El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#2
En el barco


Por fin habíamos llegado a una nueva isla, un páramo… ¿Extenso? Era un paisaje singular, sin lugar a dudas. Se me hacía imposible no compararlo con la sobrecogedora presencia de Skypiea, era pasar de un reino de ensueño cubierto de nubes, con monumentos del oro más puro y habitado por ángeles, a una planicie con cosas largas.

Una vez terminamos los preparativos para atracar el Ford’s, decidí pisar tierra, bajando del imponente velero de un salto sólido, clavando mis pies en la tierra que se hundía ligeramente bajo mi enorme peso. Mi ceño se frunció de forma notable al ver el estado del barco por fuera, las maderas astilladas se podían apreciar a lo largo de todo el casco que podía ver desde mi posición. Desde la distancia se podían ver unos asentamientos de personas, por lo que pensé que sería buena idea echar un vistazo para encontrar algo para reparar el barco.

Fue cuando estuve a punto de partir que pude apreciar a Shin, que andaba altivo por la cubierta. —¡Shiiinnn! —exclamé colocando mi mano izquierda al lado de mi boca para simular un altavoz. —Voy a buscar cosas para reparar el barco, ¿me das una pinza? —No había hablado mucho en privado con mi nuevo compañero hasta ahora, por lo que sería una buena oportunidad para conocerle mejor.

Con ese objetivo en mente, ambos partimos hacia el lugar que vimos mientras nuestro navío atracaba. El bochorno de la tarde empezaba a remitir a favor de un clima más agradable, pudiendo notar cómo una suave brisa chocaba con las gotas de sudor que recorrían mi coraza carmesí. —Bueno, compañero, cuéntame. ¿Cómo era la división setenta y cinco antes de fusionarse con la nuestra? Conociendo a Kael, seguro que erais un grupo peculiar, jajaja —Era algo que siempre me había preguntado, ¿cómo sería la vida en el resto de cuerpos de la Marina? ¿Serían todos tan extravagantes como la antigua división ochenta?
Llegando al asentamiento


El sol empezaba a dejar un tono cobrizo en el horizonte, pudiendo apreciarse en una vasta extensión gracias al raso paisaje en el que nos encontrábamos.—Entonces, agarré una silla del bar y… —Antes de que pudiese terminar mi frase, pudimos observar cómo una señora discutía con uno de los comerciantes. En Baterilla, esta hora era la mejor para los vendedores, por lo que no pude evitar arquear una ceja al ver que ya estaban recogiendo.

El motivo del conflicto parecía estar relacionado con los precios, algo habitual en cualquier lugar, al parecer, la crisis también asolaba el Grand Line… Antes de que pudiera decir algo, la esbelta señora se percató de nuestra presencia y vino a solicitar nuestra ayuda. —¿Qué puedo hacer yo para ayudar con los precios? —pensé mientras la saludaba con una ligera reverencia. —Buenas tardes, señorita. —Era agradable ver que la gente de los alrededores tenía buena relación con la Marina, después de todo, nosotros estábamos allí para servir y cuidar al ciudadano.

Ante las demandas de la señora, solo pude balbucear. —Eee… Bueno… —Me limité a rascarme la nuca mientras miraba de reojo a Shin, implorando que él tuviese algo adecuado que decir sobre el tema. No pude evitar percatarme de cómo el pescador me miraba de forma extraña. ¿Era miedo? ¿Culpa, tal vez? Era imposible saberlo, pero tampoco me molestaba demasiado. Después de todo, estaba acostumbrado a llamar la atención. Era algo habitual en un lugar o en otro, por lo que mi responsabilidad era sembrar un árbol de confianza en el corazón de la gente.

Tras ello, otro pescador saltó a hablar en nombre de su colega. —¿Niños desaparecidos? —pensé, girando mi cuello hacia mi camarada, esta vez con una mirada más seria. El buen hombre se dirigió a mí entonces. Parecía un hombre genuinamente preocupado por sus vecinos, una cualidad que apreciaba enormemente. —Descuide, señor —le dije al tiempo que apoyaba con suavidad mi mano izquierda en su hombro. —Estamos aquí para ayudar, pueden sentirse tranquilos mientras estemos en los alrededores —rematé con una amplia sonrisa en mi rostro.

Quise discutir el asunto con Shin, era nuestro deber llegar al fondo de todo esto, pero los comentarios de los presentes se fueron agrupando, uno sobre otro, cada uno con sus distintas versiones y datos que podían ser de interés. Me habría gustado tener una libreta a mano para ir apuntándolo todo, si Kael o Stroud estuviesen aquí, seguramente tendrían una.

Pero todo el ruido de ese gentío se apagó para mí en el momento en el que una palabra inconfundible de auxilio se perdió en el aire. Mis instintos primarios de marine se activaron, ahora solo tenía ojos para una muchacha que cargaba con un pobre niño herido. Cuando la señora, que hacía lo que podía por el niño, pidió un médico, hice un ademán por dar un paso al frente. No era médico, quizás debería haber estado preparado para una situación así, pero me tocaría improvisar, con una vida en mis manos… Pero, en un parpadeo, con un movimiento que ni siquiera fui capaz de ver, Shin se plantó junto al niño, tratándole con una precisión que nunca había visto en un doctor. —¡No sabía que eras médico, Shin! —le comenté con un suspiro profundo al tiempo que me quitaba las gotas de sudor.

El muchacho apuntó al noreste, su hermano estaba en peligro, no era necesario nada más. En cuanto Shin terminó de aplicarle los cuidados necesarios, me crují la pinza contra mi mano izquierda y comencé a correr hacia la dirección señalada. Era el tipo de momento para el que estaban los marines, era el motivo por el que había entrenado tanto, por el que había decidido llevar mi cuerpo al límite.

¡Salvar a los inocentes!

Cajita de Tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Juan Sebastian - 16-09-2026, 10:17 PM

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