19-09-2026, 12:59 AM
66 de verano / Año 16
Son las 10 de la mañana y esta historia nos remonta a la Selva Anozama. A diario, Mika recorre este lugar para ir desde un sector de Samba hasta el otro, en el cual siempre se reúne con sus amigos o comparte con ciudadanos mucho más humildes y de piel que aquellos que hay en donde ella vive con las dos personas que la adoptaron. Por mucho que intente vivir en alta sociedad, o media alta, para no ser tan arribistas, los barrios humildes son en los que se desenvuelve mejor. No porque prefiera a algunos antes que a otros, sino porque recibe una mejor respuesta por parte de ellos.
Dejando eso de lado, hoy, a diferencia del resto de días, sus pasos se detienen en medio del bosque. La indicación dice que debe reunirse aquí con uno de sus compañeros. ¿Pero cómo sabrán en qué lugar en específico encontrarse? Eso es bastante sencillo. Depende de Road dar con ella. Para empezar, debido a su tamaño y el peso que maneja su cuerpo, cada paso que da es sonoro, sobre todo porque ella ni se esfuerza en callar sus pasos. También, su cuerpo desprende un fuerte olor a fresa. A algunos les gusta, a otros les incomoda. Ella es feliz. Además, el chicle del mismo sabor que mastica una y otra vez crea un globo del tamaño de toda su cara y explota, haciendo bastante ruido. Luego, sigue disfrutando del sabor.
— ¡Anda, bobi, aparece! — Su voz se asemeja al de un rugido, provocando que aves que descansaban tranquilas sobre las ramas de árboles alcen el vuelo, alejándose como si huyesen de un peligro inminente. — ¡Ey! ¿Por qué se van? No quería molestarlas? — Infla las mejillas y hace un puchero. No le agrada que los animales escapen al sentir su presencia. Desearía que fuese todo lo contrario.
Entendiendo que su compañero no aparece por ningún lado, usará otro de sus trucos para llamar la atención. Se asemeja a gritar, pero la recepción por parte de los seres vivos es totalmente distinta en comparación a las aves de recién.
Carraspea, aclarando la garganta, mientras se toma la clavícula con los dedos índice y pulgar de la mano derecha. Respira tranquila y cierra los ojos. Procede a abrir los brazos y su voz se hace notar.
¡Sigue adelante sin miedo a fracasar!
Pues nuestro triunfo ya está muy próximo…
¡Nuestro destino es batallar y triunfar!
¡Pero entregando siempre lo máximo!
Lograré mi anhelo…
¡En el destino hay que creer!
Pues nuestro triunfo ya está muy próximo…
¡Nuestro destino es batallar y triunfar!
¡Pero entregando siempre lo máximo!
Lograré mi anhelo…
¡En el destino hay que creer!
Sí, se puso a cantar. En Samba, o eso cree Mika, ella es la única persona que se atreve a cantar a todo pulmón en cualquier lugar. No piensa en el contexto, ni en si hay oyentes o no. Ella hace lo que quiere. Cuando quiere. Como quiere. No hay más. — De seguro ahora ese bobi sí me encuentra.
Pero sigue siendo un misterio el motivo por el que deben reunirse aquí hoy en vez de ir con el resto en sociedad. Revelando la respuesta, ocurre que, según rumores que llegaron al pueblo recientemente, un grupo de cazadores se ha visto merodeando la selva cazando animales violentamente. Algunos aprueban esto y simplemente los dejan. Otros como Mika, que adora a todo animal, declara inadmisible que se desempeñe tal actividad. Si nadie se atreve a detenerlos, ella lo hará. Y bueno, casi obligado es que ha arrastrado a Road a este problema. ¡Pero de seguro él también está motivado!
Para que sea más sencilla de ubicar, encuentra una piedra de buen tamaño y sienta sobre ella. Quedándose quieta, su aroma podría atraer al tipo que espera. — O quizás se quedó demasiado frente al espejo. ¿Es que no entiende que jamás estará a mi altura? — No en tamaño, sino en belleza. Y bueno, en tamaño también, para qué nos vamos a engañar.
