19-09-2026, 06:56 PM
(Última modificación: 19-09-2026, 07:24 PM por Kibai.
Razón: Añadir gasto de espíiritu
)
A medida que el ruido habitual de la ciudad iba quedando ahogado por la distancia y la vegetación que poco a poco los rodeaba en el manto habitual de verdor y marrón en el que Kibai se sentía más cómodo, los tres marines se encontraron en pocos minutos circundados de altos árboles por todos lados. Tras unos cuantos pasos más, el capitán Enji debió de considerar que aquel era un buen sitio para continuar el entrenamiento, pues detuvo su avance y tras darles una breve charla acerca de que debían de tratar de sentir todos los seres vivos que se sentían a su alrededor.
Mientras escuchaba las palabras del marine peliblanco, el cual habia decidido para enfatizar su posición de maestro encaramarse a una rama para supervisar las acciones de sus dos provisionales discípulos con más perspectiva. El mink observó como su compañero de entrenamiento gyojin adoptaba su forma de tortuga, la misma que había mantenido durante todo el transcurso de los Juegos del Soberano, y se posicionaba en el suelo, con todas las extremidades, cabeza incluida, introducidas dentro de su caparazón.
Kibai se detuvo un momento, mirando hacia todos lados buscando un buen lugar dónde colocarse. Si el capitán no se hubiese colocado en una rama sobre sus cabezas, de buena gana se hubiese encaramado el mismo a la más confortable que hubiese a rango de sus potentes saltos, pero dada la situación no le parecía que aquello fuese a ser lo más correcto. De modo que optó por la segunda mejor posición que podía ver. Murmurando una quedo "con permiso", el mink dio un pequeño salto de tres metros, describiendo un grácil giro en el aire para acabar cayendo sobre el duro caparazon del comandante Juan.
Cruzando las piernas y colocando las dos manos con las palmas hacia arriba, Kibai cerró los ojos, dejando de nuevo su visión en tinieblas. Aunque seguia escuchando los ruidos de la jungla, y su olfato captaba perfectamente a los animales cercanos a su alrededor (incluyendo un Ñordiki que andaba revoloteando no demasiado lejos, a juzgar por el aroma que le traía el viento. No obstante, aquello no era su objetivo, de modo que se forzó a filtrar y bloquear todas las sensaciones que le llevaban a identificar a sus presas por su olor.
Poco a poco, Kibai se fue sumergiendo más y más en su fuero interno. Su conciencia, ya mas acostumbrada a entrar en contacto con la vibración de su Haki tras el arduo entrenamiento con el maestro Kaelith y la afinación que había procurado cultivar a lo largo de todo el día, se forzó a expandirse, percibiendo los mismos lucilos que cuando lo habían rodeado los niños en la ciudad.
Apretando los dientes, el mink notaba como la tensión le erizaba el pelaje de los hombros y la espalda mientras luchaba por mantener su percepción fuera de su cuerpo, pero era como mantener una goma elástica tirante de manera permanente, cuanto más luchaba por extenderlo, más le costaba avanzar.
Cuando estaba a punto de rendirse y de soltar la tensión para volver a iniciar de cero, Kibai notó algo distinto en su interior. No estaba seguro de lo que era, pero parecía alimentarse del esfuerzo que el mink estaba realizando. Curioso por lo que podía ser, aquel nudo de tensión alimentó las fuerzas del mink, que se forzó a sí mismo a continuar tratando de mantener aquel campo activo a su alrededor.
Pero pese a todo su empeño, finalmente no fue capaz de mantener el campo de percepción a su alrededor, que centímetro a centímetro comenzó a retroceder. Y con cada centímetro que retrocedía aquel nucleo de energía que latía en el interior de Kibai aceleraba su latido. Cuando ya no pudo soportarlo más, el mink cedió en el intento y cuando el campo retrocedió de golpe, sintió como aquel punto latiente exigía su liberación. Repitiendo el mantra del comandante Juan, el mink aspiró, y la igual que cuando dejaba al Electro fluir por su sistema, dejó que aquella energía saliese de su cuerpo.
Una ola de energía surgió del cuerpo de Kibai que abrió los ojos notando como el aire vibraba a su alrededor. Casi al mismo tiempo, un súbito agotamiento le asaltó, mucho más pronunciado que cuando había entrenado el Haki de Armadura, al punto de que le forzó a inclinarse hacia delante, apoyando una mano en el caparazón del comandante tortuga, jadeando con fuerza.
— Que demonios ha sido eso?
Mientras escuchaba las palabras del marine peliblanco, el cual habia decidido para enfatizar su posición de maestro encaramarse a una rama para supervisar las acciones de sus dos provisionales discípulos con más perspectiva. El mink observó como su compañero de entrenamiento gyojin adoptaba su forma de tortuga, la misma que había mantenido durante todo el transcurso de los Juegos del Soberano, y se posicionaba en el suelo, con todas las extremidades, cabeza incluida, introducidas dentro de su caparazón.
Kibai se detuvo un momento, mirando hacia todos lados buscando un buen lugar dónde colocarse. Si el capitán no se hubiese colocado en una rama sobre sus cabezas, de buena gana se hubiese encaramado el mismo a la más confortable que hubiese a rango de sus potentes saltos, pero dada la situación no le parecía que aquello fuese a ser lo más correcto. De modo que optó por la segunda mejor posición que podía ver. Murmurando una quedo "con permiso", el mink dio un pequeño salto de tres metros, describiendo un grácil giro en el aire para acabar cayendo sobre el duro caparazon del comandante Juan.
Imagen contextual
Cruzando las piernas y colocando las dos manos con las palmas hacia arriba, Kibai cerró los ojos, dejando de nuevo su visión en tinieblas. Aunque seguia escuchando los ruidos de la jungla, y su olfato captaba perfectamente a los animales cercanos a su alrededor (incluyendo un Ñordiki que andaba revoloteando no demasiado lejos, a juzgar por el aroma que le traía el viento. No obstante, aquello no era su objetivo, de modo que se forzó a filtrar y bloquear todas las sensaciones que le llevaban a identificar a sus presas por su olor.
Poco a poco, Kibai se fue sumergiendo más y más en su fuero interno. Su conciencia, ya mas acostumbrada a entrar en contacto con la vibración de su Haki tras el arduo entrenamiento con el maestro Kaelith y la afinación que había procurado cultivar a lo largo de todo el día, se forzó a expandirse, percibiendo los mismos lucilos que cuando lo habían rodeado los niños en la ciudad.
Apretando los dientes, el mink notaba como la tensión le erizaba el pelaje de los hombros y la espalda mientras luchaba por mantener su percepción fuera de su cuerpo, pero era como mantener una goma elástica tirante de manera permanente, cuanto más luchaba por extenderlo, más le costaba avanzar.
Cuando estaba a punto de rendirse y de soltar la tensión para volver a iniciar de cero, Kibai notó algo distinto en su interior. No estaba seguro de lo que era, pero parecía alimentarse del esfuerzo que el mink estaba realizando. Curioso por lo que podía ser, aquel nudo de tensión alimentó las fuerzas del mink, que se forzó a sí mismo a continuar tratando de mantener aquel campo activo a su alrededor.
Pero pese a todo su empeño, finalmente no fue capaz de mantener el campo de percepción a su alrededor, que centímetro a centímetro comenzó a retroceder. Y con cada centímetro que retrocedía aquel nucleo de energía que latía en el interior de Kibai aceleraba su latido. Cuando ya no pudo soportarlo más, el mink cedió en el intento y cuando el campo retrocedió de golpe, sintió como aquel punto latiente exigía su liberación. Repitiendo el mantra del comandante Juan, el mink aspiró, y la igual que cuando dejaba al Electro fluir por su sistema, dejó que aquella energía saliese de su cuerpo.
—Ohmmmm…—
Una ola de energía surgió del cuerpo de Kibai que abrió los ojos notando como el aire vibraba a su alrededor. Casi al mismo tiempo, un súbito agotamiento le asaltó, mucho más pronunciado que cuando había entrenado el Haki de Armadura, al punto de que le forzó a inclinarse hacia delante, apoyando una mano en el caparazón del comandante tortuga, jadeando con fuerza.
— Que demonios ha sido eso?
La Caja de Pandora
