21-09-2026, 06:02 AM
El camino hacia ese lugar apartado fue súper silencioso, pero a ella no le molestó para nada. Caminar a su lado sin tener que hablar era algo que su mente agradecía un montón, porque odiaba dar plática a lo tonto. Y después, cuando llegaron a esa colina rocosa y entró el olor a madera húmeda, sintió cómo el cansancio le pegaba más fuerte en las piernas. Igual, ignoró por completo a los encargados del lugar, pasando de largo sin siquiera mirarlos a la cara. Para Rui, esa gente simplemente no existía, solo importaba la espalda ancha de Dharma guiándola hacia la zona privada. — Tsk... no dejes que ninguno de esos viejos asquerosos nos siga, o los corto en pedazos. — murmuró bajito, pegada a su espalda mientras entraban.
Al fin un poco de paz lejos de todos esos simios asquerosos del pueblo.
Cuando entraron a la parte de las pozas, el vapor caliente le golpeó la cara de lleno. Se quedó parada un segundo cerca de la puerta, mirando muy atenta cómo él empezaba a quitarse las cosas. Porque, su mirada siempre lo seguía a todos lados, analizando cada detalle suyo sin poder evitarlo. Vio cómo dejó sus espadas gemelas en la pared, y luego cómo se fue quitando la ropa hasta meterse al agua con esa tranquilidad tan suya. — Siempre tan presumido, ni siquiera te importa que alguien pueda entrar. Jmp. — soltó una pequeña queja, cruzándose de brazos mientras lo miraba de arriba a abajo.
Sintió un calor medio raro en la cara, que no era culpa del vapor termal, y tragó saliva despacito. Y entonces, desvió la mirada hacia el suelo empedrado por un momento, haciéndose la desinteresada, aunque su mente estaba a mil por hora. Sus manos subieron hasta su nuca y sus dedos empezaron a juguetear impacientemente con las cintas negras de su cabello, tirando de ellas hasta que su pelo rosa pastel cayó suelto y un poco enredado por su espalda. Ese tic siempre la delataba cuando estaba nerviosa o muy ansiosa.
Escuchó su voz grave rompiendo el silencio, mandándola a entrar al agua de una vez, y eso la hizo reaccionar rápido.
Dejó su katana "Hana" recargada justo al lado de las espadas de él, porque sus armas también tenían que estar juntas, siempre. Y después, se quitó la blusa blanca y el short negro con movimientos rápidos, sin ningún tipo de vergüenza frente a él. Porque, con Dharma, no existían barreras ni miedos estúpidos, su devoción era total en cuerpo y alma, él podía verla como quisiera. — Ya voy, ya voy, no me des órdenes si no quieres que te ahogue ahí mismo. — le advirtió, caminando descalza hacia él.
Caminó sintiendo la piedra tibia bajo los pies, y se metió al agua poco a poco. El calor le envolvió la piel enseguida, relajando sus músculos adoloridos por el viaje horrible que tuvo que aguantar estos meses. Soltó un suspiro bastante largo, dejándose hundir hasta que el agua le cubrió los hombros casi por completo. Porque, el calor siempre fue algo que su cuerpo disfrutaba muchísimo, sentía que le quitaba todo el frío de la soledad del mar. — Tsk... tenías razón, el agua sí está muy buena, la verdad. — admitió, cerrando los ojos por un momento.
Y entonces, se acomodó mejor contra la roca del borde, girando un poco la cabeza para mirarlo a través del humo blanco que flotaba por todos lados.
Solo somos nosotros dos al fin, como debe ser siempre.
— Y yo no estoy refunfuñando, idiota, solo estaba asegurando mi espada. Jmp. — soltó con su tono gruñón de siempre, aunque sus ojos rojos lo miraban con muchísima suavidad, sin una sola gota de odio. — Pero más te vale que el viaje de verdad haya terminado por hoy, porque si aparece una sola persona a molestarnos, te juro que le voy a arrancar la cabeza y ensuciaré toda esta agua caliente. — murmuró después, acercándose un poquito más a él por debajo del agua, dejando que el silencio cómodo y relajante regresara entre los dos.
Al fin un poco de paz lejos de todos esos simios asquerosos del pueblo.
Cuando entraron a la parte de las pozas, el vapor caliente le golpeó la cara de lleno. Se quedó parada un segundo cerca de la puerta, mirando muy atenta cómo él empezaba a quitarse las cosas. Porque, su mirada siempre lo seguía a todos lados, analizando cada detalle suyo sin poder evitarlo. Vio cómo dejó sus espadas gemelas en la pared, y luego cómo se fue quitando la ropa hasta meterse al agua con esa tranquilidad tan suya. — Siempre tan presumido, ni siquiera te importa que alguien pueda entrar. Jmp. — soltó una pequeña queja, cruzándose de brazos mientras lo miraba de arriba a abajo.
"Es el hombre más fuerte de todos, y es solo mío, de absolutamente nadie más."
Sintió un calor medio raro en la cara, que no era culpa del vapor termal, y tragó saliva despacito. Y entonces, desvió la mirada hacia el suelo empedrado por un momento, haciéndose la desinteresada, aunque su mente estaba a mil por hora. Sus manos subieron hasta su nuca y sus dedos empezaron a juguetear impacientemente con las cintas negras de su cabello, tirando de ellas hasta que su pelo rosa pastel cayó suelto y un poco enredado por su espalda. Ese tic siempre la delataba cuando estaba nerviosa o muy ansiosa.
Escuchó su voz grave rompiendo el silencio, mandándola a entrar al agua de una vez, y eso la hizo reaccionar rápido.
Dejó su katana "Hana" recargada justo al lado de las espadas de él, porque sus armas también tenían que estar juntas, siempre. Y después, se quitó la blusa blanca y el short negro con movimientos rápidos, sin ningún tipo de vergüenza frente a él. Porque, con Dharma, no existían barreras ni miedos estúpidos, su devoción era total en cuerpo y alma, él podía verla como quisiera. — Ya voy, ya voy, no me des órdenes si no quieres que te ahogue ahí mismo. — le advirtió, caminando descalza hacia él.
Caminó sintiendo la piedra tibia bajo los pies, y se metió al agua poco a poco. El calor le envolvió la piel enseguida, relajando sus músculos adoloridos por el viaje horrible que tuvo que aguantar estos meses. Soltó un suspiro bastante largo, dejándose hundir hasta que el agua le cubrió los hombros casi por completo. Porque, el calor siempre fue algo que su cuerpo disfrutaba muchísimo, sentía que le quitaba todo el frío de la soledad del mar. — Tsk... tenías razón, el agua sí está muy buena, la verdad. — admitió, cerrando los ojos por un momento.
Y entonces, se acomodó mejor contra la roca del borde, girando un poco la cabeza para mirarlo a través del humo blanco que flotaba por todos lados.
Solo somos nosotros dos al fin, como debe ser siempre.
![[Imagen: c4bb21a3dfc43bc4da8e357a0371ce49.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/c4/bb/21/c4bb21a3dfc43bc4da8e357a0371ce49.jpg)
— Y yo no estoy refunfuñando, idiota, solo estaba asegurando mi espada. Jmp. — soltó con su tono gruñón de siempre, aunque sus ojos rojos lo miraban con muchísima suavidad, sin una sola gota de odio. — Pero más te vale que el viaje de verdad haya terminado por hoy, porque si aparece una sola persona a molestarnos, te juro que le voy a arrancar la cabeza y ensuciaré toda esta agua caliente. — murmuró después, acercándose un poquito más a él por debajo del agua, dejando que el silencio cómodo y relajante regresara entre los dos.
