18-09-2026, 02:08 AM
(Última modificación: 18-09-2026, 02:09 AM por Kael Omuyaga.)
Los modales hacen al hombre.
En los detalles más pequeños estaban las pistas más grandes sobre la personalidad de una persona, y para Kael, acostumbrado siempre a enseñar sólo lo que él deseaba que la gente viera, analizó las acciones de Stroud cómo si hubiese algo más implícito en ellas. Aquel era un tipo más joven que él, pero con una apariencia y costumbres que hacían del muchacho una persona, en perspectiva, más adulta que el soldado azabache. ¿Le molestaba? En absoluto. Con los años había comprendido que incluso quiénes eran más jóvenes tenían muchísima más fuerza que él, en las condiciones adecuadas.
Sólo había que conocer a uno de los tres Almirantes, quién había llegado al cargo con tan solo 16 años de edad. Yugu Dimípalo.
—Gracias, comandante.
Atravesó primero el umbral de la puerta, deteniéndose unos pasos por delante tras caminar sobre la cubierta. La lluvia comenzó a empapar su cabello casi de inmediato, resbalando por los mechones azabache y descendiendo por su rostro sin que el marine pareciese concederle importancia. Su atención, sin embargo, no estaba puesta en ese temporal inclemente, una lluvia que seguramente no les molestaría durante más de unas horas.
Se dió la vuelta, volviendo a reposar sus ojos sobre su compañero de división, manteniendo una distancia adecuada. No había interrumpido a Stroud en ningún momento. Mientras el comandante hablaba, Kael había mantenido la mirada fija en él, tratando de encontrar algún patrón en sus palabras, un atisbo de conocimiento en los saberes de aquel hombre que, en tan solo unos días, había demostrado más que todos los miembros que conoció durante meses, y que ya no formaban parte de esta singular división de la marina.
Una denominación propia de Skypiea para algo que, hasta aquel momento, había considerado poco más que una peculiaridad cultural de aquellas islas. Una herramienta, como poco, debería considerar igual de útil que el haki de armamento.
Ahora empezaba a sospechar que había mucho más detrás.
—Entonces no se trata de ver.—respondió finalmente, con aquella voz incapaz de variar en intensidad, aún con el sonido de la tormenta a su alrededor como interrupción a sus palabras—. Se trata de percibir. ¿No es así?—Sus ojos se desviaron durante un instante hacia la cubierta mojada. Después regresaron a Stroud. Aquella había sido una respuesta demasiado obvia como para dejarla pasar. Incluso un infante de la aldea más remota habría llegado a la misma conclusión, una que debía de completar—. Y esa percepción puede extenderse más allá de aquello que los sentidos normales permiten alcanzar.
No había formulado aquello como una pregunta. Era una conclusión.
Kael guardó silencio unos segundos, procesando la explicación. Lo de Ford, el pequeño gato de Akira, había sido especialmente difícil de ignorar. Separado por una cubierta, paredes, distancia y todo aquello que, bajo circunstancias normales, habría hecho imposible saber siquiera que estaba allí si no lo sabía con antelación.
Más curioso era el detalle de saber que conocía el nombre de la mascota incluso antes que el propio soldado. El profesar interés por los animales era otro pequeño detalle que no se le había escapado, pero que tendría que reconocer con más ejemplares a futuro.
—Así que en esencia, permite notar tanto la fuerza de una persona, como reconocer de quién se trata si recuerda como es la presencia de esa persona, según como se note.
Si el Haki no dependía de la vista, entonces debía existir alguna clase de percepción distinta. Si cada individuo podía sentirse de una manera diferente, entonces quizá aquella percepción poseía características que podían aprenderse a distinguir.
Caminó unos pasos sobre la cubierta. Kael estaba intentando desmontar aquella habilidad tan singular y aparentemente compleja, hasta convertirla en principios que él mismo, en su cabeza siempre pensante, pudiese comprender para facilitarle su tarea de aprender a usarla.
—Si usted puede saber que Ford está durmiendo en la bodega sin verlo... entonces debe existir una forma de aprender a distinguir aquello que normalmente se me escapa.—Una habilidad que comenzaba a comprender. Un poder que, en el sonido de su teoría, era demasiado valiosa como para dejarla escapar. Hizo una breve pausa—.Enséñeme.
No hubo entusiasmo en su voz. Tampoco impaciencia.
Lo único que mostraba...
En los detalles más pequeños estaban las pistas más grandes sobre la personalidad de una persona, y para Kael, acostumbrado siempre a enseñar sólo lo que él deseaba que la gente viera, analizó las acciones de Stroud cómo si hubiese algo más implícito en ellas. Aquel era un tipo más joven que él, pero con una apariencia y costumbres que hacían del muchacho una persona, en perspectiva, más adulta que el soldado azabache. ¿Le molestaba? En absoluto. Con los años había comprendido que incluso quiénes eran más jóvenes tenían muchísima más fuerza que él, en las condiciones adecuadas.
Sólo había que conocer a uno de los tres Almirantes, quién había llegado al cargo con tan solo 16 años de edad. Yugu Dimípalo.
—Gracias, comandante.
Atravesó primero el umbral de la puerta, deteniéndose unos pasos por delante tras caminar sobre la cubierta. La lluvia comenzó a empapar su cabello casi de inmediato, resbalando por los mechones azabache y descendiendo por su rostro sin que el marine pareciese concederle importancia. Su atención, sin embargo, no estaba puesta en ese temporal inclemente, una lluvia que seguramente no les molestaría durante más de unas horas.
Estaba escuchando.
Se dió la vuelta, volviendo a reposar sus ojos sobre su compañero de división, manteniendo una distancia adecuada. No había interrumpido a Stroud en ningún momento. Mientras el comandante hablaba, Kael había mantenido la mirada fija en él, tratando de encontrar algún patrón en sus palabras, un atisbo de conocimiento en los saberes de aquel hombre que, en tan solo unos días, había demostrado más que todos los miembros que conoció durante meses, y que ya no formaban parte de esta singular división de la marina.
Mantra
Una denominación propia de Skypiea para algo que, hasta aquel momento, había considerado poco más que una peculiaridad cultural de aquellas islas. Una herramienta, como poco, debería considerar igual de útil que el haki de armamento.
Ahora empezaba a sospechar que había mucho más detrás.
—Entonces no se trata de ver.—respondió finalmente, con aquella voz incapaz de variar en intensidad, aún con el sonido de la tormenta a su alrededor como interrupción a sus palabras—. Se trata de percibir. ¿No es así?—Sus ojos se desviaron durante un instante hacia la cubierta mojada. Después regresaron a Stroud. Aquella había sido una respuesta demasiado obvia como para dejarla pasar. Incluso un infante de la aldea más remota habría llegado a la misma conclusión, una que debía de completar—. Y esa percepción puede extenderse más allá de aquello que los sentidos normales permiten alcanzar.
No había formulado aquello como una pregunta. Era una conclusión.
Kael guardó silencio unos segundos, procesando la explicación. Lo de Ford, el pequeño gato de Akira, había sido especialmente difícil de ignorar. Separado por una cubierta, paredes, distancia y todo aquello que, bajo circunstancias normales, habría hecho imposible saber siquiera que estaba allí si no lo sabía con antelación.
Más curioso era el detalle de saber que conocía el nombre de la mascota incluso antes que el propio soldado. El profesar interés por los animales era otro pequeño detalle que no se le había escapado, pero que tendría que reconocer con más ejemplares a futuro.
—Así que en esencia, permite notar tanto la fuerza de una persona, como reconocer de quién se trata si recuerda como es la presencia de esa persona, según como se note.
Si el Haki no dependía de la vista, entonces debía existir alguna clase de percepción distinta. Si cada individuo podía sentirse de una manera diferente, entonces quizá aquella percepción poseía características que podían aprenderse a distinguir.
Caminó unos pasos sobre la cubierta. Kael estaba intentando desmontar aquella habilidad tan singular y aparentemente compleja, hasta convertirla en principios que él mismo, en su cabeza siempre pensante, pudiese comprender para facilitarle su tarea de aprender a usarla.
—Si usted puede saber que Ford está durmiendo en la bodega sin verlo... entonces debe existir una forma de aprender a distinguir aquello que normalmente se me escapa.—Una habilidad que comenzaba a comprender. Un poder que, en el sonido de su teoría, era demasiado valiosa como para dejarla escapar. Hizo una breve pausa—.Enséñeme.
No hubo entusiasmo en su voz. Tampoco impaciencia.
Lo único que mostraba...
era su determinación.
![[Imagen: jGxJg3p.png]](https://i.imgur.com/jGxJg3p.png)
