[Fic][Pasado] La promesa
#1
Isla de Baterilla
Año 14.



El sol pegaba directo en las hojas secas del Bosque en la isla de Baterilla, filtrando halos de luz de oro que flotaban en el aire como polvo angelical. Yo andaba corriendo sin ningún rumbo en particular a la deriva, como siempre, evitando cualquier tipo de responsabilidad, esquivando ramas bajas y saltando raíces gigantes de robles viejos solo por la pura satisfacción de mover las piernas. No tenía mapa, ni nada por el estilo, ni falta que me hacía claramente. A los dieciséis años, el mundo no es más que un jardín enorme esperando a que levantes una piedra para ver qué hay abajo.

Iba en patas llenandomelas de tierra, con las manos metidas en los bolsillos de mi pantalón corto y silbando una melodía pedorra que me había inventado esa misma mañana aunque una obra de arte para mí, mientras la goma de mascar descansaba junto a mi mejilla derecha dentro de mi boca. Me gustaba el bosque porque era silencioso y fresco, pero sobre todo porque estaba lleno de cosas raras… Bichos de colores, frutos que te pintaban la lengua de azul como un bubbaloo y caminitos olvidados por donde nadie caminaba desde hacía años.

De repente, a mitad de una carrera para saltar un tronco podrido, me frené en seco… No fue un ruido fuerte, fue mas bien un quejido, casi un suspiro, ahogado entre los matorrales que había a un lado. Me quedé tieso, con una pierna en el aire, levantando la oreja hacia el verde. El bosque se quedó callado por un segundo y luego de vuelta ese sonido débil, como de rasguño húmedo sobre hojas secas.

Abrí las ramas con cuidado, apartando las espinas a mano pelada sin importarme los raspones. Ahí, acurrucada en una cueva natural que formaban las raíces de un sauce viejo, había una perra… Era grande, de un pelaje amarillo sucio que alguna vez debió ser brillante, pero que ahora estaba lleno de barro seco, rastas y sangre pegoteada. Estaba flaquísima, se le marcaban todas y cada una de las costillas como si fueran los arcos de un barco abandonado en la playa. Respiraba con mucha dificultad, a tirones cortos que le hacían temblar todo el lomo. Cuando me acerqué un paso, levantó la cabeza muy despacio. Tenía los ojos amarillentos, nublados por la fiebre, pero no había rabia en su mirada, solo un cansancio profundo. Un pedido mudo de auxilio o de compañía.
Me agaché despacio, poniéndome a su altura en la tierra. Le extendí la mano con la palma hacia arriba para que me oliera, sin hacer movimientos bruscos.


—Hola amiguita— le dije bajito, dejando salir esa voz tranquila que me sale sola cuando las cosas se ponen jodidas. —Tranquila, no voy a hacerte nada…— ella me olió la punta de los dedos con la nariz seca y fría y. dejó caer la cabeza otra vez contra el suelo, soltando un resoplido largo. Fue ahí cuando me di cuenta de que su vientre estaba hinchado y duro. Estaba embarazada y muy cerca de dar a luz, pero su cuerpo no daba más... Si la dejaba ahí sola esa tarde, no iba a pasar de la noche…

Ese día cambió todo mi itinerario, me olvidé de los juegos, de la exploración y del almuerzo que me esperaba en la cabaña. Me saqué la camisa, la doblé con cuidado y se la puse encima para taparle el lomo y resguardarladel viento fresco que empezaba a bajar de los cerros. Salí corriendo como un demonio hacia el río más cercano, junté agua fresca en un cuenco de madera que improvisé raspando una corteza blanda con una piedra filosa y volví volando. Le mojé el hocico despacio. Al principio no quería saber nada, pero de a poco empezó a lamer las gotas que le caían por la lengua.

Esa fue la primera tarde. Volví a casa cuando ya estaba oscuro, con la mente fija en una sola cosa: ella tenía que salvarse… Al día siguiente me desperté antes de que saliera el sol. En la cocina junté todo lo que pude encontrar sin mucho cuidado… Trozos de carne seca, un pedazo de queso duro, los restos de un estofado del día anterior y una manta vieja de lana gruesa que guardaba en un mueble por si acaso. Cargué todo en un saco de tela me lo tiré al hombro y salí disparado hacia el bosque. Cuando llegué a la cueva de las raíces, la perra seguía ahí... Me escuchó llegar y movió la punta de la cola apenas un poco contra las hojas. Fue un gesto mínimo pero a mí me sacó una sonrisa gigante.

—Traje comida amiguita… Sape— le dije acomodándome a su lado mientras masticaba una goma de mascar y rascaba mi nuca. Le la carne en pedazos chiquitos para que no tuviera que masticar mucho porque le costaba tragar, pero con paciencia y un poco de agua fue comiendo todo. Después le cambié la ropa sucia por la manta de lana, acomodándosela bien alrededor del cuerpo para que estuviera abrigada.

Tenía una herida profunda en una de las patas traseras, probablemente la mordedura de algún animal salvaje o el corte de una trampa de cazador furtivo. Corté tiras de mi propia ropa y le limpié la herida con agua tibia que calenté haciendo un fuego pequeño cerca de la entrada… Los días empezaron a pasar así, volviéndose una rutina sagrada.
Todas las mañanas ni bien abría los ojos mi primer pensamiento era para ella. Iba al mercado del pueblo cercano y le caía simpático a los carniceros contándoles historias exageradas de mis supuestas aventuras y me regalaban recortes de carne, huesos con tuétano y algo de grasa, después corría dos kilómetros entre los árboles hasta llegar a su guarida. Pasaba horas sentado a su lado y le hablaba de todo. Le contaba sobre los mares lejanos que quería navegar cuando fuera más grande, sobre los piratas del South Blue, sobre la comida increíble que pensaba probar algún día y sobre cómo nos iríamos juntos de aventura en cuanto ella se recuperara y pudiera caminar. Ella me escuchaba con los ojos entornados, apoyando la barbilla en mis rodillas mientras yo le acariciaba las orejas.


Con el paso de una semana parecía que la suerte estaba cambiando y la.perra mejoraba. Ya había recuperado algo de brillo en el pelo, y no temblaba tanto y hasta se animaba a levantarse muy despacio para estirar las patas cuando me veía llegar. Le puse de nombre Sombrita porque se escondía entre los árboles y porque siempre estaba ahí… Pensé que lo habíamos logrado, pensé que el peligro había pasado... Mierda que me equivoqué… A la mitad de la segunda semana el cielo de Baterilla se puso negro como azabache... Se vino una tormenta violenta, de esas que rompen ramas gruesas y transforman los caminos del bosque en ríos de barro grueso. La lluvia caía con mucha fuerza, tanta que parecía que te caían piedras en la espalda.

Apenas empezó el diluvio me tiré de la cama, me puse las botas y salí corriendo hacia el bosque en medio de los truenos. El barro me hacía resbalar a cada paso y me caí dos o tres veces golpeándome las rodillas contra las piedras pero me levantaba de un salto y seguía… Solo podía pensar en Sombrita y en sus cachorros. Cuando llegué a la cueva de las raíces el panorama me heló la sangre… El agua se había filtrado por el techo de tierra y el refugio estaba inundado. Sombrita estaba tirada de lado sobre la manta empapada respirando con una dificultad potente, con los ojos desorbitados por el dolor. Había empezado el parto en medio del frío y la tormenta.

—¡Sombrita! Puta madre— grité, tirándome al suelo embarrado al lado de ella.
Estaba helada, lo primero que intenté hacer fué que le agarré las patas delanteras y vi que ya no tenía fuerzas para empujar. Había un cachorrito tirado a su lado completamente inmóvil… Lo tomé entre mis manos con desesperación, lo froté con lo poco que me quedaba de ropa seca, le soplé el hocico... nada. Estaba frío… Nació muerto… A los pocos minutos nació el segundo, también sin vida... El frío de la tormenta y la infección de la madre habían matado toda oportunidad… A mí me caían las lágrimas mezcladas con la lluvia que entraba de costado… Ahí era donde los hombres lloramos… Sentía un nudo en la garganta que me ahogaba, una impotencia gigante que me quemaba el pecho… Había pasado días enteros cuidándola, dándole de comer, soñando con un futuro para todos ellos, y el mundo me estaba mostrando su cara más puta y cruel en medio de esa tormenta oscura.

Sombrita dio un último esfuerzo, un quejido largo y desgarrador que hizo eco entre los truenos del bosque… Salió el tercer cachorro… Sombrita soltó un suspiro profundo, el último de su vida... Su cabeza cayó pesadamente sobre mis piernas… Su mirada dorada se apagó despacio buscando la mía por última vez antes de quedar completamente fija y vacía... Su cuerpo se había rendido del todo...

Se había ido.


Me quedé ahí de rodillas en el barro con la lluvia castigando y cayendo sobre mi cabeza y el cuerpo de Sombrita enfriándose contra mis piernas. No podía moverme sentía una rabia y una tristeza tan grandes que quería gritar hasta quedarme sin voz, lo habíaintentado de verdad… Fue entonces cuando escuché un ruidito. Un chillido minúsculo y casi imperceptible entre el ruido del viento y el agua pegando contra las hojas. Miré hacia abajo y pegado al vientre sin vida de Sombrita había un cachorrito diminuto. Era una bolita de pelo amarilloso y brillante, mojado y tembloroso. A diferencia de sus hermanos este chiquitín estaba moviendo las patitas con una fuerza increíble para su tamaño y buscando calor a ciegas. Estiró el hocico hacia arriba y soltó un chillido bien chillón, exigente, lleno de una vitalidad que no concordaba en medio de tanta muerte.

Lo tomé en mis manos con un cuidado extremo, como si fuera hecho de cristal. El perrito cabía perfectamente en la palma de mi mano. Tenía las orejas caídas y el hocico arrugado, y una mancha de nacimiento graciosa en la pancita. En cuanto sintió el calor de mis manos dejó de chillar, se acomodó entre mis dedos, se enroscó como una oruga y soltó un ronquido suave… Ese chiquitín había sobrevivido a la tormenta a la enfermedad de la madre y a la muerte de sus hermanos. Tenía un deseo de vivir grande como una casa… Me lo pegué al pecho adentro de la camisa directo contra mi piel para darle todo el calor de mi cuerpo. Miré a Sombrita una última vez, le cerré los ojos con suavidad, le acomodé el pelo y le prometí en un susurro que me iba a encargar de que su hijo tuviera la mejor vida posible…
[Imagen: 4ZOZ7IA.jpeg]
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[Fic][Pasado] La promesa - por Finn Ikitado - 22-09-2026, 09:36 PM
RE: [Fic][Pasado] La promesa - por Finn Ikitado - 26-09-2026, 05:30 PM

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