21-09-2026, 06:52 PM
(Última modificación: 21-09-2026, 06:53 PM por Pizz Kiitta.)
Un buen gimnasio militar en Roshwan no es nada si no cuenta con un sauna decente, el frío de esta isla se te mete tan hondo en las articulaciones que sudar un poco después del entrenamiento físico es prácticamente obligatorio para no quedar tieso.
Lo que no cuentan de un sauna, y sobre todo de un sauna lleno de hombres jovenes, es la cantidad de bromas que podrian haber en un espacio que se supone es para relajarse. Y si soportar bromas ya es pesado, ahora imaginatelo bajo el pesado vapor de esa sauna. No soporté ni un segundo más. La paciencia se me agotó por completo cuando volvieron a soltar ese estúpido apodo que se inventaron en los vestuarios: "El burro", volvio a resonar en la sauna y comenzaron a molestarme para lo muestre ¿Mostrar el que? Si yo no sabia que tenia que tenia que mostrar, Los burros tienen orejas largas y puntiagudas, mis orejas eran chiquititas y redondas, no entendia por que me decian burro.
Empujé la puerta batiente del sauna desde abajo con un empujón desesperado. La madera se abrió de par en par con un portazo que retumbó por todo el pasillo silencioso de la recepción, y salí disparado hacia el suelo de piedra fría a toda velocidad, dejando atrás una densa estela de vapor caliente. Iba completamente empapado en sudor de pies a cabeza, con los mechones rojizos pegados a la cara y vistiendo únicamente una pequeña toalla blanca doblada y atada a la cintura. Tenía que sostener el nudo con una mano para que no se me cayera en plena carrera, avanzando a zancadas diminutas pero increíblemente rápidas.
—¡Oi! ¡DEJENME EN PAZ PESADOS! ¡LOS VOS A REPORTAR POR ACOSO!— Les chillé con pura rabia infantil, girando la cabeza hacia atrás mientras corría despavorido.
Justo en ese momento, tres marines corpulentos asomaron sus cabezas por la puerta del sauna, completamente rojos por el vapor y estallando en carcajadas que rompían la tranquilidad del lugar.
—¡Dale, Burro!— Se burló uno de ellos entre risas escandalosas. —¡Solo queríamos comprobar si los rumores del cuartel eran ciertos!—
Por venir mirando hacia atrás gritando, no vi lo que tenia adelante de mi. Al girar la cabeza hacia el frente, descubrí que iba en línea recta hacia las bancas. Y sentada allí, con el abrigo a un lado y una sombrilla morada apoyada, había una mujer que jamás había visto en la base observando toda la escena.
Traté de clavar los talones para frenar en seco, pero mis pies descalzos y mojados resbalaron sobre las baldosas pulidas. Patiné casi medio metro sin control y terminé cayendo de culo sobre la piedra, dejando una estela de sudor ¿anal? marcada en el piso frenando en seco contra una de sus botas. Me quedé completamente paralizado en el suelo, jadeando por el esfuerzo, cubierto de sudor, en toalla y con la cara ardiendo de vergüenza absoluta al percatarme de la ridículez en la que estaba envuelto.
Lo que no cuentan de un sauna, y sobre todo de un sauna lleno de hombres jovenes, es la cantidad de bromas que podrian haber en un espacio que se supone es para relajarse. Y si soportar bromas ya es pesado, ahora imaginatelo bajo el pesado vapor de esa sauna. No soporté ni un segundo más. La paciencia se me agotó por completo cuando volvieron a soltar ese estúpido apodo que se inventaron en los vestuarios: "El burro", volvio a resonar en la sauna y comenzaron a molestarme para lo muestre ¿Mostrar el que? Si yo no sabia que tenia que tenia que mostrar, Los burros tienen orejas largas y puntiagudas, mis orejas eran chiquititas y redondas, no entendia por que me decian burro.
Empujé la puerta batiente del sauna desde abajo con un empujón desesperado. La madera se abrió de par en par con un portazo que retumbó por todo el pasillo silencioso de la recepción, y salí disparado hacia el suelo de piedra fría a toda velocidad, dejando atrás una densa estela de vapor caliente. Iba completamente empapado en sudor de pies a cabeza, con los mechones rojizos pegados a la cara y vistiendo únicamente una pequeña toalla blanca doblada y atada a la cintura. Tenía que sostener el nudo con una mano para que no se me cayera en plena carrera, avanzando a zancadas diminutas pero increíblemente rápidas.
—¡Oi! ¡DEJENME EN PAZ PESADOS! ¡LOS VOS A REPORTAR POR ACOSO!— Les chillé con pura rabia infantil, girando la cabeza hacia atrás mientras corría despavorido.
Justo en ese momento, tres marines corpulentos asomaron sus cabezas por la puerta del sauna, completamente rojos por el vapor y estallando en carcajadas que rompían la tranquilidad del lugar.
—¡Dale, Burro!— Se burló uno de ellos entre risas escandalosas. —¡Solo queríamos comprobar si los rumores del cuartel eran ciertos!—
Por venir mirando hacia atrás gritando, no vi lo que tenia adelante de mi. Al girar la cabeza hacia el frente, descubrí que iba en línea recta hacia las bancas. Y sentada allí, con el abrigo a un lado y una sombrilla morada apoyada, había una mujer que jamás había visto en la base observando toda la escena.
Traté de clavar los talones para frenar en seco, pero mis pies descalzos y mojados resbalaron sobre las baldosas pulidas. Patiné casi medio metro sin control y terminé cayendo de culo sobre la piedra, dejando una estela de sudor ¿anal? marcada en el piso frenando en seco contra una de sus botas. Me quedé completamente paralizado en el suelo, jadeando por el esfuerzo, cubierto de sudor, en toalla y con la cara ardiendo de vergüenza absoluta al percatarme de la ridículez en la que estaba envuelto.
Karmas
