21-09-2026, 05:08 AM
Dharma no se molestó en responder a las quejas continuas de la peli-rosada. La mueca con tintes irónicos y un poco complacientes que se dibujaba en su rostro, instalada junto a la cicatriz de su boca se mantuvo como su única respuesta mientras guiaba el avance por los callejones menos transitados de la Isla Karate. Le resultaba sumamente predecible ver cómo Hien ocultaba su alivio tras esa tosca capa de hostilidad verbal; para el espadachín, aquella dinámica era un engranaje conocido y asimilado. El tiempo que tiene de conocerla, las dificultades que la vio sobre llevar y el camino que eligió al decidir encaminarse a los mares fuera de su hogar, le recordaban que aunque Hien Rui tenia una actitud muy extraña respecto al los demás, esa misma actitud era del entero agrado del espadachín. Ella siempre iba con su mente muy activa, su belleza y sus facciones más que perfectas, se empañaban de vez en cuando en ese semblante agresivo que aparecía en ocasiones. Pero de alguna manera eso mismo era de lo que mas le agradaba, su capacidad de expresarse sin miedo. El pelinegro disfrutaba del silencio que gradualmente se adueñaba de la mujer de cabellos color rosado a medida que el bullicio de los dojos principales quedaba atrás, sustituido por el siseo del viento entre los árboles que comenzaban a aparecer con mayor abundancia en dirección al camino que estaban tomando.
El establecimiento que albergaba las aguas termales se encontraba empotrado en la base de una colina rocosa, un rincón apartado que el exmonje había localizado semanas atrás gracias a su rigurosa costumbre de analizar y explorar cada territorio, entre ver que alguna cosa extraña y también saber por donde moverse de ser necesario. El aroma a madera de cedro húmeda y el vapor espeso que se escapaba por los ventanales superiores daban la bienvenida a un espacio libre de las ruidosas e inútiles existencias que atestaban el resto de la isla. Dharma avanzó de forma lineal hacia la recepción, donde un par de expresiones sutiles y gravosas y el peso de su reputación local bastaron para asegurar el sector más reservado, libre de cualquier interrupción mundana. | Hmm... | Los encargados de ese lugar era una familia muy tradicional, que entendían que Dharma era un buen mal para la isla, pues gracias a eso se habían terminado algunas vandalizaciones de tipejos que intentaban figurar o cobrar a los residentes algún tipo de cuota. Como favor y por aburrimiento el oriundo de Wano había acabado con varios de esos tipos.
Con una mirada sutil se dirigía hacia el rostro y ojos de su compañera, esperando que le siguiera, al menos que ella aun estuviera anclada a su brazo, ambos seguirían continuando. Al adentrarse en la zona de los baños, el calor denso del agua mineralizada los envolvió por completo, el vapor era inmersivo disipando la ligera brisa del South Blue. El pelinegro se tomó su tiempo de forma tranquila, como casi un ritual. Separándose un poco de su compañera de viaje, desajustó los costados de su torso con movimientos secos y medidos, quitándose así las sujeciones de cuero que sostenían sus espadas gemelas, así ahora sujetadas solo por sus hombros, tomo ambas con las manos y las recargo en una pared lo bastante alejada de la entrada, siempre al alcance de el y no de otros.
Pasaron unos segundos y una mujer mayor con sutileza dejaba algunas toallas, mostrando reverencia y luego cerrando las puertas de esa sección de las aguas termales, las cuales por la parte de donde estaban las aguas tenían divisiones de roca bastante altas, separando así con bastante privacidad cada uno de esos espacios. El lugar era agradable, tenia acabados de madera bastante agradables a la vista, como acostumbraban a ser estos lugares, pero el paisaje que mostraba de fondo era una gran vista del cielo y la isla. El clima de ese día era sumamente agradable, la hora exacta no la tenia en cuenta pero no pasaba del medio día.
Hasta ese momento el poseedor de los orbes esmeralda, no había expresado palabra alguna, dejando igual que el ambiente fuera tranquilo, esperando que fuera la misma Hien, si ella decidía, expresar algo más. Mientras terminaba de ajustar sus pertenencias en un costado de ese lugar, sus pies se despojaron de su calzado, tocando el suelo tibio empedrado y bastante suave. Después se despojó de su camiseta negra, así permitiendo que su figura prominente y atlética se liberada de los ropajes bajo el vaho blanquecino que ascendía de las pozas de piedra natural. Lo mismo hizo con su ropa inferior quitándola de su cuerpo y acomodándola con tranquilidad, su corpulencia y sus apitutes físicas y estéticas eran mas notorias sin la ropa, cosa que para el era normal, entonces acomodando en ese mismo sitio su vestimenta, donde recargadas sus espadas. Dándole la espalda por unos segundos largos a Hien, el pirata se sumergió primero primero en las aguas termales, apoyando sus brazos a los costados del borde rocoso.
Sus ojos verde oscuro, mostraban una mirada más tranquila, el agua era bastante agradable, un suspiro suave salía de él, tras eso se giraba un poco y lentamente dentro del agua, que aunque era era bastante alto y no le alcanzaban a cubrir, bajo su centro de gravedad la suficiente para que el agua rodeada sus hombros, sintiendo una gran relajación, tras mirar un poco el lugar, su mirada se dirigió hacia donde estaba la excepción a muchas cosas encarnada, en una mujer joven de rasgos muy hermosos, que a veces a el mismo le costaban ignorar, su mirada a través de la densa niebla de vapor intentaba de forma sutil observar a la mujer, pues no sentía el deseo animal que podían sentir otros hombres por las mujeres, era otro tipo de gusto, algo mas exquisito, algo mas útil, no tenia maneras de describirlo, pero era como beber algo, algo que solo podía beber muy de vez en cuando, que nadie mas poseía, y que en su paladar era delicioso, pero por más que pudiera haber cientos o miles de cosas más que probar, no le representaban ningún tipo de interés, mas bien, solo desprecio, pero con ella no. Sus ojos se mantenían con cierta curiosidad de verla, lo cual a el mismo le causaba cierta extrañeza, provocando ligeros murmullos para si mismo, mientras el calor comenzaba a destensar los músculos de su espalda.
| Deja de refunfuñar y entra de una vez, Hien. | Pronunció Dharma. Su voz, profunda e invariable, resonó como una orden marcial que pudiera venir de alguien tan letal como el, pero a la vez mostraba la naturalidad de su convivencia con esa mujer, la única con la que podía sentirse en paz y sin preocupación alguna. Ni por tener que cuidar de ella ni por tener que cuidarse de ella. | El agua esta bastante agradable, creo que si me quitare el polvo que mencionaste jahjah | Sonreía suavemente mientras hacia su rostro ligeramente hacia atrás sintiendo el agua cálida en su nuca. | El viaje ya terminó... al menos por ahora... no hay ninguna bestia aquí intentando poner a prueba tu paciencia. |
El espadachín se permitiría disfrutar de la única y agradable excepción que justificaba el desvío de su atención.
El establecimiento que albergaba las aguas termales se encontraba empotrado en la base de una colina rocosa, un rincón apartado que el exmonje había localizado semanas atrás gracias a su rigurosa costumbre de analizar y explorar cada territorio, entre ver que alguna cosa extraña y también saber por donde moverse de ser necesario. El aroma a madera de cedro húmeda y el vapor espeso que se escapaba por los ventanales superiores daban la bienvenida a un espacio libre de las ruidosas e inútiles existencias que atestaban el resto de la isla. Dharma avanzó de forma lineal hacia la recepción, donde un par de expresiones sutiles y gravosas y el peso de su reputación local bastaron para asegurar el sector más reservado, libre de cualquier interrupción mundana. | Hmm... | Los encargados de ese lugar era una familia muy tradicional, que entendían que Dharma era un buen mal para la isla, pues gracias a eso se habían terminado algunas vandalizaciones de tipejos que intentaban figurar o cobrar a los residentes algún tipo de cuota. Como favor y por aburrimiento el oriundo de Wano había acabado con varios de esos tipos.
Con una mirada sutil se dirigía hacia el rostro y ojos de su compañera, esperando que le siguiera, al menos que ella aun estuviera anclada a su brazo, ambos seguirían continuando. Al adentrarse en la zona de los baños, el calor denso del agua mineralizada los envolvió por completo, el vapor era inmersivo disipando la ligera brisa del South Blue. El pelinegro se tomó su tiempo de forma tranquila, como casi un ritual. Separándose un poco de su compañera de viaje, desajustó los costados de su torso con movimientos secos y medidos, quitándose así las sujeciones de cuero que sostenían sus espadas gemelas, así ahora sujetadas solo por sus hombros, tomo ambas con las manos y las recargo en una pared lo bastante alejada de la entrada, siempre al alcance de el y no de otros.
Pasaron unos segundos y una mujer mayor con sutileza dejaba algunas toallas, mostrando reverencia y luego cerrando las puertas de esa sección de las aguas termales, las cuales por la parte de donde estaban las aguas tenían divisiones de roca bastante altas, separando así con bastante privacidad cada uno de esos espacios. El lugar era agradable, tenia acabados de madera bastante agradables a la vista, como acostumbraban a ser estos lugares, pero el paisaje que mostraba de fondo era una gran vista del cielo y la isla. El clima de ese día era sumamente agradable, la hora exacta no la tenia en cuenta pero no pasaba del medio día.
Hasta ese momento el poseedor de los orbes esmeralda, no había expresado palabra alguna, dejando igual que el ambiente fuera tranquilo, esperando que fuera la misma Hien, si ella decidía, expresar algo más. Mientras terminaba de ajustar sus pertenencias en un costado de ese lugar, sus pies se despojaron de su calzado, tocando el suelo tibio empedrado y bastante suave. Después se despojó de su camiseta negra, así permitiendo que su figura prominente y atlética se liberada de los ropajes bajo el vaho blanquecino que ascendía de las pozas de piedra natural. Lo mismo hizo con su ropa inferior quitándola de su cuerpo y acomodándola con tranquilidad, su corpulencia y sus apitutes físicas y estéticas eran mas notorias sin la ropa, cosa que para el era normal, entonces acomodando en ese mismo sitio su vestimenta, donde recargadas sus espadas. Dándole la espalda por unos segundos largos a Hien, el pirata se sumergió primero primero en las aguas termales, apoyando sus brazos a los costados del borde rocoso.
Sus ojos verde oscuro, mostraban una mirada más tranquila, el agua era bastante agradable, un suspiro suave salía de él, tras eso se giraba un poco y lentamente dentro del agua, que aunque era era bastante alto y no le alcanzaban a cubrir, bajo su centro de gravedad la suficiente para que el agua rodeada sus hombros, sintiendo una gran relajación, tras mirar un poco el lugar, su mirada se dirigió hacia donde estaba la excepción a muchas cosas encarnada, en una mujer joven de rasgos muy hermosos, que a veces a el mismo le costaban ignorar, su mirada a través de la densa niebla de vapor intentaba de forma sutil observar a la mujer, pues no sentía el deseo animal que podían sentir otros hombres por las mujeres, era otro tipo de gusto, algo mas exquisito, algo mas útil, no tenia maneras de describirlo, pero era como beber algo, algo que solo podía beber muy de vez en cuando, que nadie mas poseía, y que en su paladar era delicioso, pero por más que pudiera haber cientos o miles de cosas más que probar, no le representaban ningún tipo de interés, mas bien, solo desprecio, pero con ella no. Sus ojos se mantenían con cierta curiosidad de verla, lo cual a el mismo le causaba cierta extrañeza, provocando ligeros murmullos para si mismo, mientras el calor comenzaba a destensar los músculos de su espalda.
| Deja de refunfuñar y entra de una vez, Hien. | Pronunció Dharma. Su voz, profunda e invariable, resonó como una orden marcial que pudiera venir de alguien tan letal como el, pero a la vez mostraba la naturalidad de su convivencia con esa mujer, la única con la que podía sentirse en paz y sin preocupación alguna. Ni por tener que cuidar de ella ni por tener que cuidarse de ella. | El agua esta bastante agradable, creo que si me quitare el polvo que mencionaste jahjah | Sonreía suavemente mientras hacia su rostro ligeramente hacia atrás sintiendo el agua cálida en su nuca. | El viaje ya terminó... al menos por ahora... no hay ninguna bestia aquí intentando poner a prueba tu paciencia. |
El espadachín se permitiría disfrutar de la única y agradable excepción que justificaba el desvío de su atención.
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