23-09-2026, 10:08 PM
75 de verano, año 18
21:46pm
Taberna La Sombra Del Ancla
La calma se respiraba en la isla, así era aparentemente. Era una noche de calma, algo fresca, pero después de un largo día caluroso incluso se podía agradecer. Las calles que rodeaban el puerto parecía que habían comenzado a reducir el bullicio lentamente al ir oscureciendo el cielo. Lo único que podía acompañarlos en la isla en ese momento era, por ahora, el sonido de algún que otro borracho, el sonido de las maderas crujiendo en viejos edificios con construcciones algo más descuidados y, sin embargo, había un lugar donde la noche estaba muy lejos de terminar.
Esa era, la taberna que, pese a no verse ni grande ni llamativa, tenía una construcción de dos plantas, con un viejo letrero en la misma entrada que colgaba con el nombre del mismo, “La Sombra del Ancla”. Las letras estaban pintadas en la madera que colgaba en la parte superior de la entrada. Varias ventanas se veían iluminadas en el interior y, la pintura exterior se veía desgastada por los años, además de algunas tablas que claramente habían sido sustituidas por otras de distinta tonalidad, dando la impresión de que el establecimiento había logrado sobrevivir en más de una sola mala época. El interior, en cambio, se veía lleno de vida.
Al entrar, lo primero que podía darles la bienvenida era el olor a comida caliente, alcohol barato y tabaco, llenado el ambiente como algo característico y único del propio local. Varias mesas estaban ocupadas de clientes, algunos comerciantes, otros habitantes de la zona, algún que otro pirata que pudiera estar de paso quienes aprovechaban las últimas horas del día para beber algo antes de regresar a sus hogares.
Detrás de la barra, mientras tanto, se encontraba un camarero cabello negro azabache, denso y ondulado, recogido en un moño bajo e informal, dejando caer varios mechones rebeldes sobre la frente y los lados de la cara, con el cabello ligeramente largo que, actualmente, estaba sujeto con un pequeño moño tras su cabeza, viéndose elegante pero cansado. Sus ojos estaban cargados de ojeras aunque mantenía una sonrisa agradable y amable para todo cliente que se le presentara. Ahora el camarero estiraba una jarra de cerveza sobre la barra a uno de sus tantos clientes.
—Aquí tienes.
Hizo una pequeña pausa, contemplando su alrededor, viendo el ambiente calmado, solo para volver la mirada hacia su cliente, con un tono algo más severo, aunque manteniendo su misma amabilidad. Claramente no era el primer encuentro con ese cliente. —Y esta vez procura no romper otro vaso. — Desde el otro lado, el mismo cliente dejó escapar una carcajada antes de hablar.
—¡Fue un accidente! ¡Lo juro!
—Claro, claro. Todos los vasos que rompéis son accidentes.
El camarero negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció durante un instante en su rostro. Parecía una de tantas noches, algo normal y cotidiano para no solo el camarero, sino también dueño de la taberna que, pese a todo, se veía calmado y satisfecho... Si no fuera por algo concreto. El varón de vez en cuando paseaba la mirada en la entrada principal. Algo que podía ser sutil, pasar desapercibido para muchos, algo incluso que podría considerarse normal si esperaba clientes, pero si las personas se fijaban más en su expresión, podía ver una mirada preocupada. Cada vez que la puerta se abría su mirada iba directamente hacia ella y, al descubrir que no era quien esperaba, dejaba salir un suspiro de alivio y volvía una vez más a su labor, volviendo a mantener su sonrisa resplandeciente y amabilidad características del propio empleado.
Pero ahora sí, allí estaban. El sonido de la pequeña campanita que daba la bienvenida en la puerta desde la entrada principal sonó, haciendo que nuevamente el camarero volviera instantáneamente la mirada a la entrada. —¡Bienveni-...! — hizo una pequeña pausa, su sonrisa, pese a que se mantenía, ahora se veía más temerosa y ansiosa. —...dos... — terminó la frase, ahora en un tono mucho más bajo a la inicial.
Quienes entraban eran un grupo de hombres. Algunos de ellos se veían altos y corpulentos. Los caracterizaba un abrigo oscuro a un par de ellos, otros eran más jóvenes y con aspecto menos refinado. Dos de ellos llevaban garrotes colgando de la cintura, otro un cuchillo bajo su chaqueta, algunos iban con katanas y otros solo tenían unos guantes como si fueran a pelear en cualquier momento.
Contenido Oculto
El último en entrar cerró la puerta detrás de ellos. Las conversaciones en el interior de la taberna no se detuvieron de forma inmediata, pero sí fue disminuyendo lenta y progresivamente. Algunos miraban a los recién llegados, otros, borrachos, estaban ajenos a la situación que parecía presentárseles en ese momento. El grupo de hombres ni siquiera devolvió el saludo, no hubo respuesta por parte de ninguno de ellos. Uno se limitó a estudiar y analizar todas las mesas en la que varios clientes ya se encontraban cómodos. No hubo conversación directa de ninguno de ellos hasta que, finalmente, sus ojos se clavaron en el camarero que había tras la barra. Sonrió, ahora de oreja a oreja, con una malicia clara hasta que finalmente habló.
—Ah, mira, allí estás. — El camarero, al escucharlo, se quedó completamente inmóvil, por un momento, incluso pareció que se olvidó de respirar y su sonrisa, amable y agradable hasta entonces, de repente parecía desvanecerse por completo. Tragó saliva. La mano, que entonces estaba limpiando una copa, paró cualquier tipo de movimiento. Lentamente, descendió sus brazos, dejando la copa que había limpiado en una superficie para evitar que se cayera.
—Buenas noches — dijo finalmente. Su voz sonaba más seria, incluso algo temblorosa mientras observaba al grupo de hombres entrar. El recién llegado caminó hacia la barra, al igual que el resto de sus compañeros, que lo siguieron tras su espalda, para dejar escapar una carcajada que, claramente, no tenía nada de diversión.
—¡Maaahahahaha! ¡Buenas noches dice este! ¿Lo habéis oído? — el resto del grupo rió a carcajadas también, acompañándolo en una burla silenciosa. El camarero, sin embargo, no respondió, ni siquiera apartó las manos de debajo de la barra, ocultando el temblor de las mismas. Fue entonces cuando quien inició la burla golpeó la barra con ambas manos, inclinándose ligeramente para observar frente a frente al camarero. —Han pasado ya seis meses. — Su tono ahora sonaba a amenaza. El camarero, por su lado, descendió la mirada. Una gota de sudor frío recorría un lado de su frente, llegando a tragar saliva.
—L-lo sé... — murmuró en voz baja, sin tener el valor de observarlo directamente.
—¡Seis meses!
—He dicho que lo sé. — Su voz no sonaba agresiva, por el contrario, se mantenía baja, ahora incluso temblándole.
—Bien, bien. Entonces sabrás perfectamente por qué estamos aquí. — Las voces alrededor ahora comenzaron a apagarse, siendo que lo único que los acompañaba en todo el local era la suave música de los Den-Den Mushis que buscaba un aire ambiental y la conversación que se estaba dando en ese mismo instante. El hombre que había estado hablando esperó una respuesta que claramente no llegó. Eso no lo frenó. —¿Dónde está? — El nerviosismo del hombre se vio ahora más implícito.
—N-no lo tengo...
—No he preguntado si lo tienes o no, ¿o es que estás jodidamente sordo? ¿Eh? — Se inclinó ligeramente hacia el camarero, con un aire cargado de más amenaza. —Te he preguntado dónde mierda está. — Una vez más no hubo silencio, por el contrario, el silencio parecía extenderse por la taberna. El camarero apretó los dedos alrededor del paño que llevaba en la mano desde el otro lado de la barra.
—He tenido problemas. — Una vez más, una carcajada escapó de los labios del grupo de hombres, dejando que resonara por toda la taberna, incluso golpeando un par de veces más la barra del bar con una de sus manos.
—Mira, todos tenemos problemas.
—La temporada ha sido mala. Apenas he podido mantener el negocio abierto. Tengo una familia que alimentar...
—Eso no es asunto mío.
—Necesito un poco más de tiempo...
Esta vez ninguno de los hombres respondió inmediatamente. Que no hablaran resultó más incómodo que cualquier otra amenaza. El hombre se incorporó, elevando el rostro, con una expresión de disgusto. —Ya te dimos tiempo. — Descendió la otra mano para así apoyarse en la barra. —Mucho tiempo. — El camarero lo miró, al fin, teniendo el valor que hasta entonces le había faltado.
—Puedo pagar...
—¿Cuándo? — No hubo respuesta —Eso pensaba. — El hombre dio de nuevo un pequeño golpe sobre la barra. No fue especialmente fuerte pero sí suficiente para que algunas botellas y copas que se encontraban sobre ellas tintinearan y temblaran —Escucha bien, viejo. No hemos venido a discutir contigo. Nos debes dinero. Una cantidad que llevamos demasiado tiempo esperando. Hoy venimos a cobrar y no vamos a irnos hoy con las manos vacías. — El camarero respiró profundamente, buscando el valor que hasta entonces parecía haber desaparecido.
—No voy a entregaros lo poco que me queda. — Aquella frase cambió el ambiente. El hombre que había estado conversando dejó de sonreír.
—Entonces tendremos que buscar otra manera.
Uno de sus acompañantes dio un paso hacia la barra, el camarero retrocedió. —No aquí.
—¿Por qué no?
—Porque esto es mi negocio.
—Entonces quizá deberías haber pensado en eso antes de pedir dinero prestado. — El camarero apretó los dientes y las manos con más fuerza... Hasta que alguien, desde una mesa cercana, habló interrumpiendo el momento, haciendo que todos se voltearan en su dirección.
—¡Eh! — Todas las miradas se desviaron hacia allí. Era uno de los clientes que llevaba ya varias copas encima. Levantó la mano, ahora claramente molesto. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas por el alcohol que ya llevaba encima. —Si vais a pegarle, hacedlo fuera. — Uno de los cobradores lo miró con disgusto —Tú no te metas.
—Estoy intentando beber tranquilo.
—Pues sigue bebiendo.
—Lo estaba haciendo hasta que habéis empezado a gritar. — El camarero cerró los ojos durante un segundo, tratando de calmarse un poco, buscar una forma de poner orden. Abrió la boca, murmurando un “Por favor...” que no llegó a ninguna parte porque, por desgracia, ya era demasiado tarde. El cobrador más joven dio un paso hacia el cliente.
—¿Tienes algún problema? — La silla del hombre chirrió contra el suelo cuando este se levantó.
—Bueno, depende. — Varias personas comenzaron a apartarse de sus mesas, incómodas. La tensión que hasta entonces se había concentrado únicamente entre el camarero y los recién llegados empezó a extenderse por toda la taberna. El dueño del local salió de la barra, tratando de interponerse entre ellos y el cliente. Levantó ambas manos.
—¡Basta! — Su voz salió mucho más fuerte de lo esperado. —No voy a permitir que montéis una pelea aquí dentro. — El hombre cobrador que había conversado en todo momento lo observó.
—Entonces paga.
—No puedo.
—Entonces aparta.
El camarero permaneció frente a él, no parecía estar dispuesto a moverse. Durante unos segundos ninguno de los dos pareció ceder, hasta que el cobrador levantó lentamente la mano, con un rostro molesto... Pero no llegó a golpearlo. No fue necesario ya que uno de sus acompañantes tomó una botella de la barra, ahora vacía, y la dejó caer contra el suelo.
¡CRASH!
El ruido hizo que varios clientes se sobresaltaran. El hombre aprovechó para hablar, tomando otra nueva botella que claramente no era de las más baratas del local. —Última oportunidad. — El camarero miró los cristales esparcidos por el suelo y, a continuación, levantó la vista, temblando.
—No tengo el dinero.
El hombre sonrió. —Entonces empezaremos por el negocio. — Una silla salió despedida, la madera golpeó una mesa, varias botellas cayeron al suelo, alguien gritó y, en cuestión de segundos, la taberna dejó de ser un lugar tranquilo. Los cobradores comenzaron a avanzar entre las mesas, apartando a los clientes que se interponían en su camino. Uno de ellos volcó una mesa para abrirse paso; otro agarró a un hombre por el cuello de la camisa y lo apartó de un empujón. El camarero retrocedió detrás de la barra.
—¡Parad! ¡Parad de una vez! ¡Por favor!
Nadie parecía dispuesto a escucharlo. El primer golpe llegó apenas unos segundos después. Un puño impactó contra una mandíbula y, la respuesta fue inmediata. La mesa más cercana se volcó, una botella salió disparada, otro grito más de otra clienta. Entonces todos los presentes comprendieron lo mismo: aquello ya no era una discusión, sino el inicio de una pelea. El cobrador inicial que había conversado en todo momento permaneció cerca de la barra, aparentemente más interesado en controlar la situación que en participar directamente, sus ojos recorrieron el establecimiento hasta detenerse en los presentes.—Si alguien quiere hacerse el héroe... — dijo con tranquilidad —Que lo piense bien. — Señaló los cristales bajo sus pies —Porque nosotros no nos vamos a marchar hasta cobrar.
Detrás de él, uno de sus hombres levantó una silla. La taberna entera parecía haberse quedado suspendida durante un instante. El camarero permanecía detrás de la barra, pálido, mirando cómo su establecimiento comenzaba a quedar destrozado y, para empeorar, el grupo de hombres armados ocupando el local creaban todo el caos, los clientes intentaban escapar y la pelea estaba a punto de extenderse por todas las mesas... La decisión de qué hacer quedaba en manos de quienes se encontraban allí.
Cajita de Tabaco
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)

