20-09-2026, 07:21 PM
El camino hacia el siguiente dojo transcurrió con mucha más calma después de lo ocurrido en Kinkyoukan, Akaza avanzaba todavía con el cuerpo resentido por los combates anteriores, aunque Hanma se llevó el esfuerzo más grande de haber arrebatido contra los treinta alumnos sobrantes, al menos el chico podía confiar en que la regla de los dojos se tiene que cumplir sin objeciones. En su descenso no tardaron demasiado en encontrar el siguiente dojo.
A diferencia del modesto y deteriorado Byakko Kan, aquel lugar se encontraba en condiciones considerablemente mejores, la estructura, aunque sencilla, estaba bien conservada con sus paredes limpias, el patio despejado y un pequeño letrero colocado sobre la entrada, desde el exterior podían escucharse los golpes secos de los entrenamientos y las voces de varios alumnos.
Al asomarse, Akaza pudo distinguir a jóvenes y adultos practicando distintas técnicas bajo la supervivisón de algunos instructores, no parecía tratarse de una escuela especialmente grande pero sí de una que había logrado mantenerse viva, fue entonces cuando un anciano salió del anterior.
Su apariencia hizo que Akaza se detuviera por un instante, frente a él caminaba un hombre mayor de aspecto sencillo y rostro marcado por los años, otro Gyojin similar a las facciones de un pez león, aunque su postura todavía conservaba aquella firmeza propia de alguien que había dedicado gran parte de su vida a las artes marciales, pero lo que realmente llamó la atención de Akaza fue la expresión del anciano al reconocerlo.
— ¿Akaza? — La sorpresa pronto se transformó en una sonrisa amplia y sincera, el hombre se acercó sin dudarlo y para sorpresa del muchacho, lo recibió con una familiaridad que le hizo sentir desconcertado, puesto que algunas memorias del pasado retornaban a su cabeza de cuando fue un chiquillo aprendiz en el dojo Byakko Kan. — ¡Cuánto has crecido, muchacho! — exclamó ferviente animado — Ven, ven, déjame verte más de cerca.
Akaza apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que aquel anciano le diera una palmada afectuosa en el hombro y darse cuenta en la expresión del chico de ojos azules que estaba confundido razón que hizo que aquel anciano brindara una carcajada cómica — Soy el maestro Makoto, quizás no me recuerdes demasiado pero conocí a tu maestro hace muchos años atrás, fuimos compañeros en el mismo dojo de nuestro antiguo maestro. — Aquellas palabras hicieron que Akaza prestara todavía más atención y asombro puesto que no sabía eso en absoluto, el Gyojin león pronto observó las heridas que este llevaba encima y su sonrisa se volvió más seria.
— Ya sé lo que está ocurriendo con el Byakko Kan — dijo finalmente — Me enteré de la situación de Haruto hace tiempo, créeme, muchacho, he querido ayudarle. – Makoto dejó escapar un suspiro de impotencia — pero tu maestro siempre ha sido demasiado orgulloso, le ofrecí ayuda, le dije que podía enviar alumnos, provisiones e incluso recursos para reparar el dojo… pero se negó, dijo que el Byakko kan debía levantarse con sus propias manos.
Akaza bajó ligeramente la mirada, aquello encajaba con la personalidad de su maestro, después de unos instantes Akaza comenzó a explicarle a Makoto todo lo ocurrido hasta ese momento, le contó sobre el recorrido que estaban realizando, los enfrentamiento que habían tenido y cómo habían llegado hasta allí buscando el letrero que necesitaban para recuperar el honor de aquel dojo en ruina, como también Akaza presentó a Hanma como la persona que custodia el orden, aunque en ese momento aquel muchacho se dio cuenta que no sabía para nada el nombre de su salvador. — Los caminos por muy fangosos que sean, siguen siendo un camino, ¿no? — dijo aquel Gyojin con una sonrisa tranquila mientras extendía su mano ante el gran Oni en señal de cordialidad — Soy el maestro Makoto, este es mi Dojo, si algún día visita de nuevo esta montaña siéntase en confianza de venir, le recibiremos con mucho gusto.
Tras esa presentación, Akaza informó cuál es el siguiente dojo que debían visitar incluso señalando el camino que tenían por delante — Ahora vamos al dojo del maestro Kotatsu, El Taiyokan.
El gyojin león escuchó atentamente con seriedad y luego asintió mientras se acariciaba la barba que tenía como si pensara en algo — Kotatsu… ya veo. — Sin esperar demasiada respuesta, el anciano se giró hacia el interior del dojo — Esperen aquí un momento.
Poco después regresó cargando un par de guanteletes y unas punteras de entrenamiento algo grande, eran piezas sencillas pero claramente resistentes y adecuadas para alguien que combatía con la fuerza de Hanma, Makoto se las extendió.
— Puedes tomarlas, no es gran cosa pero quizás puedan servirte para el camino. — Ahora estaba en la decisión del gran Oni escarlata si deseaba aceptar la ofrenda de Makoto que por alguna razón tras escuchar el nombre del siguiente dojo le pareció conveniente entregarles soporte de utensilios.
— Les deseo éxitos en su próximo enfrentamiento — dijo a ambos para después mirar de nuevo al chico de pelo azabache — Cuida bien de Haruto, y no permitas que su orgullo termine siendo su perdición.
Con aquellas palabras, aquel señor había sido una momento de motivación y buenos deseos, los despidió en la entrada del dojo, observándoles tomar el camino que guiaba a su siguiente destino.
A diferencia del modesto y deteriorado Byakko Kan, aquel lugar se encontraba en condiciones considerablemente mejores, la estructura, aunque sencilla, estaba bien conservada con sus paredes limpias, el patio despejado y un pequeño letrero colocado sobre la entrada, desde el exterior podían escucharse los golpes secos de los entrenamientos y las voces de varios alumnos.
Al asomarse, Akaza pudo distinguir a jóvenes y adultos practicando distintas técnicas bajo la supervivisón de algunos instructores, no parecía tratarse de una escuela especialmente grande pero sí de una que había logrado mantenerse viva, fue entonces cuando un anciano salió del anterior.
Su apariencia hizo que Akaza se detuviera por un instante, frente a él caminaba un hombre mayor de aspecto sencillo y rostro marcado por los años, otro Gyojin similar a las facciones de un pez león, aunque su postura todavía conservaba aquella firmeza propia de alguien que había dedicado gran parte de su vida a las artes marciales, pero lo que realmente llamó la atención de Akaza fue la expresión del anciano al reconocerlo.
— ¿Akaza? — La sorpresa pronto se transformó en una sonrisa amplia y sincera, el hombre se acercó sin dudarlo y para sorpresa del muchacho, lo recibió con una familiaridad que le hizo sentir desconcertado, puesto que algunas memorias del pasado retornaban a su cabeza de cuando fue un chiquillo aprendiz en el dojo Byakko Kan. — ¡Cuánto has crecido, muchacho! — exclamó ferviente animado — Ven, ven, déjame verte más de cerca.
Akaza apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que aquel anciano le diera una palmada afectuosa en el hombro y darse cuenta en la expresión del chico de ojos azules que estaba confundido razón que hizo que aquel anciano brindara una carcajada cómica — Soy el maestro Makoto, quizás no me recuerdes demasiado pero conocí a tu maestro hace muchos años atrás, fuimos compañeros en el mismo dojo de nuestro antiguo maestro. — Aquellas palabras hicieron que Akaza prestara todavía más atención y asombro puesto que no sabía eso en absoluto, el Gyojin león pronto observó las heridas que este llevaba encima y su sonrisa se volvió más seria.
— Ya sé lo que está ocurriendo con el Byakko Kan — dijo finalmente — Me enteré de la situación de Haruto hace tiempo, créeme, muchacho, he querido ayudarle. – Makoto dejó escapar un suspiro de impotencia — pero tu maestro siempre ha sido demasiado orgulloso, le ofrecí ayuda, le dije que podía enviar alumnos, provisiones e incluso recursos para reparar el dojo… pero se negó, dijo que el Byakko kan debía levantarse con sus propias manos.
Akaza bajó ligeramente la mirada, aquello encajaba con la personalidad de su maestro, después de unos instantes Akaza comenzó a explicarle a Makoto todo lo ocurrido hasta ese momento, le contó sobre el recorrido que estaban realizando, los enfrentamiento que habían tenido y cómo habían llegado hasta allí buscando el letrero que necesitaban para recuperar el honor de aquel dojo en ruina, como también Akaza presentó a Hanma como la persona que custodia el orden, aunque en ese momento aquel muchacho se dio cuenta que no sabía para nada el nombre de su salvador. — Los caminos por muy fangosos que sean, siguen siendo un camino, ¿no? — dijo aquel Gyojin con una sonrisa tranquila mientras extendía su mano ante el gran Oni en señal de cordialidad — Soy el maestro Makoto, este es mi Dojo, si algún día visita de nuevo esta montaña siéntase en confianza de venir, le recibiremos con mucho gusto.
Tras esa presentación, Akaza informó cuál es el siguiente dojo que debían visitar incluso señalando el camino que tenían por delante — Ahora vamos al dojo del maestro Kotatsu, El Taiyokan.
El gyojin león escuchó atentamente con seriedad y luego asintió mientras se acariciaba la barba que tenía como si pensara en algo — Kotatsu… ya veo. — Sin esperar demasiada respuesta, el anciano se giró hacia el interior del dojo — Esperen aquí un momento.
Poco después regresó cargando un par de guanteletes y unas punteras de entrenamiento algo grande, eran piezas sencillas pero claramente resistentes y adecuadas para alguien que combatía con la fuerza de Hanma, Makoto se las extendió.
— Puedes tomarlas, no es gran cosa pero quizás puedan servirte para el camino. — Ahora estaba en la decisión del gran Oni escarlata si deseaba aceptar la ofrenda de Makoto que por alguna razón tras escuchar el nombre del siguiente dojo le pareció conveniente entregarles soporte de utensilios.
— Les deseo éxitos en su próximo enfrentamiento — dijo a ambos para después mirar de nuevo al chico de pelo azabache — Cuida bien de Haruto, y no permitas que su orgullo termine siendo su perdición.
Con aquellas palabras, aquel señor había sido una momento de motivación y buenos deseos, los despidió en la entrada del dojo, observándoles tomar el camino que guiaba a su siguiente destino.
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