22-09-2026, 10:48 PM
El dolor es horrible, mas cuando lo conoces desde tan cerca. Algunas personas dicen que terminas por acostumbrarte, que el tiempo todo lo cura y que, si sigues adelante, quieras o no, te harás más fuerte. Lamentablemente, Mika no es el ejemplo de ello. Siempre intenta ser alegre, hacer reír al resto, mostrarles que, alrededor suyo, siempre saldrá el sol para abrazarlos con un calor lo suficientemente cálido que encienda sus corazones.
Cuando quiere ponerse a buscar animales supervivientes, Puchero aparece solo. No lo hace con las manos vacías, sino que trae frutas consigo que le ofrece. Una sonrisa de Mika es lo que obtiene como respuesta, y toma primero la banana. Tras quitarle la cáscara, de dos bocados termina devorándola, antes de que aparezca Road, por supuesto. No vaya a ser que se tire algún comentario inapropiado en un momento como este. — Muchas gracias, Puchero. Sin duda tú sí sabes tratar a una bella mujer como yo. — En cuanto a las bayas, también las recoge y las guarda dentro de los bolsillos de sus pantalones.
Aquí es donde llega el moreno, quien se encuentra con la horrible escena. Ya las moscas comienzan a acercarse a merodear el cadáver del zorro, por lo que no pueden hacerlo esperar mucho para darle digna sepultura (barras). — Estoy de acuerdo, pero te acompañaré. No quiero quedar… — Corta su frase antes de terminarla. Iba a decir que no deseaba quedarse sola con el animal muerto, pues seguramente solo le haría sufrir más tras cada segundo que siguiese viéndolo. Debe mantener una imagen, por lo que sus palabras cambian radicalmente. — No vaya a ser que te encuentres con más de esos tipos y necesites a una mujer tan fuerte como yo para defenderte. Así me aseguro de que Puchero esté seguro también. — Y antes de que el otro acepte o rechace la invitación de acompañarlo, toma la delantera y comienza a caminar.
Durante el trayecto se encuentra con los cazadores tratados y amarrados por Road. Todos están durmiendo y parecen no correr peligro, aunque el que recibió múltiples puñetazos en la cara seguramente pase semanas con el rostro hinchado y ardiendo. Eso le pasa por bobina. — Sí que amarraste bien a todos estos bobis. No creo que debamos dejarlos por aquí. Quizás un animal salvaje aparece y se los come. — Aunque duda que a Road le moleste que los cuatro humanos corran con ese destino. A fin de cuentas, sería una venganza apropiada para el entorno en que se encuentran: una selva.
Se toma alrededor de treinta segundos para modificar el amarre y así poder arrastrarlos a todos a la vez. Sin mucho esfuerzo debido a la gran musculatura de sus brazos, los desliza por el césped en dirección de su campamento. No necesita ser una experta en la zona para saber hacia dónde ir, pues hay huellas en un camino de tierra que los guía en su dirección. Aprovecha este momento para animarse un poco y entonar una canción.
— ¿A que soy increíble cuanto canto, Puchero, Road? — Como siempre, vive buscando elogios para su persona. Para sentirse querida. Para sentirse valiosa. Para sentirse respetada. — Bueno, tienen razón. — Ellos, a priori, aún no han respondido nada. — Soy increíble incluso cuando no canto.
Así es que llegan al campamento de los cazadores. Encuentran varias tiendas de acampar, mesas, sombrillas, hieleras con comida, incluso una fogata que debieron apagar hace tiempo pero no hicieron. Ve una olla con pedazos de carne dentro. Normalmente le parecería apetitoso, pero el solo hecho de pensar que pudieron extraerla de un animal que mataron hace poco… No, se le revuelve el estómago. Se lleva la mano diestra a la boca para evitar vomitar. Se aleja rápido.
En cuanto a los tipos que venía arrastrando, los dejó tirados por ahí. — ¿Ves palas por aquí? Si no tienen nada, deberemos crear la tumba con las manos. Soy hermosa, pero no tengo problema con arruinarme las uñas. — Después de todo, su prototipo de belleza difiere un poco al del resto. No por nada es musculosa en vez de muy delgadita. También es culpa de sus genes, claro. — ¿Crees que cuando despierten nos recuerden y nos vayan a acusar por ahí? Quizás debamos entregarlos a las autoridades, aunque nos ha pasado antes que terminan creyendo las mentiras de los malos y no a nosotros. — Tal como han tenido buenas experiencias en Samba, las han tenido malas. — Eso nunca lo he entendido. ¿Por qué no creerle a la primera a una mujer como yo? Supongo que en esta isla hay gente demasiado bobi. ¿No te parece, Puchero? ¿Y a ti, Road? Recuerdo cuando Eele se enojó y quiso golpear a esos marines. Costó controlarlo, trolololo. — Cuenta esto último junto a una gran carcajada.
Cuando quiere ponerse a buscar animales supervivientes, Puchero aparece solo. No lo hace con las manos vacías, sino que trae frutas consigo que le ofrece. Una sonrisa de Mika es lo que obtiene como respuesta, y toma primero la banana. Tras quitarle la cáscara, de dos bocados termina devorándola, antes de que aparezca Road, por supuesto. No vaya a ser que se tire algún comentario inapropiado en un momento como este. — Muchas gracias, Puchero. Sin duda tú sí sabes tratar a una bella mujer como yo. — En cuanto a las bayas, también las recoge y las guarda dentro de los bolsillos de sus pantalones.
Aquí es donde llega el moreno, quien se encuentra con la horrible escena. Ya las moscas comienzan a acercarse a merodear el cadáver del zorro, por lo que no pueden hacerlo esperar mucho para darle digna sepultura (barras). — Estoy de acuerdo, pero te acompañaré. No quiero quedar… — Corta su frase antes de terminarla. Iba a decir que no deseaba quedarse sola con el animal muerto, pues seguramente solo le haría sufrir más tras cada segundo que siguiese viéndolo. Debe mantener una imagen, por lo que sus palabras cambian radicalmente. — No vaya a ser que te encuentres con más de esos tipos y necesites a una mujer tan fuerte como yo para defenderte. Así me aseguro de que Puchero esté seguro también. — Y antes de que el otro acepte o rechace la invitación de acompañarlo, toma la delantera y comienza a caminar.
Durante el trayecto se encuentra con los cazadores tratados y amarrados por Road. Todos están durmiendo y parecen no correr peligro, aunque el que recibió múltiples puñetazos en la cara seguramente pase semanas con el rostro hinchado y ardiendo. Eso le pasa por bobina. — Sí que amarraste bien a todos estos bobis. No creo que debamos dejarlos por aquí. Quizás un animal salvaje aparece y se los come. — Aunque duda que a Road le moleste que los cuatro humanos corran con ese destino. A fin de cuentas, sería una venganza apropiada para el entorno en que se encuentran: una selva.
Se toma alrededor de treinta segundos para modificar el amarre y así poder arrastrarlos a todos a la vez. Sin mucho esfuerzo debido a la gran musculatura de sus brazos, los desliza por el césped en dirección de su campamento. No necesita ser una experta en la zona para saber hacia dónde ir, pues hay huellas en un camino de tierra que los guía en su dirección. Aprovecha este momento para animarse un poco y entonar una canción.
Voy caminando con mi botella
Y la cerveza…
Me está pegando y no sé dónde voy
Siempre me cuelgo en cada esquina
Siempre pienso en ella, la que me pone de la cabezaaa
Y la cerveza…
Me está pegando y no sé dónde voy
Siempre me cuelgo en cada esquina
Siempre pienso en ella, la que me pone de la cabezaaa
— ¿A que soy increíble cuanto canto, Puchero, Road? — Como siempre, vive buscando elogios para su persona. Para sentirse querida. Para sentirse valiosa. Para sentirse respetada. — Bueno, tienen razón. — Ellos, a priori, aún no han respondido nada. — Soy increíble incluso cuando no canto.
Así es que llegan al campamento de los cazadores. Encuentran varias tiendas de acampar, mesas, sombrillas, hieleras con comida, incluso una fogata que debieron apagar hace tiempo pero no hicieron. Ve una olla con pedazos de carne dentro. Normalmente le parecería apetitoso, pero el solo hecho de pensar que pudieron extraerla de un animal que mataron hace poco… No, se le revuelve el estómago. Se lleva la mano diestra a la boca para evitar vomitar. Se aleja rápido.
En cuanto a los tipos que venía arrastrando, los dejó tirados por ahí. — ¿Ves palas por aquí? Si no tienen nada, deberemos crear la tumba con las manos. Soy hermosa, pero no tengo problema con arruinarme las uñas. — Después de todo, su prototipo de belleza difiere un poco al del resto. No por nada es musculosa en vez de muy delgadita. También es culpa de sus genes, claro. — ¿Crees que cuando despierten nos recuerden y nos vayan a acusar por ahí? Quizás debamos entregarlos a las autoridades, aunque nos ha pasado antes que terminan creyendo las mentiras de los malos y no a nosotros. — Tal como han tenido buenas experiencias en Samba, las han tenido malas. — Eso nunca lo he entendido. ¿Por qué no creerle a la primera a una mujer como yo? Supongo que en esta isla hay gente demasiado bobi. ¿No te parece, Puchero? ¿Y a ti, Road? Recuerdo cuando Eele se enojó y quiso golpear a esos marines. Costó controlarlo, trolololo. — Cuenta esto último junto a una gran carcajada.
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