24-09-2026, 07:04 PM
Kibai acabó de confirmar que Moja parecía haberse evaporado. Ignoraba las razones por las cuales su compeñro de la marina había decidido irse por su cuenta y riesgo, especialmente teniendo en cuenta todas las circunstancias actuales, y más sin decirle absolutamente nada a nadie. No obstante, el mink confiaba en que tuviese preparada una buena explicación a su regreso. En aquel momento, el comentario de Bertram lo sacó de sus pensamientos, y Kibai alzó una ceja, notando como crecía en él un repentino interes ante el comentario del contramaestre.
Lo cierto era que nunca había cruzado armas con el pelirrojo, aunque si había conbatido a su lado en diverssas ocasiones: contra los dinosaurios de Little Garden, el traidor de Wasow, los conejos gigantes de Drum... Desde luego, habían pasado una cantidad decente de tiempo luchando juntos, el suficiente como para apetecerle comprobar qué tal estaban sus fuerzas contra él.
Con una grave inclinación de cabeza, el mink asintió, recogiendo el bokken de dónde lo había dejado la noche anterior. Aunque la idea de enfrentarse contra Bertram no le disgustaba, no era tan ingenuo como para arriesgarse a hacerle una herida seria a su compañero de División, especialmente teniendo en cuenta todo lo que estaba aconteciendo desde que habían decidido salir de Skypiea. Al igual que el enfrentamiento que había tenido contra Moja en Drum, en el cual ambos habían entrado en Sulong para comprobar su dominio de la habilidad ancestral de los minks, en esta ocasión Kibai tendría que medirse.
— Sea pues, señor. Coincido en que a mi también me vendría muy bien el desestresarme un poco con algo de ejercicio, la verdad...
El mink caminó lentamente hasta situarse a unos diez metros de Bertram, en medio y medio de los siete metros de ancho que había en aquella parte del promontorio rocoso en el que la División había elegido colocar su campamento base. Los ojos esmeralda de Kibai refulgieron con un brillo azulado, mientras se colocaba en posición de combate. Accediendo a su reserva de energía interna, el mink canalizó Haki de Armadura a lo largo del Bokken, tal y como el maestro Kaelith le había instruido que hiciese siempre que le fuese posible.
— Cuando guste comenzar contramaestre, será un placer medir fuerzas contra usted!
Lo cierto era que nunca había cruzado armas con el pelirrojo, aunque si había conbatido a su lado en diverssas ocasiones: contra los dinosaurios de Little Garden, el traidor de Wasow, los conejos gigantes de Drum... Desde luego, habían pasado una cantidad decente de tiempo luchando juntos, el suficiente como para apetecerle comprobar qué tal estaban sus fuerzas contra él.
Con una grave inclinación de cabeza, el mink asintió, recogiendo el bokken de dónde lo había dejado la noche anterior. Aunque la idea de enfrentarse contra Bertram no le disgustaba, no era tan ingenuo como para arriesgarse a hacerle una herida seria a su compañero de División, especialmente teniendo en cuenta todo lo que estaba aconteciendo desde que habían decidido salir de Skypiea. Al igual que el enfrentamiento que había tenido contra Moja en Drum, en el cual ambos habían entrado en Sulong para comprobar su dominio de la habilidad ancestral de los minks, en esta ocasión Kibai tendría que medirse.
— Sea pues, señor. Coincido en que a mi también me vendría muy bien el desestresarme un poco con algo de ejercicio, la verdad...
El mink caminó lentamente hasta situarse a unos diez metros de Bertram, en medio y medio de los siete metros de ancho que había en aquella parte del promontorio rocoso en el que la División había elegido colocar su campamento base. Los ojos esmeralda de Kibai refulgieron con un brillo azulado, mientras se colocaba en posición de combate. Accediendo a su reserva de energía interna, el mink canalizó Haki de Armadura a lo largo del Bokken, tal y como el maestro Kaelith le había instruido que hiciese siempre que le fuese posible.
Contenido Oculto
— Cuando guste comenzar contramaestre, será un placer medir fuerzas contra usted!
La Caja de Pandora
