19-09-2026, 01:56 PM
Tras sentir cómo mis ojos eran brutalmente calcinados por la luz celestial que bañaba esta tierra de oro y nubes, pude sentir la caricia repetida de unas manos felinas en mi espalda, acompañadas de la voz del camarada Kibai. —Gracias, Kibai… —dije mientras volvía a mostrar al mundo mis ojos húmedos y rojizos. —¿Tú también lo sentiste? Creo que estamos progresando. —Realmente era difícil poder afirmar algo, pero tanto daba, solo teníamos que confiar en nuestro sensei.
Poco a poco nos adentramos en el bosque, donde la luz del día se mezclaba entre la maleza, reflejando sombras que bailaban bajo nuestros pies. Era un paisaje que no cesaba de sorprenderme. —Podría quedarme por aquí a echarme una siesta. —Le dije a Kibai mientras iba apartando las lianas que empezaban a aparecer con más recurrencia por el camino, colgadas de árboles titánicos cubiertos de un musgo espeso.
—¿Los animales también? —le pregunté sorprendido a Enji, aunque lo intentase, no podía sentir ninguna presencia más allá de la de mis camaradas. Podía saber que había vida en el bosque por dos motivos principalmente. El primero era que los pájaros graznaban por los alrededores con bastante frecuencia. El segundo era que, como era evidente para cualquiera que estuviese en el lugar, era un bosque, y en el bosque hay bichos, hasta un tonto lo sabría.
—Meditar… Hmmm… Lo hice cuando estuve en Isla del kárate, no puede ser tan complicado.
Parecía una situación mucho más agradable para entrenar que ser rodeados por un enjambre de niños pollo, por lo que parecía un buen plan para continuar. Cuando me dispuse a adoptar una postura para meditar, se me ocurrió una idea genial. Meditar requería paz, tranquilidad, armonía y esas cosas, por lo que, ¿qué mejor forma de hacerlo que dentro de un acogedor caparazón?
Con aquel plan en mente, mi tamaño empezó a comprimirse, las escamas ásperas y gastadas de un reptil se cambiaron por la imponente y llamativa coraza de crustáceo que me enorgullecía. Mi pinza desapareció en favor de unas adorables patitas equipadas con uñas gruesas y, como guinda sobre el pastel, un imponente caparazón emergió de mi espalda en un instante. —¡Tadaaaaa! —exclamé convertido en mi forma completa de tortuga.
—No hay nada mejor para meditar que la seguridad del hogar…
Dicho eso, introduje todas mis extremidades dentro de mi coraza reptiliana, cerré los ojos y traté de enfocar mis sentidos en aquello que llegué a sentir hace unos minutos, mientras los niños revoloteaban a nuestro alrededor. Desde mi interior, se podía escuchar el retumbar de un sonido que hacía eco con las paredes internas de mi caparazón.
Poco a poco nos adentramos en el bosque, donde la luz del día se mezclaba entre la maleza, reflejando sombras que bailaban bajo nuestros pies. Era un paisaje que no cesaba de sorprenderme. —Podría quedarme por aquí a echarme una siesta. —Le dije a Kibai mientras iba apartando las lianas que empezaban a aparecer con más recurrencia por el camino, colgadas de árboles titánicos cubiertos de un musgo espeso.
—¿Los animales también? —le pregunté sorprendido a Enji, aunque lo intentase, no podía sentir ninguna presencia más allá de la de mis camaradas. Podía saber que había vida en el bosque por dos motivos principalmente. El primero era que los pájaros graznaban por los alrededores con bastante frecuencia. El segundo era que, como era evidente para cualquiera que estuviese en el lugar, era un bosque, y en el bosque hay bichos, hasta un tonto lo sabría.
—Meditar… Hmmm… Lo hice cuando estuve en Isla del kárate, no puede ser tan complicado.
Parecía una situación mucho más agradable para entrenar que ser rodeados por un enjambre de niños pollo, por lo que parecía un buen plan para continuar. Cuando me dispuse a adoptar una postura para meditar, se me ocurrió una idea genial. Meditar requería paz, tranquilidad, armonía y esas cosas, por lo que, ¿qué mejor forma de hacerlo que dentro de un acogedor caparazón?
Con aquel plan en mente, mi tamaño empezó a comprimirse, las escamas ásperas y gastadas de un reptil se cambiaron por la imponente y llamativa coraza de crustáceo que me enorgullecía. Mi pinza desapareció en favor de unas adorables patitas equipadas con uñas gruesas y, como guinda sobre el pastel, un imponente caparazón emergió de mi espalda en un instante. —¡Tadaaaaa! —exclamé convertido en mi forma completa de tortuga.
—No hay nada mejor para meditar que la seguridad del hogar…
Dicho eso, introduje todas mis extremidades dentro de mi coraza reptiliana, cerré los ojos y traté de enfocar mis sentidos en aquello que llegué a sentir hace unos minutos, mientras los niños revoloteaban a nuestro alrededor. Desde mi interior, se podía escuchar el retumbar de un sonido que hacía eco con las paredes internas de mi caparazón.
—Ohmmmm…—
Cajita de tortuga

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
