20-09-2026, 12:11 AM
La fuerza de las olas había curtido aquella isla, azotada por un sol imponente que contrastaba con el aire gélido que emitía el viejo burro. Aquella mañana, acompañado de su nuevo nakama, había optado por ir a conocer un poco del lugar.
Silencio iba en el hombro, como siempre, haciéndose el dormido para que nadie le encargara nada.
Las chicas, por su parte, habían optado por quedarse haciendo cosas de chicas… Zhang tragó un poco de saliva, sintiendo en su propio cuerpo el dolor de la humink, pues sabía de sobra que Bai podía llegar a ser dura en los entrenamientos.
Al final, si Mahou se sobreesforzaba, su capitana tenía también los conocimientos necesarios para tratarla. O eso quería creer.
Por ello estaban por allí, buscando provisiones, personas o bebida. Pero nada de eso parecía haber en Báltigo. Solo piedra, viento y un polvo fino que se le metía por el hocico y no se iba con nada.
Aquel lugar tenía pinta de campo de batalla. Y a falta de árboles y de vida, Zhang juraría que en los días que llevaban ya había escuchado un par de peleas a lo lejos; golpes secos, órdenes cortas, y después un silencio que tampoco tranquilizaba a nadie.
Su cuerpo se estremeció por un instante. Porque pese a que detestaba la guerra con todo su ser, al viejo burro le seguía siendo imposible no sentir mariposas al pensar en una batalla… Pero por supuesto, la evitaría de ser posible.
A su lado, los pasos de Heras sonaban como los de tres hombres juntos. Aquel muchacho no sabía andar despacio, y tal vez por eso a Zhang le caía bien.
—Hace poco conocí a una persona interesante en este lugar —dijo, con una pequeña sonrisa, mientras flotaba un palmo por encima del suelo e intentaba enfriar un poco el aire de alrededor.
Pero antes de poder contarle nada más a su compañero, se percató de algo que sucedía en la distancia, por lo que por su naturaleza curiosa, de inmediato enfoco su atención a ese lugar.
Algunos metros más allá, un grupo de personas movía las manos. Para Zhang no eran más que sombras borrosas moviéndose contra la roca. ¿De quién podría tratarse?
—¿Ves algo, Heras? Vamos a echar un ojo, que yo desde acá veo sombras nada más.
Y se lamentó entonces de no haber aprendido en el cielo aquel arte de observar. Pero primero era el turno de Mahou; después le tocaría a él entrenar con su capitana. Por ahora tocaba hacer lo que siempre había hecho.
Finalmente se fueron acercando a las rocas, y allí, tras aquellos movimientos de brazos, se ocultaba un grupo de personas magulladas. Nada de aquello parecía estar bien, y de inmediato quiso hacer algo al respecto.
Pero les dio su espacio. Se detuvo a unos pasos, dejó el bastón apoyado en la piedra para que le vieran las manos vacías, y tras una pequeña reverencia se presentó ante los extraños.
—Hmmm… Me presento. Soy Zhang Guolao, y él es mi compañero Heras. ¿Qué les ha sucedido? Si nos lo permiten, podemos ayudarlos con sus heridas. Soy médico.
Lo dijo sin más, pues aunque quería ayudarlos y todo su ser lo empujaba a hacerlo, no lo haría sin su aprobación.
Silencio iba en el hombro, como siempre, haciéndose el dormido para que nadie le encargara nada.
Las chicas, por su parte, habían optado por quedarse haciendo cosas de chicas… Zhang tragó un poco de saliva, sintiendo en su propio cuerpo el dolor de la humink, pues sabía de sobra que Bai podía llegar a ser dura en los entrenamientos.
Al final, si Mahou se sobreesforzaba, su capitana tenía también los conocimientos necesarios para tratarla. O eso quería creer.
Por ello estaban por allí, buscando provisiones, personas o bebida. Pero nada de eso parecía haber en Báltigo. Solo piedra, viento y un polvo fino que se le metía por el hocico y no se iba con nada.
Aquel lugar tenía pinta de campo de batalla. Y a falta de árboles y de vida, Zhang juraría que en los días que llevaban ya había escuchado un par de peleas a lo lejos; golpes secos, órdenes cortas, y después un silencio que tampoco tranquilizaba a nadie.
Su cuerpo se estremeció por un instante. Porque pese a que detestaba la guerra con todo su ser, al viejo burro le seguía siendo imposible no sentir mariposas al pensar en una batalla… Pero por supuesto, la evitaría de ser posible.
A su lado, los pasos de Heras sonaban como los de tres hombres juntos. Aquel muchacho no sabía andar despacio, y tal vez por eso a Zhang le caía bien.
—Hace poco conocí a una persona interesante en este lugar —dijo, con una pequeña sonrisa, mientras flotaba un palmo por encima del suelo e intentaba enfriar un poco el aire de alrededor.
Pero antes de poder contarle nada más a su compañero, se percató de algo que sucedía en la distancia, por lo que por su naturaleza curiosa, de inmediato enfoco su atención a ese lugar.
Algunos metros más allá, un grupo de personas movía las manos. Para Zhang no eran más que sombras borrosas moviéndose contra la roca. ¿De quién podría tratarse?
—¿Ves algo, Heras? Vamos a echar un ojo, que yo desde acá veo sombras nada más.
Y se lamentó entonces de no haber aprendido en el cielo aquel arte de observar. Pero primero era el turno de Mahou; después le tocaría a él entrenar con su capitana. Por ahora tocaba hacer lo que siempre había hecho.
Finalmente se fueron acercando a las rocas, y allí, tras aquellos movimientos de brazos, se ocultaba un grupo de personas magulladas. Nada de aquello parecía estar bien, y de inmediato quiso hacer algo al respecto.
Pero les dio su espacio. Se detuvo a unos pasos, dejó el bastón apoyado en la piedra para que le vieran las manos vacías, y tras una pequeña reverencia se presentó ante los extraños.
—Hmmm… Me presento. Soy Zhang Guolao, y él es mi compañero Heras. ¿Qué les ha sucedido? Si nos lo permiten, podemos ayudarlos con sus heridas. Soy médico.
Lo dijo sin más, pues aunque quería ayudarlos y todo su ser lo empujaba a hacerlo, no lo haría sin su aprobación.
Resumen
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
