El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#3
En el barco.


Descender de Skypiea fue tan emocionante como el propio ascenso, y quizás hasta un poco más. Las certezas de que la embarcación aguantaría no estaban aseguradas, y no es que desconfiara del Ford's Transit o tuviera alguna duda respecto al navegante, Stroud Nanashi, sino más bien... lo amenazante que aparentaba ser un impacto a semejante altura contra la superficie marina, era justamente esa sensación la que incrementaba su adrenalina al momento de volver a atravesar los cielos, esta vez quizás para no volver, entendiendo que la ciudad de Shandora resultaba muy recelosa de los extranjeros.

La navegación, por su parte al menos, fue lo esperado, y siguió las indicaciones del rubio al momento en que divisaron tierra en el horizonte. Otra isla, nuevas aventuras e historias de personas que sólo estaban de paso en ese viaje por llegar a lo más alto manteniendo el sentido de la justicia, por ello Hasegawa aseguró el fondeo, tal y como solicitó Stroud, generando una llegada fructífera y limpia, sin daños irreparables o pérdidas relevantes. Sin embargo, las ideas del marine no estaban alineadas con la calma, porque con la enorme desbandada de piratas provenientes de Skypiea, temía encontrarse a algunos de los más peligrosos en ese remoto pedazo de tierra que ellos se habían topado.

Inicialmente no le gustaba el terreno, pero tenía que investigarlo mejor para definir posibles riesgos o enemigos, considerando lo alargada y circular que se veía en las primeras impresiones, no debería ser tan difícil tomarse el tiempo de hacer un detallista trabajo de reconocimiento, siendo su prioridad al momento de observarla desde la cubierta. En ese instante, una voz conocida lo trajo de vuelta desde sus pensamientos y planificaciones a futuro.

'¡Shiiinnn!'

Justo había detectado asentamientos a la distancia, aunque giró la cabeza hacia el Comandante Juan Sebastian, ya en tierra. Le pidió "una pinza" para ir a buscar cosas bajo la idea de reparar el barco y Shin no tardó en utilizar su fruta del diablo para bajar del Ford's Transit en menos de lo que dura un pestañeo, colocándose al lado del gyojin y respondiéndole —¡Sin problema! —aceptó de inmediato, poniéndose en marcha mientras dejaba a su compañero liderar la caminata, ese tipo de cuestiones sucedían cuando el marine estaba pensando en muchas cosas al mismo tiempo.

Decidió expandir su kenbunshoku haki en un radio de cincuenta metros, manteniéndolo en uso constante a modo de precaución.

Así inició la caminata en conjunto a Juan, un miembro de la marina cercano con quien nunca compartió una charla extensa, quizás por eso aprovechó para indagar en lo que antaño era la División Setentaicinco. —Normal. Antes éramos cinco, pero dos de nuestros efectivos decidieron quedarse en una isla llamada Matsuri. Estaban enamorados y ese tipo de cosas, ¿siendo honesto? Es mejor que se hayan retirado. —una pausa poco sutil —Quienes no están mentalizados para este trabajo, no sirven. En un mundo movido por las personas fuertes, la debilidad es un ticket asegurado al purgatorio. Propio y de quienes te importan. —aseguró, dejando ver un poco de su filosofía en ese pequeño detalle que no especificó.

Genuinamente creía que Dimitri y Choi iban a arriesgarse de manera prioritaria el uno por el otro, ese tipo de dinámicas eran tóxicas para la supervivencia de un un grupo, y a Hasegawa lo irritaban. Motivo por el cual pensaba que ellos eran débiles, y que esa condición podía afectar al resto, ¿lo curioso? Shin hablaba con un tono casi divertido, totalmente relajado y con dejes de seguridad que lo hacían estar completamente convencido de lo que decía —¿Y ustedes? —cuestionó al final, sonriente.

Con esa charla, el camino hacia los asentamientos resultó increíblemente ligero.

Llegando al asentamiento.


Juan comenzó a contarle una anécdota, pero no llegó a terminarla porque cuando parecía encontrar su conclusión una discusión por los precios del pescado inundó el pequeño mercado al cual ingresaban. El albino no se fijó en la hora a la que estaban recogiendo sus cosas, ni siquiera con las luces descendentes del sol insinuándolo por una razón sencilla, y es que asumía que cada isla contenía sus propias costumbres y formas de vida, así fue como se centró únicamente en la enorme señora de cuatro metros que, al acercarse al dúo, extendió su mano, algo que Hasegawa sencillamente ignoró.

Saludó con un asentimiento y permitió que Sebastian tomara la iniciativa, hasta que ya no pudo gestionarlo, instante donde el propio albino, vestido con el uniforme que lució en los combates de Skypiea, compuesto por una mezcla entre el veraniego y el invernal, con un pañuelo azul más largo del habitual, tomó la palabra. —Señora, estoy a favor del libre mercado. La mejor manera de combatir precios abusivos es dejar de consumirlos. —la señaló con el dedo en respuesta, expresándose con bastante claridad y aparente sensatez sobre lo que decía. Lo extraño vino después, porque debates sobre el oficio marítimo abrieron una puerta extraña, vinculada a monstruos marinos que el Comandante identificó como posibles Gyojins o Wotans, criaturas que ya había enfrentado antes, y que supieron ponerlo en aprietos al poder imponerse a la intangibilidad.

Aunque sabiendo de los hakis, era una habilidad de la que ya no se fiaba.

Lo preocupante radicaba en la información sobre niños desaparecidos, y como si de una obra divina se tratase, poco después un grito pidiendo ayuda alarmó a todos los presentes, la señora de cuatro metros incluida, quien hasta ese momento parecía indiferente del tópico que se hablaba, pero no pudo mantenerse así por más tiempo considerando que el niño lastimado era su nieto. Shin, en completo silencio, se acercó al joven sentado y se puso de cuclillas, a su altura, encargándose de inmediato mientras sacaba uno de sus botiquines del interior de sus ropajes.

Poco antes de que pudiera encargarse o tranquilizarlo, el propio chico volvió a la idea de monstruos, denunciando que a su hermano se lo habían llevado. Hasegawa dejó de lado su humor típico, e incluso el ego, aunque no dejó de sonreír, intentando mantener el ánimo en alto para que no viese caos y desesperación a su alrededor. Así, con suma destreza y cuidado limpió la sangre de sus heridas —No te preocupes, esos monstruos no volverán a hacerte daño. —no prometió traerle vivo a su hermano, fue preciso con las palabras, porque no sabría como explicarle a un menor de edad los motivos detrás de no haber podido cumplir una promesa.

Lo otro sí podía asegurarlo.

Con la sangre limpia, y también, el barro de sus rodillas, el marine hizo gala de sus habilidades médicas y comenzó a tratarle las heridas hasta concluir unos primeros auxilios efectivos, tanto en sus piernas como en la herida del rostro, utilizando de lleno ese botiquín y poniéndose de pie tras ello. —Es sólo un detalle. —contestó a Juan, y le dio la espalda a la señora, a la joven que trajo al herido y al propio niño. Ya había observado la dirección en la cual apuntó, por lo que tras ayudar a quien estaba lastimado sólo les quedaba arrancar el núcleo del problema.

[Imagen: 03455188-fad4-4c17-bfa6-19cedfcbf3e1.png]

—Quédense aquí, la Marina se encargará del resto.

En ese momento, un fulgor dorado que los presentes jamás habían presenciado envolvió a Shin.

Su poder, la luz que prometía llevar a todos los cielos del mundo bajo el estandarte de la libertad.

Una forma de transmitirles esperanza.

Y tan pronto como apareció, se esfumó. No tardó en adelantar a Juan Sebastian únicamente para transmitirle sus pensamientos, pero también tomó esa misma dirección, el Noroeste de la isla. —¡Oe, Juan! Tenemos que ser precavidos. Si son gyojins también deben saber esa cosa rara de lanzar agua. —confirmó, mirando entonces hacia el frente a medida que se acercaban al punto del conflicto —Además, nada nos asegura que su hermano siga vivo. —dijo entre dientes, esa posibilidad no le gustaba.

Lo llamativo, si su compañero había prestado atención, es que la sonrisa que supo mantener durante todo ese rato había desaparecido, Shin no sólo comenzó a concentrarse, aún con su kenbunshoku haki activo, sino que estaba genuinamente enojado, y eso dominaba por completo todas sus expresiones. Iba a asegurarse, junto al Comandante Juan Sebastian, de que los culpables paguen por lo que hicieron.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hasegawa Shin - 19-09-2026, 09:53 PM

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