24-09-2026, 12:52 PM
(Última modificación: 24-09-2026, 12:53 PM por Vixen Ventress.)
75 de Verano, Año 18
21:25 Pm
A las cercanías de la Taberna La Sombra del Ancla
El hambre es una implacable fiera que devora el cuerpo desde dentro, y Vixen experimentaba aquel tormento con una intensidad que casi igualaba a su propia ferocidad. Las calles del puerto se desvanecían tras ella mientras sus pies dejaban huellas rítmicas en el empedrado, un contrapunto sordo al golpeteo de su corazón impaciente. La noche se había apoderado ya de la isla, envolviendo los callejones en un manto de sombras que bailaban al ritmo de las parpadeantes farolas, proyectando siluetas alargadas y retorcidas que parecían moverse con vida propia. A Vixen no le importaba la oscuridad; sus ojos carmesí penetraban la penumbra como faros de sangre, detectando cada matiz, cada movimiento en los rincones donde la luz no se atrevía a llegar, un detalle que pasaba desapercibido para los ojos comunes.

Un grupo de marineros borrachos, cuyas risas resonaban un instante antes, enmudeció al verla acercarse. Sus ojos se abrieron de par en par y sus cuerpos se pegaron a las paredes para dejarle paso. Vixen no necesitaba oír sus cuchicheos para saberlos de memoria: «la giganta», «la Humink». Sus orejas de conejo captaban cada murmullo, pero para ella eran solo el zumbido insignificante de insectos. Los rumores eran como mosquitos; molestos, pero inofensivos a menos que les dejaras picar. Y Vixen nunca dejaba que la picaran.
El aroma la guio. No el olor a sal del mar ni el rancio perfume de los locales cerrados, sino algo mucho más prometedor: una mezcla de carne asada, cebolla caramelizada y, maldición, definitivamente zanahorias. Su nariz comenzó a moverse con rapidez; un tic involuntario del que no lograba zafarse. Sus sentidos se agudizaron al instante, siguiendo aquella estela aromática como un tiburón cuando persigue a su presa.
—Ahí está —susurré al avistar el letrero desgastado: «La Sombra del Ancla». El delicioso aroma que escapaba del interior me hizo sonreír—. Kishishi... ¡Hora de comer!
La taberna no parecía gran cosa desde fuera, pero Vixen había aprendido que las mejores joyas a menudo se esconden bajo capas de hollín y harina. Empujó la puerta con un movimiento decidido, haciendo sonar la pequeña campanita que anunciaba su llegada, un sonido agudo que cortó el murmullo ambiente como una navaja. El interior era un caos ordenado. El olor a comida caliente, mezclado con el humo del tabaco y el perfume del alcohol barato, creaba una atmósfera que, lejos de repelerla, la invitaba a entrar. Sus ojos carmesí recorrieron el local, evaluando a cada cliente y cada potencial distracción. La mayoría parecían inofensivos: comerciantes cansados, con rostros marcados por el sol; habitantes locales con miradas perdidas en sus copas; y algún que otro pirata de paso.
Detrás de la barra, un hombre con cabello negro azabache trabajaba con agotada eficiencia. Vixen lo notó de inmediato: la forma en que sus hombros sostenían el peso del mundo con una sonrisa, cómo sus manos, aunque rápidas y seguras al servir, llevaban una ligera tensión. Un hombre cargado de preocupaciones, aunque se esforzaba por ocultarlas tras una máscara de amabilidad profesional.

Vixen ocupó una mesa en una esquina estratégica, desde donde podía vigilar todo el perímetro, una vieja costumbre de quien confiaba más en sus patadas que en la suerte. Una vez acomodada, hizo su pedido, decantándose por algo fuerte para beber y, por supuesto, cualquier plato que llevara zanahorias. Mientras el hombre se alejaba para preparar mi pedido, dejé que mis sentidos se extendieran por la taberna. El murmullo de las conversaciones, el sonido de las copas y el ir y venir de los clientes llenaban el ambiente. El camarero regresó con una jarra de aguardiente de grano. Vixen lo observó mientras servía, notando cómo sus manos, aunque firmes, temblaban ligeramente. Algo lo atormentaba, algo más allá del simple cansancio del trabajo. Su mirada se desviaba constantemente hacia la puerta, cada vez que la pequeña campana sonaba.
El estofado llegó en un cuenco de barro humeante, y el aroma que emanaba era casi sobrenatural. Trozos de cerdo tierno que se deshacían con la mirada, zanahorias brillantes que prometían dulzura, y una salsa espesa y oscura que gritaba "COMEMEEEEE". Su primer bocado fue una revelación. La carne se derretía en su boca y las zanahorias proporcionaban el contrapunto dulce perfecto. El camarero sonreía desde detrás de la barra, al ver que alguien apreciaba realmente su comida.
Y entonces, la campanita sonó de nuevo.
Esta vez, el sonido no fue alegre. Fue agudo, penetrante, como una alarma de incendio. El ambiente cambió al instante. Vixen sintió el cambio antes de verlo. El aire se volvió denso, y Vixen no necesitó girarse para saber que algo andaba mal. Vio el rostro de Aiden desmoronarse. La sonrisa se desvaneció como la espuma en la playa, reemplazada por una máscara de puro terror.
Escuchó las amenazas. Escuchó el temblor en la voz del dueño cuando intentaba ganar tiempo. Y, sobre todo, escuchó la absoluta falta de empatía en las palabras de esos imbéciles.
—Seis meses... No tengo el dinero... Entonces empezaremos por el negocio —retumbaban las frases en la mente de Vixen como un eco molesto.
Una vena comenzó a latir con fuerza en su sien morena. Su instinto protector alfa, esa chispa interna que mezclaba un profundo desprecio por los abusones con un trauma personal no resuelto del todo, se encendió como gasolina arrojada al fuego. Ella no era una heroína. Pero nadie que jodiese su comida o la tranquilidad de un tipo honesto que acababa de prepararle un estofado de diez sobre diez iba a salir con los cojones intactos de aquella taberna. No estaba de humor para aguantar gilipolleces.
Cuando el primer cobrador lanzó una botella al suelo y la violencia estalló formalmente, volcando mesas y arrancando gritos de pánico entre los clientes, Vixen soltó un suspiro pesado, casi aburrido, mientras se ponía de pie lentamente.
—Pinga, qué manera tan grosera de arruinarme la digestión —murmuré para mí misma, con una sonrisa torcida, salvaje y desquiciada iluminándome el rostro—. Habéis elegido un momento de mierda para empezar con esto.

Bolsillo Táctico
![[Imagen: HC5Abkg.png]](https://imgur.com/HC5Abkg.png)
