25-09-2026, 07:29 AM
(Última modificación: 25-09-2026, 11:05 AM por Hasegawa Shin.)
El porte del fantasma nocturno azabache le hizo entender de inmediato ante qué tipo de actitud estaba presente, transformando su sonrisa a una que expresaba más caos que interés genuino por seducirla. La galantería de Hasegawa siempre se mostraba como un método de control social y, de tanto en tanto, si la mujer frente a él le interesaba y le seguía el juego lo suficiente, se permitía distraerse durante un rato antes de volver a desaparecer, encarnando el desastre emocional que se negaba a exhibir.
Por eso nació desde el fondo de su instinto payaso una profunda felicidad, pues sabía que la chica frente al cristal de sus gafas oscuras era una de esas víctimas ideales ante los súbitos cambios de actitud que puede imponer. Incluso si no reaccionaba acorde a sus predicciones, el simple hecho de molestarla en lugar de mantener vigente su patrullaje alrededor de la base valía completamente la pena, motivo que lo llevó a dejarla hablar sin interrupciones, o al menos lo intentaría.
Y el filo de sus orbes azulados no tardó en trasladarse a su labia, acusándolo de usar el mismo truco con otras mujeres y cuestionando si le resultaba efectivo o sólo pretendía hacer el ridículo ante ella específicamente. Shin soltó aire por la nariz, a penas y conteniendo el impulso de reír que lo atacó ante semejante respuesta y gozándose la maravillosa actuación de la marine desconocida en aquel escenario que, al menos de momento, únicamente existía en la mente del albino.
Su tono de voz resultaba inquietantemente peligroso, eso consiguió volver a llamar la atención de Hasegawa, quien había olvidado de manera súbita que antes de aquella interacción estaba bastante cansado, pues el entusiasmo y la emoción se percibían en pequeños micro gestos de su rostro. Sonrisas, cejas alzadas en centésimas fugaces, o ladeos de cabeza repletos de curiosidad, de hecho ese último movimiento lo realizó al mismo tiempo que la morena, quien volvió a pronunciar la palabra fantasma y atacó al gusto por la frase elegida.
¿Quizás se había enojado de verdad? Utilizó las características ofensivas femeninas que empezaban o incluían "un hombre como tú", sin saber quizás que carecía por completo del concepto "masculinidad frágil", notándose en la forma en que celebró ese comentario exacto con, esta vez sí, una carcajada sonora y sincera. —Okey, esa fue buena, te lo concedo. —apuntó hacia ella con el índice de su diestra, y entonces, decidió sentarse exactamente como ella en la pequeña cornisa hacia el vacío, cediéndole una distancia apropiada entre ambos y con la diferencia de que sus pies estaban encarados hacia la salida, al revés que ella. La azabache concluyó sugiriéndole seguir su camino si el único objetivo en su cabeza era tratar de seducirla, lastimosamente el marine ahora tenía otro propósito en mente.
O quizás dos, porque además de intentar descubrir qué la volvía tan hostil, le intrigaba saber si existía una persona socialmente accesible bajo aquella laguna de llamas que presumía al resto como escudo.
—Deberías tranquilizarte un poco, o te van a salir canas. —el mismo dedo índice que había apuntado hacia ella señaló las hebras oscuras de la mujer. A los pocos segundos volvió hacia las suyas —Lo digo por experiencia. —una broma suelta, relajada y sutil, una que Hasegawa decoró con su propia risa porque no esperaba nada de su interlocutora.
—Evidentemente uso el mismo truco con todas las mujeres que me cruzo, hasta el día de hoy acumulé un cien por ciento de efectividad. Rompiste mi racha, ¿no serás especial, hm? —con todo el descaro del mundo, le mintió sobre la afirmación que ella le dedicó instantes atrás, portando una sonrisa tan segura que aquel comentario podía pasar totalmente a modo de verdad absoluta ante más de uno. Y su elección resultaba curiosa, porque podría haber sido sincero y elegir una respuesta que lo deje en mejor lugar.
El caso es que asumió que ella no iba a creerle de todas formas.
—¡Anímate, fantaaaaasma-chan! —alzó los brazos hacia el cielo, intentando contagiarle su propio estado de ánimo, y rematando con un regalo total sobre parte de su filosofía, visible en la amplia curva de sus labios —En este mundo, los que sonríen son los más fuertes. Deberías probarlo. —asintió, dispuesto al menos en apariencia a dejarla en paz, muy a pesar de que algo en su interior seguía empujándolo a hacer otra estupidez. Bueno, en realidad no se podía engañar a nadie, obviamente iba a hacer esa estupidez.
El albino volvió a deshacerse en luz, esta vez no se "rompió" en partículas diminutas, sólo fue tan rápido que los reflejos ajenos iban a ser incapaces de seguirlo, y tan pronto como ese flash súbito lo hizo perderse entre la bruma nocturna, reapareció en el mismo lugar, esta vez con las piernas también sueltas hacia el vacío. ¿La diferencia? Muy sencilla, en ese fragmento de tiempo donde su velocidad superó con creces la capacidad de reacción contraria, utilizó el poder de su fruta del diablo para quitarse las gafas y colocárselas con enorme precisión a la chica, dejándola con un look... de lo más particular.
—¡Oye! Te quedan un poco grandes, pero tienes el tipo de facciones donde diría que nada podría lucir mal en ti... —formó con sus dedos un rectángulo enfocando su rostro, bajando el párpado derecho y observándola sólo con su iris izquierda. Aunque eso no duró demasiado, en su misión de intentar hacerla reír volvió a bajar ambas manos hacia el soporte donde estaba sentando, mirando al cristal de sus gafas directamente si ella no se las había sacado, exhibiendo por fin el tono cerúleo de sus orbes. —Combina con tu cabello. —asintió múltiples veces, como si aquella dama de plata no hubiese sido hostil hacia él.
Por eso nació desde el fondo de su instinto payaso una profunda felicidad, pues sabía que la chica frente al cristal de sus gafas oscuras era una de esas víctimas ideales ante los súbitos cambios de actitud que puede imponer. Incluso si no reaccionaba acorde a sus predicciones, el simple hecho de molestarla en lugar de mantener vigente su patrullaje alrededor de la base valía completamente la pena, motivo que lo llevó a dejarla hablar sin interrupciones, o al menos lo intentaría.
Y el filo de sus orbes azulados no tardó en trasladarse a su labia, acusándolo de usar el mismo truco con otras mujeres y cuestionando si le resultaba efectivo o sólo pretendía hacer el ridículo ante ella específicamente. Shin soltó aire por la nariz, a penas y conteniendo el impulso de reír que lo atacó ante semejante respuesta y gozándose la maravillosa actuación de la marine desconocida en aquel escenario que, al menos de momento, únicamente existía en la mente del albino.
Su tono de voz resultaba inquietantemente peligroso, eso consiguió volver a llamar la atención de Hasegawa, quien había olvidado de manera súbita que antes de aquella interacción estaba bastante cansado, pues el entusiasmo y la emoción se percibían en pequeños micro gestos de su rostro. Sonrisas, cejas alzadas en centésimas fugaces, o ladeos de cabeza repletos de curiosidad, de hecho ese último movimiento lo realizó al mismo tiempo que la morena, quien volvió a pronunciar la palabra fantasma y atacó al gusto por la frase elegida.
¿Quizás se había enojado de verdad? Utilizó las características ofensivas femeninas que empezaban o incluían "un hombre como tú", sin saber quizás que carecía por completo del concepto "masculinidad frágil", notándose en la forma en que celebró ese comentario exacto con, esta vez sí, una carcajada sonora y sincera. —Okey, esa fue buena, te lo concedo. —apuntó hacia ella con el índice de su diestra, y entonces, decidió sentarse exactamente como ella en la pequeña cornisa hacia el vacío, cediéndole una distancia apropiada entre ambos y con la diferencia de que sus pies estaban encarados hacia la salida, al revés que ella. La azabache concluyó sugiriéndole seguir su camino si el único objetivo en su cabeza era tratar de seducirla, lastimosamente el marine ahora tenía otro propósito en mente.
O quizás dos, porque además de intentar descubrir qué la volvía tan hostil, le intrigaba saber si existía una persona socialmente accesible bajo aquella laguna de llamas que presumía al resto como escudo.
—Deberías tranquilizarte un poco, o te van a salir canas. —el mismo dedo índice que había apuntado hacia ella señaló las hebras oscuras de la mujer. A los pocos segundos volvió hacia las suyas —Lo digo por experiencia. —una broma suelta, relajada y sutil, una que Hasegawa decoró con su propia risa porque no esperaba nada de su interlocutora.
—Evidentemente uso el mismo truco con todas las mujeres que me cruzo, hasta el día de hoy acumulé un cien por ciento de efectividad. Rompiste mi racha, ¿no serás especial, hm? —con todo el descaro del mundo, le mintió sobre la afirmación que ella le dedicó instantes atrás, portando una sonrisa tan segura que aquel comentario podía pasar totalmente a modo de verdad absoluta ante más de uno. Y su elección resultaba curiosa, porque podría haber sido sincero y elegir una respuesta que lo deje en mejor lugar.
El caso es que asumió que ella no iba a creerle de todas formas.
—¡Anímate, fantaaaaasma-chan! —alzó los brazos hacia el cielo, intentando contagiarle su propio estado de ánimo, y rematando con un regalo total sobre parte de su filosofía, visible en la amplia curva de sus labios —En este mundo, los que sonríen son los más fuertes. Deberías probarlo. —asintió, dispuesto al menos en apariencia a dejarla en paz, muy a pesar de que algo en su interior seguía empujándolo a hacer otra estupidez. Bueno, en realidad no se podía engañar a nadie, obviamente iba a hacer esa estupidez.
El albino volvió a deshacerse en luz, esta vez no se "rompió" en partículas diminutas, sólo fue tan rápido que los reflejos ajenos iban a ser incapaces de seguirlo, y tan pronto como ese flash súbito lo hizo perderse entre la bruma nocturna, reapareció en el mismo lugar, esta vez con las piernas también sueltas hacia el vacío. ¿La diferencia? Muy sencilla, en ese fragmento de tiempo donde su velocidad superó con creces la capacidad de reacción contraria, utilizó el poder de su fruta del diablo para quitarse las gafas y colocárselas con enorme precisión a la chica, dejándola con un look... de lo más particular.
—¡Oye! Te quedan un poco grandes, pero tienes el tipo de facciones donde diría que nada podría lucir mal en ti... —formó con sus dedos un rectángulo enfocando su rostro, bajando el párpado derecho y observándola sólo con su iris izquierda. Aunque eso no duró demasiado, en su misión de intentar hacerla reír volvió a bajar ambas manos hacia el soporte donde estaba sentando, mirando al cristal de sus gafas directamente si ella no se las había sacado, exhibiendo por fin el tono cerúleo de sus orbes. —Combina con tu cabello. —asintió múltiples veces, como si aquella dama de plata no hubiese sido hostil hacia él.
Let there be light
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