Afortunadamente, Road vuelve en sí y deja de golpear a ese pobre tipo… aunque ya tiene la cara desfigurada. Podrá recuperarse, pero le esperan varios días en el hospital, y uno bueno, porque para atenderlo necesitará un médico de mucha categoría. Road tiene varios conocimientos al respecto, pero Mika duda de que vaya a querer tratar al mismo tipo que casi mata. Además, ella ya tiene los suficientes problemas con las dos heridas de bala que le aquejan como para andar pidiendo más por los otros. Ya con frenar una matanza es lo suficiente.
El hecho de que Road se concentre y termine por derribar al resto de cazadores impide que la pelirrosada sea más herida, o peor, se deje dominar por el clamor del combate y se lance hacia adelante con suma violencia. — No me dejan ser libre del todo, pero dan buenos consejos. Lo sé. — Se coloca de pie y, con las propias manos se quita las balas, las cuales no entraron tanto en su carne como para necesitas demasiada ayuda. Eso sí, rompe parte de la zona más baja de sus grandes pantalones para amarrar en donde tiene las heridas y así detener el sangrado. Esto lo sabe por consejos que le ha dado el propio Road en el pasado.
A los cazadores les sorprende, al menos en su intento de no perder el conocimiento, que aún con impactos de bala, los dos grandulones —mucho más que ellos— siguen casi como si nada. Por supuesto que experimentan dolor, pero los humanos están acostumbrados a que un único disparo sea letal. Lamentablemente para ellos, están frente a abominaciones de la naturaleza, o al menos eso es lo que piensan ellos.
— De acuerdo, bobi, buscaré. Igual ten cuidado. Con tanto disparo, quizás haya alertado a gente en las cercanías. Esta parte del bosque está más cerca de la zona molesta de Samba, por lo que podrían vernos como los malos y eso nos daría problemas muy de bobis. — Cuando habla de zona molesta es porque están más del lado de la gente acomodada, no de los humildes con los que tienden a relacionarse. Si bien los aceptan, cualquier cosa fuera de norma podría gatillar en ellos un nuevo resentimiento.
En cuanto a lo último… la muchacha traga saliva. Casi se atraganta con el chicle que lleva escondido en las encías y que hace poco comenzó a mascar de nuevo. Lo escupe, perdiéndose el mismo entre le césped. Lo que pasa es que a ella le pasa lo mismo. Cuando pelea, y por eso intenta no meterse en líos, quiere golpear hasta ya no poder más. Le cuesta controlar el impulso, y por eso mismo es que quiso detener a Road, antes de ella también perder la batalla contra su mente y ambos sean responsables de una auténtica masacre con estos tipos. Si bien se merecen una paliza por la estupidez que andan haciendo, matarlos no solucionaría nada. No los verían como los héroes o las estrellas que son, sino que todo lo contrario.
— Créeme que te entiendo, bobi. Por eso cuando quieras pelear con todas tus fuerzas, atácame a mí. Jamás podrías matar a una mujer tan increíble como yo, ¿no te parece? — Decide llevar la charla por un lado más optimista y alegre. Mika es de esas personas que no quiere ahogarse en un vaso con agua ni permitir que sus cercanos atraviesen por eso. — ¿Qué sentido tiene que los des todo con tipos como estos? Es más divertido si enfrentas a individuos fuertes como yo. Claro, a no ser que te dé miedo, trolololo. — Para este momento, Puchero ya ha vuelto con su dueño, y la pelirrosa le dedica una sonrisa mostrando su perfecta y blanca dentadura. — Tranquilo, Puchero, me aseguraré de que tu súbdito siga siendo capaz de cargarte. No le pegaré tan duro.
Tras decir eso, se separa momentáneamente del dúo Puchero-Road, sí, el mono primero. Primero se encuentra con el lobo muerto, la víctima del disparo que escucharon primero y los guió hasta aquí. Yace sin moverse con la lengua afuera, sobre un charco de sangre. Nuevamente Mika se muerde el labio inferior y realiza un esfuerzo impresionante para evitar que sus ojos se llenen de lágrimas por la muerte del amiguito. Busca controlar su respiración lo mejor que puede y se deja caer de rodillas frente a él. Cierra los ojos y su voz comienza a oírse con fuerza.
Luego, simplemente se calla. No quiere mostrarse lastimada, así que menos mal se separó de Road. Intenta ponerse de pie y volver a caminar, recorriendo la zona en busca de animales heridos que quizás hayan tenido mejor suerte y puedan sobrevivir.
El hecho de que Road se concentre y termine por derribar al resto de cazadores impide que la pelirrosada sea más herida, o peor, se deje dominar por el clamor del combate y se lance hacia adelante con suma violencia. — No me dejan ser libre del todo, pero dan buenos consejos. Lo sé. — Se coloca de pie y, con las propias manos se quita las balas, las cuales no entraron tanto en su carne como para necesitas demasiada ayuda. Eso sí, rompe parte de la zona más baja de sus grandes pantalones para amarrar en donde tiene las heridas y así detener el sangrado. Esto lo sabe por consejos que le ha dado el propio Road en el pasado.
A los cazadores les sorprende, al menos en su intento de no perder el conocimiento, que aún con impactos de bala, los dos grandulones —mucho más que ellos— siguen casi como si nada. Por supuesto que experimentan dolor, pero los humanos están acostumbrados a que un único disparo sea letal. Lamentablemente para ellos, están frente a abominaciones de la naturaleza, o al menos eso es lo que piensan ellos.
— De acuerdo, bobi, buscaré. Igual ten cuidado. Con tanto disparo, quizás haya alertado a gente en las cercanías. Esta parte del bosque está más cerca de la zona molesta de Samba, por lo que podrían vernos como los malos y eso nos daría problemas muy de bobis. — Cuando habla de zona molesta es porque están más del lado de la gente acomodada, no de los humildes con los que tienden a relacionarse. Si bien los aceptan, cualquier cosa fuera de norma podría gatillar en ellos un nuevo resentimiento.
En cuanto a lo último… la muchacha traga saliva. Casi se atraganta con el chicle que lleva escondido en las encías y que hace poco comenzó a mascar de nuevo. Lo escupe, perdiéndose el mismo entre le césped. Lo que pasa es que a ella le pasa lo mismo. Cuando pelea, y por eso intenta no meterse en líos, quiere golpear hasta ya no poder más. Le cuesta controlar el impulso, y por eso mismo es que quiso detener a Road, antes de ella también perder la batalla contra su mente y ambos sean responsables de una auténtica masacre con estos tipos. Si bien se merecen una paliza por la estupidez que andan haciendo, matarlos no solucionaría nada. No los verían como los héroes o las estrellas que son, sino que todo lo contrario.
— Créeme que te entiendo, bobi. Por eso cuando quieras pelear con todas tus fuerzas, atácame a mí. Jamás podrías matar a una mujer tan increíble como yo, ¿no te parece? — Decide llevar la charla por un lado más optimista y alegre. Mika es de esas personas que no quiere ahogarse en un vaso con agua ni permitir que sus cercanos atraviesen por eso. — ¿Qué sentido tiene que los des todo con tipos como estos? Es más divertido si enfrentas a individuos fuertes como yo. Claro, a no ser que te dé miedo, trolololo. — Para este momento, Puchero ya ha vuelto con su dueño, y la pelirrosa le dedica una sonrisa mostrando su perfecta y blanca dentadura. — Tranquilo, Puchero, me aseguraré de que tu súbdito siga siendo capaz de cargarte. No le pegaré tan duro.
Tras decir eso, se separa momentáneamente del dúo Puchero-Road, sí, el mono primero. Primero se encuentra con el lobo muerto, la víctima del disparo que escucharon primero y los guió hasta aquí. Yace sin moverse con la lengua afuera, sobre un charco de sangre. Nuevamente Mika se muerde el labio inferior y realiza un esfuerzo impresionante para evitar que sus ojos se llenen de lágrimas por la muerte del amiguito. Busca controlar su respiración lo mejor que puede y se deja caer de rodillas frente a él. Cierra los ojos y su voz comienza a oírse con fuerza.
Ojalá pudiera devolver el tiempo
Para verte de nuevo
Para darte un abrazo
Y nunca soltarte
Ya no llores por mí
Yo estoy en un lugar lleno de luz
Donde existe paz, donde no hay maldad
Donde puedo descansar
No llores por mí
Es tan bello aquí
Quiero que seas feliz, que te vaya bien
Y cuando te toque partir
Espero verte aquí
Para verte de nuevo
Para darte un abrazo
Y nunca soltarte
Ya no llores por mí
Yo estoy en un lugar lleno de luz
Donde existe paz, donde no hay maldad
Donde puedo descansar
No llores por mí
Es tan bello aquí
Quiero que seas feliz, que te vaya bien
Y cuando te toque partir
Espero verte aquí
Luego, simplemente se calla. No quiere mostrarse lastimada, así que menos mal se separó de Road. Intenta ponerse de pie y volver a caminar, recorriendo la zona en busca de animales heridos que quizás hayan tenido mejor suerte y puedan sobrevivir.
Karmas referenciados
