchacha con mis elocuentes palabras.


—¡No soy un leviatán, soy una tortuga! ¿Estáis bien? ¿Qué os ha pasado?

No dije mucho más por si las moscas. Si la chica seguía estando asustada de mí, quizás lo mejor sería cederle a Shin la palabra. Él era un marine guapete, de cabellos blancos y con un carisma evidente, era el adecuado para calmar el corazón de una pequeña señorita.


Cajita de Tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Juan Sebastian - 26-09-2026, 08:26 PM

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