¿Cómo puedo endurecer mi corazón si se trata de ti? :: PR :: Corazologia I
#7
Narrador / María Merlot



Sí, haki de armamento

Lo vió morder su labio inferior, esa mala maña también lo adoptó ella, desde hacia mucho tiempo… por culpa, justamente, de él. La fina porción de piel rosada adquirió un color rojizo, por un momento quiso decirle que no lo hiciera, que se iba a lastimar pero por suerte para ambos él continúo hablando. Ahora la mirada de la mestiza se perdia en el rojo moretón del labio. ¿Debía untarle una pomada? De esas que curaban a “Cute-aneos”, porque sin dudas el apuesto médico entraba en la categoría de adorable y en cientos más como maravilloso, hermoso, inteligente. ¿Por qué era tan perfecto? No lo sabía, lo que si sabía es que nadie en el planeta azul estaría jamás de los jamases a su altura.

Es solo un entrenamiento, Merlot

Le informó, ella lo sabía pero aun así no podía tocarlo y menos aun intentar lastimarlo. ¡Se cortaría las manos antes que hacerle daño al objeto de su fanatismo enfermizo! La retirada, o quizás la negación a hacerlo, lo hizo exhalar un suspiro, lo que originó que la chica frunciera el ceño apenada. ¡No quería, además, incomodarlo! Ella solo quería pasar tiempo de calidad con Hyákinthos. ¡Tontos pollos negros y blancos enseñando cosas violentas!

Espera…no… ¿Qué dices? Nunca dije que ellas me atacaran

Los ojos de la joven se abrieron como platos — ¿No? — pronunció confundida, ella había entendido que lo habían golpearlo… ¡Ay, no! Todo le estaba saliendo mal ese día — Ah, juntas… se tocaron entre ellas — pensó en voz alta, quizás por ese manoseo sentía que había algo especial entre ambas… ahora que lo pensaba, algo recordó sobre el día de su cita, como la pelinaranja la ayudo a distraer a sus nakamas — Claro que si, Algodón de Azucar. Porrrrrr favorrrrrrrrrr, si tu hermoso rostro es proporcional a todo lo que decidas hacer. Hubieras ganado con una mano atrás, los ojos vendados y con fiebre a 1000 °C — explicó exagerando todo, así de increíble se veía él ante sus ojos.

Cuando él se sentó, ella se acercó, así era más fácil de ver. El olor a menta, ese que lo rodeaba, entro a sus fosas nasales. ¡Se sentía tan Hyákinthos! Mientras ella se perdía en su preciosa estampa, él le contaba sobre un pollo negro llamado Majid. Concentración, meditación, ella le prestaba atención a cada vocablo pero también fotografiaba mentalmente al masculino, necesitaba recuerdos de cada momento pasado con su único, especial e irrepetible Algodón de Azúcar.

Otra vez mordió su labio.
Otra vez la mestiza hizo una mueca.
Dolor.

¿Puedes ver esas rocas de allá?

La voz del hombre se sobrepuso al malestar de verlo hacerse daño. María volteó a ver lo que señalaba... rocas puntiagudas que bajaban del techo, ella recordó leer sobre estas, sabía su nombre, solo debía buscarlo en los archivos de su mente… — ¡Estalactitas! Si, las veo… — dijo con emoción al llegar la palabra que las definía, luego confirmo que las veía — ¿Saco de Boxeo? — repitió confundida pero antes de poder desarrollar esa confusión el médico se levanto, la tomo de la mano y causo un cortocirtuioto en su cabeza y corazón.

¡La estaba tocando!
Tan suave su piel.
Tan cálido su tacto.
Corazón desbocado.

Si fuera un anime, de ella saldrían corazones a su alrededor. La dama se perdió en lo mucho que adoraba al hombre, tanto que se dejo llevar hasta dónde él decidió mientras en su interior pensaba en mil y un objetivos positivos para el pelirrosado. Cuando soltó su mano, el frio la invadió, y su expresión denotó la falta de felicidad, esa que sintió cuando la tocó. El siguió hablando, por supuesto que ella lo seguía, su explicación era ley marcial pero eso no quitaba que estuviera triste por lo efímero de su contacto… aunque mejor así, ella odiaría ensuciarlo con la mugre de su pasado.

¡Vamos! Hazlo hasta cansarte[/align

— ¿Casarme? — repitió confusa, evitando decir que ya lo estaba, aunque fuera unilateral con un perfecto marine pelirrojo, luego cayo en cuenta que era “cansarse” — Aaaaah practicar y practicar hasta lograrlo. Lo tengo, creo, aunque seguro me canso rápido porque no soy muy atlética pero he estado entrenando así que posiblemente dure un poco más de lo que pense inicialmente... — empezó a hablar al tiempo que abría y cerraba las manos, como para calentar sus dedos antes de los golpes  — échate un poco hacia atrás por favor, Algodón de Azúcar, no quiero darte por error, o que alguna de estas piedras caiga sobre ti, porque entonces me vere en la obligación de destrizarlas todas — declaró con una enorme sonrisa que alumbraba sus orbes ámbar, no mentía… quien o qué tocará a su doctor, iba a sufrir su ira.

Un golpe, dos golpes, tres golpes. Primero con la diestra, luego con la izquierda. No buscaba hacerlas añicos, sus golpes se podrían considerar suaves sin odio ni violencia, porque ella no sentía eso… menos contra una roca loca que crecía al revés. Con el paso de los minutos, fue dando saltitos y golpeando más y más, pensando en sus brazos de ¿titanio? Si, eso dijo, Hyákinthos. Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos. Poderosa. Invencible. Una armadura en su cuerpo. Nadie la haría sentir dolor. Un poco, de pronto una leve sensación, diferente pero igual, a la magia que le enseñaron los pollos blancos, la hizo sentir adrenalina, aumentar la velocidad de sus golpes…. Y por un momento jurar que veía sus manos diferentes, un parpadeo, la roca frente a ella se fracturo en mil pedazos. Por reflejos cerros los ojos  — Disculpa piedrecita…  — se disculpó con la respiración entrecortada por el tiempo que invirtió en ese momento  — ¿Sigo con… sigo con otra? — giró a ver al hombre de sus sueños. La verdad no entendía nada pero si él quería que golpeara todas las estalactitas de ese lugar, lo haría sin dudar.



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RE: ¿Cómo puedo endurecer mi corazón si se trata de ti? :: PR :: Corazologia I - por Maria Merlot - 26-09-2026, 06:02 PM

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