25-09-2026, 03:24 PM
Tras mucho tiempo, y caminar, había terminado en la capital de aquella inmensa isla. El tiempo había sido inclemente durante casi todo el camino, e incluso ahora estaba nevando. Según te ibas acercando a la ciudad lo primero que te llamaba la atención era la combinación de colores de los tejados con su forma, unido todo ello al color rojo de los ladrillos usados en la construcción de los edificios. Me daría miedo tener que subir a un tejado así, si ya de por si los inclinados y de tejas eran un peligro, estos sin duda eran mucho menos estables. Puede que, de hecho esa fuera la finalidad, evitar que la gente subiera o huyera de forma fácil por ellos.
Las calles estaban llenas de gente moviéndose en todas direcciones, estando más llena de vida que las costeras y eso ya era decir mucho. Seguro que el mercado estaría lleno de objetos raros y comidas exóticas, sin contar el olor a alcohol que llenaba el ambiente. El de la capital parecía un olor más suave, más refinado por así decirlo que el de la costa. Seguramente aquí fuera de mayor calidad y hubiera mucha más variedad, aunque eso no era necesariamente bueno. Y menos si pasando por algún puesto de querían hacer probar su productos. Puede que fuera solo por ser yo, o una forma de captar clientes nuevos, pero no les iba a decir que no.
Probé bastantes tipos de bebidas espirituosas a lo largo de una de las calles que llevaban hacía el centro de la ciudad. Por supuesto, no descuidé intercalar pruebas de comida entre medias, así no terminaría borracha como una cuba antes de llegar a la plaza que se veía al fondo, o incluso a la mitad de la calle. No es que yo estuviera acostumbrada a beber, pero las Okama de la isla karate me habían enseñado un par de cosas. Sobre todo de ese licor fuerte que llamaban hada verde. A pesar de todo, llegué hasta una plaza con bancos, cubiertos por la nieve, a excepción de uno ocupado por un hombre, o semigigante por su tamaño.
El efecto de aquella bebida comenzaba a hacer efecto en mi cuerpo, que notaba calentarse hasta puntos que no me gustaban. Así que imite a aquel hombre sentado, pero a mi manera. Limpié un poco el asiento, me quité el abrigo y lo coloqué sobre el mismo. Me senté sobre el abrigo y procedí a quitarme la camisa y la falda, colocándolas a mi espalda sobre el abrigo. El frescor ambiental, al contraste con mi temperatura actual hacía que alrededor de mi piel se formará una especie de neblina. Estaba justo enfrente de aquel hombre que ahora mismo se estaba estirando.
Las calles estaban llenas de gente moviéndose en todas direcciones, estando más llena de vida que las costeras y eso ya era decir mucho. Seguro que el mercado estaría lleno de objetos raros y comidas exóticas, sin contar el olor a alcohol que llenaba el ambiente. El de la capital parecía un olor más suave, más refinado por así decirlo que el de la costa. Seguramente aquí fuera de mayor calidad y hubiera mucha más variedad, aunque eso no era necesariamente bueno. Y menos si pasando por algún puesto de querían hacer probar su productos. Puede que fuera solo por ser yo, o una forma de captar clientes nuevos, pero no les iba a decir que no.
Probé bastantes tipos de bebidas espirituosas a lo largo de una de las calles que llevaban hacía el centro de la ciudad. Por supuesto, no descuidé intercalar pruebas de comida entre medias, así no terminaría borracha como una cuba antes de llegar a la plaza que se veía al fondo, o incluso a la mitad de la calle. No es que yo estuviera acostumbrada a beber, pero las Okama de la isla karate me habían enseñado un par de cosas. Sobre todo de ese licor fuerte que llamaban hada verde. A pesar de todo, llegué hasta una plaza con bancos, cubiertos por la nieve, a excepción de uno ocupado por un hombre, o semigigante por su tamaño.
El efecto de aquella bebida comenzaba a hacer efecto en mi cuerpo, que notaba calentarse hasta puntos que no me gustaban. Así que imite a aquel hombre sentado, pero a mi manera. Limpié un poco el asiento, me quité el abrigo y lo coloqué sobre el mismo. Me senté sobre el abrigo y procedí a quitarme la camisa y la falda, colocándolas a mi espalda sobre el abrigo. El frescor ambiental, al contraste con mi temperatura actual hacía que alrededor de mi piel se formará una especie de neblina. Estaba justo enfrente de aquel hombre que ahora mismo se estaba estirando.
Como nos veriamos más o menos
Karmas

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