19-09-2026, 01:07 AM
Saltitos y sonrojos.
Por más que Merlot intentara disimularlo el médico, perspicaz y observador, aunque la mayoría del tiempo pareciera lo contrario, fue capaz de notar los saltitos de alegría que su nakama daba gracias a unas pocas palabras. Aquello lo hizo inclinar su cabeza hacia un lado y preguntarse lo que pasaría por la cabeza de su “gemela” perdida. ¿Habría malinterpretado sus palabras? Bueno, no lo descubriría pronto, porque él mismo intentó no detenerse demasiado en aquel gesto solo para no desviarse de su explicación, porque sabía bien que, si lo hacía, quedarían haciendo cualquier cosa menos entrenar.
El problema es que Merlot le ponía difícil el poder concentrarse como era debido.
A los saltitos le siguieron sonrojos que aparecieron cuando la descripción del marine luminoso salió a colación… ¿Por qué? ¿Por qué el sonrojo? ¿Y por qué sentía el pecho apretado al verla así al mencionarle a un agente de la ley? Chasqueó la lengua y se mordió el labio por un momento antes de respirar hondo y seguir con su explicación…aunque creía que había cosas que se estaba perdiendo y eso no le parecía divertido; sin embargo, fue la cantarina voz de su mejor ingreso de emergencias, la que logró sacarlo de ese trance que amenazaba con distraerlo de la razón de que estuviera en las cuevas y no en su cómoda habitación.
—Sí, haki de armamento —. Le confirmó justo después de haber terminado su “exhibición”, orgulloso, no por lo que acababa de demostrar, si no por recordar el nombre de aquella habilidad, aunque estaba casi seguro de que también tenía otro nombre que se negaba a quedarse en su cabeza y el cual ni se tomó la molestia de mencionar, ya que de nuevo la sirena acaparó los reflectores con su emoción y sus gritos de alegría al haber contemplado justamente lo que él intentaba explicarle, el problema era…¿Cómo haría que ella aprendiera a utilizarlo? Tenía una idea, pero…
—¿Ah? —Su negativa le descolocó tanto como para dejar caer sus brazos a sus lados, rompiendo enseguida su posición de combate. —Es solo un entrenamiento, Merlot —. Intentó convencerla, pero algo decía que sería inútil razonar cuando la chica había caído en tanta negación que incluso dio unos cuantos pasos hacia atrás, un acción que hizo que el médico se enderezara y soltara el aire que había estado reteniendo por unos segundos…Tendría una larga noche, una en la que seguro que tendría que recurrir más a la teoría que a la práctica y él…él detestaba la teoría.
—Espera…no… ¿Qué dices? Nunca dije que ellas me atacaran —. Se acercó a Merlot, rodeando el coco que aún estaba en el suelo soltando humo, aunque en menos cantidad que antes. —Entrenaron juntas, así que combatieron entre ellas, ninguna me tocó si es lo que te preocupa —. No que el recordara, claro. —De todos modos… ¿Crees que no habría podido lidiar con ambas en un entrenamiento? No es que fuéramos a matarnos a golpes —. Al terminar de hablar volvió a sentarse, mientras que, por inercia, elevaba su muñeca para llevar su pulso cerca de su nariz, lo suficiente para inhalar el olor mentolado que provenía del intenso perfume que cubría su cuerpo, uno que para él solo era un leve aroma que tenía que esforzarse por sentir.
—¿Sabes? —Hizo una pausa para inhalar más del perfume y darse tiempo de pensar en una mejor estrategia para entrenar a Merlot. —Cuando el lunarian me entrenó en la isla del cielo, una de las cosas que me dijo es que tenía que meditar para aprender a concentrar mi energía… ¿Conoces la meditación? Supongo que sí…Simplemente no lo propuse porque tanto tu como yo tenemos mentes bastante…distraídas —. Por no decir que se disociaban cada dos por tres, en el caso del médico, cuando tocaban temas que no le interesaban. —A mi no me sirvió concentrar mi energía de esa manera; sin embargo, cuando me concentré en un combate con Majid —El chico skypeano que lo ayudó a entrenar y a otras cosas en la isla del cielo. —, si que pude centrar mi energía en un solo punto de mi cuerpo, por eso te proponía un combate, pero…
Volvió a morderse su labio, dejó de inhalar el aroma de su perfume y miró hacia las piedras puntiagudas del techo de la cueva, buscando inspiración en algo y… ¡Bingo! La encontró.
—Je…Merlot —. Bajó su mirada y buscó una parte baja de la cueva, una en donde las formaciones rocosas estuvieran casi al nivel de ellos. —¿Puedes ver esas rocas de allá? —Señaló hacia el sitio en donde rocas filosas bajaban del techo como si fueran dedos largos que no alcanzaban a tocar la tierra, pero que estaban tan bajos que ellos, como humanos con estatura normal, sí que podrían usarlos para entrenar. —Serán tus sacos de boxeo.
El médico se levantó de un salto y tomó a Merlot de la mano para llevarla al sitio. —Olvídate del coco por un rato, volveremos a él cuando hayas aprendido a controlar tu energía —. Soltó a la chica solo cuando estuvieron frente a una de la rocas.
—Vas a golpear estas piedras con tus puños desnudos, pero cierra tus ojos y solo siente tus manos…imagina que están recubiertas con una armadura de acero o, mejor aún, de titanio —. El médico dio un golpe, pero suave, sin arriesgar su piel a ser maltratada por la roca. —Tienes una buena imaginación, seguro que logras algo…así que… ¡Vamos! Hazlo hasta cansarte.
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