24-09-2026, 10:21 PM
Día 78 de Verano, Año 18
La noche había caído en Karate, eran aproximadamente las 22:00. La taberna era un ambiente habitual para muchos pero esa noche había por lo pronto dos caras poco conocidas sentados en una mesa redonda de madera ya gastada, uno de ellos era el lunarian visiblemente más pigmeo que otros de su raza teniendo el porte de un humano cualquiera quizás apenas más alto que la media. Sus alas estaban cerradas, y sus piernas sobre la mesa mientras que junto a sus pies había una pequeña criatura de cabellos anaranjados vestido con ropitas tejidas a mano que comía una manzana contento ignorando los gritos.
— Vete a la verga, feito ¡El siguiente Che!
En frente de ellos había un señor mayor vestido de marinero, quizás alguien que en su momento fue un pirata pero ahora no contaba con el mayor de los esplendores de sus años mozos. Sin más suspiró insatisfecho por el trato que el albino le había dado, se levantó de la mesa y asintió con la cabeza antes de dar media vuelta y retirarse.
¿Pero porque había una fila de personas? Era simple, había pegados un par de carteles a lo largo y ancho de la ciudad que citaban en una letra mal escrita pues Road le había pedido como favor a un par de personas, entre ellos niños a los que sobornó con Puchero haciendo trucos, que lo ayudasen a escribir una serie de papeles que dijesen lo siguiente:
"¿Eres feo y no sabes que verga hacer con tu vida? ¿Te gustan los animales? ¿Alguna vez pensaste que tu vida es aburrida y estás preso del tedio? ¿La libertad te gusta pero en cualquier momento puede venir un chaladito a sacártela? NO TEMAS, LOS HIJOS DE LA LIBERTAD TE ESTÁN BUSCANDO Y MÁS TE VALE QUE CUANDO TE ENCUENTREN ESTÉS LISTO Y CON ROPA INTERIOR LIMPIA. La primer prueba es encontrarme."
También dejó una hora, y unas pistas vagas para hallar el punto de encuentro. Ya habían venido aproximadamente cinco o seis personas a preguntar de que se trataba, algunos eran curiosos, otros simplemente iban por error o preguntaban de que se trataba antes de que Road los echase. A decir verdad, el Lunarian no era precisamente el más paciente o didactico. Necesitaba alguien llamativo, alguien que captase su atención más de diez segundos, y era mucho decir de parte del tipo con un perpetuo olor a rosas.
Suspiró, tiró su flequillo hacia atrás y llevó su mirada hacia Puchero, su mono.
— ¿Acaso todos los bobis feos aburridos vendrán Pucherito? Quizás solo debamos buscar a Eele e irnos al pingo ¿Por qué me tuvieron que hacer tan interesante que eclipso a todos a mi alrededor pucherito?
El mono siguió masticando la manzana mientras ignoraba a su mejor amigo.
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