24-09-2026, 02:33 PM
(Última modificación: 24-09-2026, 08:01 PM por Juan Sebastian.)
Hanayama observó en guardia cómo el galante buccaneer se acercaba a ella. Le sorprendió saber que no solo era un hombre extremadamente voluminoso, musculado y hermoso, sino que, por lo visto, también era escritor. Cuando Magnus le extendió la mano, la imponente marine abandonó su postura de combate y la cogió sin vacilación. Después de todo, una flor siempre debe mantener su elegante presencia cuando la situación lo amerita.
—Nfunfu —rio tímidamente mientras se tapaba sutilmente los labios con la otra mano. —Parece que aún quedan hombres de verdad, slayyy.
Hani observó al revolucionario sin apartar la mirada de sus labios. Ya había decidido cuáles serían sus acciones una vez entró por la puerta, pero los modales hacían a las damas y ella lo sabía mejor que nadie. Con una sonrisa coqueta, admitió los cargos de los que se le estaban acusando.
—Es muy simple, mi hermoso caballero de cabellos plateados —le dijo después de darle un beso en la mejilla, al tiempo que agarraba una vez más su mano y la elevaba para luego dar vueltas debajo de la misma, como si de una bailarina se tratase. Sus elegantes movimientos eran dignos de las más sofisticadas obras de baile, pero sus subordinadas, lejos de observar con la pasión que solían transmitir, mostraban rostros de duda y preocupación. No era para menos, después de todo, ellas eran las que solían encargarse de recoger a los hombres que tenían el valor de pasar una noche con la Sister.
Tras unos gráciles giros, Hanayama conectó una patada lateral con su pie derecho directa en el abdomen de Magnus, provocando que el enorme poeta quedase completamente desorientado. No eran patadas normales las propinadas por la exuberante mujer, pues estaban cargadas por los celos y la pasión al ver a un hombre que posiblemente podría darle ese placer que llevaba tanto tiempo buscando.
—Cariño, ¿necesita motivos un pez para nadar, o un cisne para batir sus alas y emprender su majestuoso vuelo? No necesito motivos para usar a la basura sin clase como me plazca, tal es la virtud de las divas, somos especiales, slayyy.
Entonces, mientras Magnus se recuperaba, posó su mano izquierda con delicadeza en su rostro. —Ahora quiero que me des con todo lo que tienes, cariño. Más te vale no decepcionarme, mi amor.
Una de las chicas cargó a Eugenio para sacarlo de la zona del combate mientras el resto miraba con intriga. Magnus parecía ser capaz de aguantar los golpes de la más fiera de las rosas, era la primera vez que ellas observaban a un hombre recibir un ataque suyo sin quedar con lesiones permanentes. Incluso cuando querían saber lo que pasaba con los más valientes que se adentraban en su habitación personal, lo único que escuchaban eran terribles gritos de agonía desenfrenada.
—Nfunfu —rio tímidamente mientras se tapaba sutilmente los labios con la otra mano. —Parece que aún quedan hombres de verdad, slayyy.
Hani observó al revolucionario sin apartar la mirada de sus labios. Ya había decidido cuáles serían sus acciones una vez entró por la puerta, pero los modales hacían a las damas y ella lo sabía mejor que nadie. Con una sonrisa coqueta, admitió los cargos de los que se le estaban acusando.
—Es muy simple, mi hermoso caballero de cabellos plateados —le dijo después de darle un beso en la mejilla, al tiempo que agarraba una vez más su mano y la elevaba para luego dar vueltas debajo de la misma, como si de una bailarina se tratase. Sus elegantes movimientos eran dignos de las más sofisticadas obras de baile, pero sus subordinadas, lejos de observar con la pasión que solían transmitir, mostraban rostros de duda y preocupación. No era para menos, después de todo, ellas eran las que solían encargarse de recoger a los hombres que tenían el valor de pasar una noche con la Sister.
Tras unos gráciles giros, Hanayama conectó una patada lateral con su pie derecho directa en el abdomen de Magnus, provocando que el enorme poeta quedase completamente desorientado. No eran patadas normales las propinadas por la exuberante mujer, pues estaban cargadas por los celos y la pasión al ver a un hombre que posiblemente podría darle ese placer que llevaba tanto tiempo buscando.
—Cariño, ¿necesita motivos un pez para nadar, o un cisne para batir sus alas y emprender su majestuoso vuelo? No necesito motivos para usar a la basura sin clase como me plazca, tal es la virtud de las divas, somos especiales, slayyy.
Entonces, mientras Magnus se recuperaba, posó su mano izquierda con delicadeza en su rostro. —Ahora quiero que me des con todo lo que tienes, cariño. Más te vale no decepcionarme, mi amor.
Una de las chicas cargó a Eugenio para sacarlo de la zona del combate mientras el resto miraba con intriga. Magnus parecía ser capaz de aguantar los golpes de la más fiera de las rosas, era la primera vez que ellas observaban a un hombre recibir un ataque suyo sin quedar con lesiones permanentes. Incluso cuando querían saber lo que pasaba con los más valientes que se adentraban en su habitación personal, lo único que escuchaban eran terribles gritos de agonía desenfrenada.
Tortuga Narradora

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