[Presente Relativo] | La Sombra Del Ancla | [Aventura T1] [Vixen & Fumi]
#4
El silencio fue un acompañamiento en el momento que escucharon el sonido de la voz de la mujer de largo cabello oscuro y orejas de conejo. Apenas duró unos escasos segundos. Uno de los cobradores, que se encontraba más cerca de las mesas, giró lentamente la cabeza hacia Vixen en cuanto la vio ponerse en pie lentamente. Hasta entonces, la presencia de la Humink conejo había resultado en un segundo plano para los cobradores, el camarero y los clientes que todavía se hallaban aterrorizados, pero la forma que tuvo de levantarse dejó clara su intención, no había pasado desapercibida para quienes estaban más cerca de ella. Uno de ellos hizo una mueca al escucharla, elevando su diestra y señalando a la humink con el dedo pulgar de su mano derecha. —¿Y esta de dónde ha salido? — Otro, situado unos pasos más atrás, soltó una breve carcajada, divertido por la situación que parecía darse.

—¿Qué pasa? ¿Ahora también tenemos que aguantar a los héroes de turno? Ya dijimos antes que os lo pensarais dos veces. — El hombre que parecía estar llevando la voz cantante hasta entonces, todavía desde la barra, ni siquiera respondió de inmediato. En un momento dado se había apoyado en un lado de la barra con sus codos, sin embargo, se apartó, abriendo sus labios con intención de contestar... Si no fuera por la repentina e inesperada llegada de una nueva llegada. Su mirada pasó de Vixen a la recién llegada que acababa de irrumpir de forma tan llamativa.

Claro que, desde la perspectiva de Fumi, pudo ver a algunas personas, incluso fuera del local, alguien fumando, otros paseando... Aparentemente ajenos a lo que ocurría en el interior. Podía ver desde el umbral de la puerta a los individuos, la escena que se estaba propiciando en el interior, las amenazas y los cristales rotos.
Contenido Oculto


Ahora bien, tras su increíble entrada y la amenaza, Fumi había conseguido algo que ni siquiera los gritos anteriores habían logrado. Por unos segundos, todos se quedaron quietos, en silencio. Uno con una silla sobre su cabeza, otro con una botella al lado de la barra, incluso alguien, quizás un cliente que había estado un largo rato pasando en el baño todavía sostenía sus pantalones y estaba quieto, estupefacto ya no solo por su entrada, sino también la situación que ni él comprendía. Hubo alguien que no tomó aquella gloriosa entrada como algo positivo. Al contrario, palideció, el camarero, quien hasta entonces había intentado calmar el ambiente, ahora estaba impactado, asustado, viendo lel destrozo en la entrada principal de su local. —¡¿Qué?! ¡No, no, no! — exclamó, mirando primero a Fumi y después a los cobradores —¡Por favor, no rompáis nada más! ¡Necesito el local para comer! —  Sus ojos recorrieron rápidamente las mesas destrozadas, las botellas rotas y los muebles que ya habían sufrido bastante aquella noche. Estaba claro que cada vez estaba más y más pálido, el miedo ahora escalaba incluso más, juntando ambas manos a modo de súplica. —¡Esta es mi taberna! ¡Por todos los mares! — La desesperación en su voz dejaba claro que aquella amenaza, aunque quizá pretendiera intimidar a los cobradores, había tocado precisamente donde más le dolía a él.

Por el contrario, quien parecía llevar la voz cantante dejó escapar una risa seca. De hecho la torpeza de la recién llegada era incluso mejor, algo que los cobradores estaban viendo como algo mejor. Si aceptaban la amenaza, al menos a su modo de ver, solo era mayor ventaja.

—No sé de qué agujero habrás salido, pero si vienes buscando problemas, has elegido un lugar muy acertado ahora mismo.

Su sonrisa solo se ensanchaba, ampliándose de oreja a oreja. Entonces dio un paso hacia adelante con aire seguro y firme. —Y tampoco entiendo qué clase de idiotas se creen que pueden meterse en asuntos ajenos y salir tan campante. — Por supuesto, esta vez hablaba con ambas mujeres, con un tono menos tranquilo, igual de amenazante y despectivo que el empleado al camarero. Y ahora ya no solo era cuestión de dinero. —Como hemos dicho, nosotros no planeamos irnos hasta recibir lo que nos merecemos. — Elevó su mano, señalando esta vez al camarero, quien se estremeció. —Este hombre tiene una deuda y lleva seis meses sin pagarla. Nosotros venimos a cobrarla. No hay nada más. ¿O acaso planeáis pagar vosotras por él? ¿Hm?

Señaló con la barbilla al dueño de la taberna. —Si queréis encargaros de que cobremos de lo lindo... — Una sonrisa torcida apareció en su rostro, ahora cargada de ego —...podéis intentarlo. — Fue entonces que el camarero volvió a ponerse nervioso, volviendo a tomar un valor que había perdido, posicionándose justo frente al varón que se hallaba todavía cerca de la barra. Tragó saliva, pero alzó la voz por primera vez desde que todo el caos había iniciado.

—¡No! ¡Ellas no tienen nada que ver con esto! — Abrió ambos brazos, tratando de barrerle el paso como un silencioso escudo. Sus ojos, llenos de estrés, ahora parecían querer dejar caer alguna lágrima que contuvo. —¡No quiero que nadie más salga herido por mi culpa! Se lo suplico...— La frase provocó que varios de los cobradores intercambiaran miradas y uno de ellos resopló, solo para hablar como respuesta, girando ligeramente su rostro y con una mueca desagradable.

—Pues haber pagado. —  El camarero bajó la mirada. Por un momento pareció que iba a responder y, sin embargo, no fue capaz, conociendo bien su propia situación. Sus manos se mantuvieron en la misma posición y él ni siquiera se apartó, pero sí dejó caer la mirada lentamente. Sus hombros temblaban, producto de la mezcla de terror y debatirse con mantener la calma, sus pensamientos atormentándolo en silencio.

—Ya os he dicho que no puedo... — Aquella respuesta hizo que el cobrador que había hablado con él anteriormente se acercara un poco más, esta vez a él directamente, a duras penas manteniendo una distancia muy pequeña.

—Entonces tendremos que buscar otra forma de recuperar lo que nos debes. — La frase quedó suspendida en el aire, los ojos del cobrador contemplaban al camarero con desagrado, sin una pizca de comprensión ni intento de empatía alguna. Mientras tanto, a su alrededor, los clientes que todavía permanecían en la taberna comenzaron finalmente a apartarse lentamente. Algunos se escondieron detrás de las mesas, otros se dirigieron hacia las paredes y más de uno aprovechó el caos para buscar una salida. El ambiente había cambiado por completo. Ya no quedaba demasiado de aquella tranquila taberna de hacía unos minutos, solo la madera rota, cristales esparcidos por el suelo, mesas desplazadas y un grupo de hombres que no parecía tener intención de marcharse, además del desastre de la puerta principal que había ocasionado la mujer del casco.

El cobrador volvió a mirar a las dos mujeres por encima del hombro del camarero —Vamos, “heroínas”. — Abrió ligeramente los brazos.

—Enseñadnos qué sabéis hacer.

Uno de sus compañeros dio un paso hacia un lado, mientras otro ajustaba la mano alrededor del mango de su arma. Ninguno había atacado todavía, pero la distancia entre ambos grupos comenzaba a reducirse y, esta vez, nadie parecía dispuesto a echarse atrás.

Cajita de Tabaco

[Imagen: bTjgVIr.png]
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RE: [Presente Relativo] | La Sombra Del Ancla | [Aventura T1] [Vixen & Fumi] - por Onizuka Jin - Ayer, 04:01 AM

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