(Past | Dharma) Quiero estar en tus zapatos.
#10
El sonido sutil del agua desplazándose al recibir el cuerpo de ella fue el único cambio en la quietud de la poza de piedra. Dharma permaneció inmóvil, con la nuca recargada en el borde rocoso y los brazos extendidos sobre los laterales tibios del manantial. A través del vapor blanquecino que ascendía y difuminaba los contornos del lugar, sus ojos verde oscuro observaron el discurrir de Hien, que movia su estilizada figura entre el suelo humedo y calido. No había prisa en su observación, sino algo casi metódico, recordando que con ella se transformaba en un disfrute bastante relajado, libre de las precauciones ordinarias que su instinto de guerrero le imponía ante el resto del mundo. El pelinegro se deleitaba en silencio con las reacciones de su acompañante; verla asimilar el ambiente, dejando que la altivez defensiva que mostraba en las calles se diluyera bajo la densa niebla de vapor, era una de las pocas cosas que lograban despertar en él un interés genuino, una curiosidad por la propia esencia que ella poseia. Aquella mujer de cabellos color rosado pastel poseía una voluntad que él respetaba a fondo, una sutil excepción en medio de un universo plagado de existencias banales y ruidosas.

El agua termal, cargada de minerales de la colina rocosa, envolvía la corpulencia y las aptitudes físicas del pirata, permitiendo que la rigidez acumulada por semanas de algunas disputas y meses de travesía comenzara a ceder de forma paulatina. Dharma se tomó su tiempo, manteniendo su centro de gravedad sumergido lo suficiente para que el calor rozara sus hombros. Sostenía la mirada esmeralda fija en las pupilas escarlata de Hien, captando la suavidad que ella intentaba camuflar tras sus habituales quejas y su tono marcadamente gruñón. Para el oriundo de Wano, el gusto de observarla no compartía la naturaleza del deseo animal que gobernaba a los hombres ordinarios; era un deleite más exquisito, un orden estético y útil que solo florecía cuando se encontraban a solas, apartados del bullicio de los dojos tradicionales y de los tipejos que intentaban figurar en la isla.

Al verla despojarse de sus ropas y liberar el cabello largo de esas cintas negras, Dharma contempló con detenimiento su figura  y esbelta recortándose contra el reflejo del agua, su cabellera era hermosa y de una longitud que le inquietaba, no apreciaba tal belleza en nadie más, ni tampoco era alguien que vociferara sus gustos o sus intenciones. Sus facciones suaves contrastaban con la estructura de un físico fibroso y atlético como el de Dharma, ella tenia otro tipo de físico diseñado puramente para la velocidad y la agilidad de una espadachín diestra. No había en Hien la tosca fuerza bruta de los colosos del mar o de los sucios samurais, sino una simetría ligera y peligrosa hecha para la reacción inmediata. Una silueta que, incluso sumergida casi por completo bajo la pequeña neblina de vapor, manteniendo la rectitud en la espalda por la arraigada costumbre de entrenar día con día en el aislamiento, ella era tan eficaz como el, pero de una manera diferente, eso le generaba interés, mucho. Al escuchar la advertencia de ella sobre arrancar cabezas y ensuciar el agua caliente si alguien osaba interrumpirlos, la cicatriz en el flanco derecho de la boca de Dharma se tensó en una mueca complaciente, casi una sonrisa.

Los pensamientos del pelinegro siempre en activo a pesar de mostrar mucha calma y confianza, procesaban de forma tranquila lo que la mujer de cabellos rosados era, la fiereza de Hien, asimilada por él con una calma perfectamente alineada a la personalidad de la chica, que delataba lo cómodo que se sentía compartiendo ese espacio de absoluta privacidad con ella.| Este rincón está lo suficientemente aislado para que tus impulsos no tengan que limpiar la estancia, Hien. | Pronunció Dharma, y su voz, profunda e invariable, fluyó con una parsimonia que se mimetizaba con el goteo constante del manantial. | Los encargados de la colina conocen el peso de mi nombre en esta isla y valoran demasiado su tranquilidad como para enviar a un simio a interrumpirnos. Como favor y por puro aburrimiento me encargué de algunos tipejos que intentaban cobrar cuotas a los residentes, así que esta familia encargada de este lugar... sabe muy bien qué tipo de mal represento para su negocio. Además, tu katana "Hana" y las mías custodian la entrada; ninguna existencia por mas torpe que sea  tendría la audacia de dar dos pasos en esta dirección. |El espadachín deslizó sus brazos lentamente sobre el contorno empedrado, disfrutando de cada mínimo movimiento y del agua cubriendo su cuerpo y sus músculos.

De la misma manera que disfrutaba de verla ahí, tan cerca, compartiendo un mutismo que a ambos les resultaba natural y necesario tras los meses que habían pasado separados en el South Blue. Mientras ella se acomodaba contra la roca y dejaba que el calor disipara el frío de la soledad del océano, Dharma dedicó unos segundos a contemplar el reflejo difuso del cielo a través de los ventanales de madera del recinto. El clima exterior seguía siendo agradable, pero la hora exacta del día carecía de importancia dentro de ese exclusivo universo que habían construido entre la piedra y el agua.| Recuerda lo que aprendiste en Wano... no todo fue malo ahí a veces la tranquilidad solo existe en nuestro interior.| Añadió, haciendo su rostro ligeramente hacia atrás para sentir el manantial cálido en su nuca mientras esbozaba una sonrisa suave que mostró un poco de su dentadura. | En un mar donde todos van a prisa y corren detrás de un título estúpido, de la maldita marina o de alguna ideología inútil de los revolucionarios, el verdadero control radica en ejercer el poder y la libertad propia Hien... El pelinegro estiró de nuevo sus dedos bajo el agua, manteniendo la fijeza de sus ojos verdes sobre ella, complacido por la naturalidad con la que Hien Rui se expresaba sin miedos ni barreras cuando la niebla del vapor los cubría.

| Quita esa cara de molestia, arrugar la nariz no va a acelerar nada... ni te va quitar el cansancio| Concluyó el Orador, permitiendo que un suspiro suave escapara de su pecho mientras su mirada expresaba un desdén absoluto hacia el exterior de la colina, pero una total confianza hacia la mujer que tenía a su lado. |  Y ahora dime... ¿Qué tal te fue en tu travesía?. |

Había mucha calma en su voz, mientras miraba de reojo a su compañera y fiel seguidora.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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RE: (Past | Dharma) Quiero estar en tus zapatos. - por Dharma - 21-09-2026, 08:44 PM

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