20-09-2026, 09:12 AM
(Última modificación: 20-09-2026, 09:24 AM por Vixen Ventress.)
El taburete frente a mí se ocupó con un movimiento lento y medido. Jin se sentó cruzando una pierna sobre la otra con esa fría compostura que definía su aura, y yo sentí cómo el aire cambió —se volvió más denso, más cargado de electricidad estática— simplemente por su proximidad. El barman deslizó el whisky con tres hielos hacia él y mi tequila soda hacia mí, pero mis ojos no se apartaron del yakuza. Estaba demasiado cerca ahora, lo suficientemente cerca para que notara cómo sus dedos largos y pálidos rozaban el borde del vaso de cristal con una lentitud descarada.
—Qué nombre más encantador, Vixen —dijo, y fue entonces cuando sucedió. Esa sonrisa, Dios, esa sonrisa.
Se dibujó en sus labios como puro pecado del que no te arrepientes de cometer —pícara, maliciosa— mientras llevaba los dedos índice y pulgar a su boca, rozándolos contra su labio inferior. Sus ojos oscuros me observaban de medio lado, entrecerrados con apetito voraz. Era la mirada de un hombre que había decidido que quería jugar, y estaba evaluando cuánto disfrutaría de ello. El ángulo de su rostro resaltaba la cicatriz y la línea fuerte de su mandíbula, pero lo que dominaba era esa expresión: como si ya me estuviera desnudando sin ni siquiera tocarme.
—El encanto está en quién lo dice —respondí, inclinando la cabeza con una sonrisa pícara—. Aunque debo admitir que esperaba algo menos... convencional que un cumplido al nombre.

Tomé un sorbo de mi tequila, deliberadamente lento, dejando que el líquido abrasador bajara por mi garganta y dibujara una mirada atrevida en mi rostro.
—¡Camarero! —llamé con una voz que sonó a orden disfrazada de petición. El hombre se acercó, limpiando un vaso con un paño e intentando parecer ocupado para no tener que mirar a Jin a la cara—. Zanahorias asadas con ricotta batida y aceite de harissa, por favor. El barman abrió la boca para decir algo, probablemente una excusa sobre el menú, pero lo interrumpí con un —Hazlo— que hizo que su garganta se moviera al tragar seco antes de alejarse hacia la cocina con pasos apresurados.
Jin apartó suavemente su mano de la mía —no con agresividad, sino con una calidez calmada— para prestar atención a lo que ocurría en el local. Observé cómo investigaba, cómo su voz grave adquiría ese tono severo que hacía temblar a los demás, cómo delineaba con la mirada cada mesa y cada rostro. El miedo era palpable, casi tangible. Cuando la mujer del fondo finalmente habló, confirmando mi versión, sentí satisfacción. Jin no perdió tiempo: una orden seca bastó para que dos guardaespaldas arrastraran al bastardo fuera. Los gritos del hombre se desvanecieron gradualmente hasta convertirse en silencio, y entonces volvimos a estar solos.
Poco después, el tipo reapareció con el plato, lo dejó sobre la barra sin atreverse a mirarme y se retiró de inmediato. Allí estaban: zanahorias caramelizadas, bañadas en aceite rojizo que formaban espirales. Tomé el tenedor, pasé una zanahoria por la ricotta y la llevé a mis labios. El sabor dulce y picante explotó en mi lengua mientras masticé, no pudiendo evitar murmurar: «¡Pinga, qué delicia!», sintiendo cómo los ojos de Jin se posaron en mi boca con cada movimiento de mi mandíbula.
—Me disculpará por el disgusto —dijo, y vi cómo sus ojos se desviaban hacia mi cabello.
Se acercó lentamente, elevó su mano y tomó uno de mis largos mechones, acercándolo a su rostro como si lo estuviera oliendo o besando. Sentí el aliento detenerse en mi garganta cuando sus dedos rozaron mi sien, cuando el dorso de su mano rozó casi imperceptiblemente mi mejilla. La pregunta flotaba entre nosotros como humo de tabaco, y yo sabía que cualquier respuesta que diera marcaría el rumbo de la noche.
—¿Infractora o cumplidora? —repetí, dejando que mi voz se convirtiera en un susurro ronco. Ladeé la cabeza, haciendo que una de mis orejas de conejo se moviera con deliberada lentitud. Mi cola se agitó una vez, fuerte, antes de quedar quieta. No bajé la mirada, yo no era presa fácil... aunque algo en la forma en que Jin me observaba hizo que mi estómago se contrajera de calor.
—Me temo que no encajo bien en categorías tan... rígidas —suspiré, llevando el vaso de tequila soda a mis labios—. Además —continué—, el orden es aburrido, prefiero el caos que provocan ciertos desvíos.
Mi sonrisa se ensanchó, mostrando un destello de dientes. Estaba provocando al lobo en su propia madriguera, y la adrenalina me recorría como electricidad bajo la piel. Mi lengua rozó mi labio inferior, húmedo, y mantuve su mirada con desafío, aunque sentía que el calor se acumulaba entre mis piernas. Mi tacón subió, audaz, deslizándose por su entrepiernas bajo la barra, un contacto firme, intencionado, que duró apenas dos segundos pero que debió de sentirse como una marca. Luego me retiré, tomando mi vaso y bebiendo de nuevo, como si nada hubiera pasado, como si no acabara de jugar con fuego en la boca del lobo.

—Te advierto que soy muy exigente con mis recompensas —concluí, chocando mi vaso contra el suyo de whisky con un tintineo cristalino—. El castigo tiene que ser realmente creativo para que valga la pena portarme mal... ¿Por dónde empezamos?

![[Imagen: HC5Abkg.png]](https://imgur.com/HC5Abkg.png)
